Escenario

"En los 80 había más libertad, no había tanta necesidad de encuadrar"

Alejandro Lerner se presenta hoy en El Círculo para festejar los 35 años de su clásico "Todo a pulmón". "Es un show potente, rockero y emotivo", adelantó.

Viernes 28 de Septiembre de 2018

"Qué difícil se me hace / cargar todo este equipaje / se hace dura la subida al caminar...". Es imposible leer estas líneas sin tararear la melodía. Un par de estrofas sencillas pero certeras le bastaron a "Todo a pulmón" para convertirse en un clásico. En 1983, en sintonía con el regreso de la democracia, la canción significó el despegue de la carrera solista de Alejandro Lerner, que recién iba por su segundo disco, pero que ya había tocado con León Gieco, Nito Mestre, Miguel Cantilo y Gustavo Santaolalla. Ahora, 35 años después, Lerner decidió hacer una gira para festejar el aniversario redondo del tema, porque, según contó a Escenario, "en este país, hacer todo a pulmón, ya es una forma de vivir".

Los festejos no sólo pasan por un tour en Argentina y en el exterior. El autor de "Por un minuto de amor" y "Volver a empezar" además grabó una nueva (y emotiva) versión de "Todo a pulmón" con voces bien distintas: Abel Pintos, Axel, Lali Espósito, Soledad, León Gieco, Sandra Mihanovich y Rolo Sartorio (La Beriso). Y también hizo una versión cuartetera del clásico junto a "La Mona" Jiménez. Hoy Lerner llega a Rosario para presentarse, a las 21.30, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza), con un show potente que recordará los comienzos de su carrera. Antes charló con Escenario sobre qué inspiró su gran clásico y aseguró: "En los 80 no había tanta necesidad de encuadrar".

—¿Qué te llevó a festejar este aniversario de "Todo a pulmón"?

—Creo que intuitivamente sentí que en este país, de alguna manera, todo se sigue haciendo a pulmón. Parece que la democracia es un privilegio, pero por ahora sufrimos mucha inestabilidad, y en general eso de "todo a pulmón" acá ya es una forma de vivir. No es que lo celebro después de 35 años, sino que lo mantengo (risas).

—¿Cómo está armado el show? ¿Se recuerda todo el disco?

—Sí, pero aggiornado y con una banda grande, muy poderosa. El disco tenía un sonido de rock sinfónico muy propio de esa época, de principios de los 80. Recuerdo que al tema "La isla de la buena memoria" lo compuse cuatro días después que empezó la guerra (de Malvinas). Entonces el recital es un viaje a sentimientos que todavía están vivos. Por supuesto que también incorporo temas de otras décadas, de otros discos y de mi último álbum. El show está basado en el hecho de tocar con una banda que suena muy fuerte, muy rockera, con dos guitarras y coros, y yo me hago cargo de cuatro teclados, como en los 80. Es un recital muy potente y emotivo.

—¿Recordás qué inspiró "Todo a pulmón" y en qué momento de tu vida estabas?

—La compuse en el 82, el último año de la dictadura militar. Mi carrera ya había empezado y tenía algunos indicios de éxito. Mi música estaba empezando a pegar fuerte en los festivales de rock y con eso venían situaciones muy novedosas para mí: los managers, las compañías discográficas, los contratos y el manejo del dinero, todo eso mezclado con vivir en una dictadura donde ya por tener el pelo largo te llevaban preso, con la falta de libertad, el miedo y los compañeros desaparecidos. "Todo a pulmón" la compuse una tarde otoñal en un departamento que me habían prestado, con el mismo piano con el que la acabo de grabar (en su nueva versión). Ese piano yo lo tengo en mi estudio, El Pie, y se mantiene ahí como un documento. La canción era una necesidad expresiva, más que una aventura creativa: la necesidad de plasmar esta contradicción de ver cumplir mis sueños en una etapa del país en la cual nadie se podía expresar con libertad. En ese momento yo también había decidido tener mi propia banda y jugármela con mi música, y ese era un viaje distinto, porque te la estás jugando "sin saber a dónde vas", como dice la canción. Eso era lo que yo sentía en esa época.

—Vos tenés muchos hits en tu carrera, pero "Todo a pulmón" se convirtió en un clásico. ¿Por qué pensás que trascendió la categoría de hit?

—Es muy difícil de explicar porque es un evento creativo, no está planificado. Uno empieza a escribir en una hoja en blanco y no tenés ni idea del destino que va a tener eso. Creo que se trata de una poesía completamente honesta, que no tiene visos de profesionalismo. Con los años uno va generando una capacidad de crear canciones, un oficio, pero hay canciones que siguen saliendo desde lo documental, como algo que no podés evitar. "Todo a pulmón" habló en un idioma claro y honesto que conectó con millones de personas en Hispanoamérica. La canción también se convirtió en un éxito en España, Mercedes Sosa la llevó por todo el mundo y llegó a figurar en España como una de las canciones más influyentes de esa década.

—¿Sos de revisar tu pasado? ¿Qué extrañás de los 80?

—Sí. Uno puede extrañar cosas sin querer que vuelvan. En realidad lo que yo hago es valorar, no extrañar. Extrañar tiene que ver con una falta. Valorar es poder decir "qué bueno que a pesar de todo lo que vivimos hay cosas que agradezco". En los 80 había una camaradería entre los músicos que era espectacular, una sensación de movimiento. Por eso se hablaba del rock como el Movimiento de Rock Argentino. Hoy el rock es una estética, pero no se puede decir que es un movimiento. En esa época no había otra, porque del otro lado el enemigo también era claro. Los movimientos sociales y culturales son muy distintos a las modas, porque los movimientos tienen que ver con una reacción a lo establecido. Recuerdo que con algunos colegas hicimos una tapa para el "Sí" de "Clarín". Ahí estábamos León (Gieco), Spinetta, Charly, Cerati, (Federico) Moura y yo. Era lindísimo ver cómo podíamos convivir. Vos podías tocar una balada y también hacer rock. Había más libertad, no había tanta necesidad de encuadrar. Las etiquetas responden a una visión mercantil. Yo siempre me incliné por ser ecléctico en todo lo que hago, y creo que esa es una propuesta en sí misma.

pasado y presente. Lerner con la tapa de su exitoso disco de 1983.

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