Escenario

"En los 80 era todo frenesí­, ni siquiera disfrutaba de los shows"

El cantante Miguel Mateos se presenta hoy en el Círculo para festejar los 30 años de "Solos en América".

Sábado 28 de Octubre de 2017

"Hay discos que se dan una sola vez", dice Miguel Mateos, y después cita eso de "estar en el lugar indicado y en el momento justo". Es una buena síntesis para definir a "Solos en América", el álbum doble que Mateos editó en 1986 y que se convirtió en el puntal de su éxito en Latinoamérica. Después del fenómeno de "Rockas vivas" (el segundo disco más vendido de la historia del rock nacional), el autor de "Tira para arriba" se fue con su banda a EEUU para grabar un material con sonido internacional. Y el resultado fue "Solos en América", que cortó un puñado de hits inoxidables como "Cuando seas grande", "Es tan fácil romper un corazón", "Llámame si me necesitas" y Mi sombra en la pared". Con estas canciones Mateos conquistó México y se expandió por el continente, abriendo una puerta para los demás músicos argentinos.

   A 30 años del estreno de este disco en el estadio de Obras, el cantante reeditó el álbum remasterizado y comenzó una gira para celebrar el aniversario en vivo. Ese tour lo traerá hoy a Rosario, donde se presentará, a las 21.30, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza). En charla con Escenario, Miguel Mateos explicó por qué "Solos..." le parece un trabajo trascendente y confesó: "En los 80 era todo frenesí, ni siquiera disfrutaba de los shows"

   —¿Cómo se concretó la reedición de "Solos en América"?

   —La reedición es parte de la recuperación del catálogo de (el sello) Music Hall. Esa recuperación se hizo a través del Instituto Nacional de la Música (Inamu). Es una gestión que no solamente recuperó mi catálogo, sino también el catálogo de Music Hall completo, donde había muchos artistas y discos muy importantes de la cultura argentina, desde Sui Generis hasta León Gieco, pasando por Troilo y Goyeneche. De "Solos en América" se encontró el master original en un DAT, en un maloliente rincón de un archivo. Lo mandamos a restaurar a The Bakery, un estudio de Los Angeles, y quedó perfecto. También salió en vinilo.

   —Originalmente el álbum fue un disco doble. En su época se lo veía como un disco ambicioso. ¿Cómo recordás la génesis y la grabación de ese material?

   —Yo venía de un megasuceso como fue "Rockas vivas". Entonces me pregunté: "¿Y ahora qué, cómo sigo?". El asunto era seguir haciendo lo mismo o cambiar. Y yo elegí cambiar. "Solos en América" fue un disco de ruptura. Yo no quise conformarme con lo que había hecho. También busqué a los intérpretes. La banda cambió en ese entonces: Cachorro López tocó el bajo y entró el Negro García López. Para cambiar había que irse a probar suerte afuera. Conseguimos un co-productor que había hecho un disco muy interesante con Mister Mister, Kim Bullard, que hoy es el director musical de Elton John. En aquel momento no sabíamos lo que estábamos haciendo, pero hicimos una obra que tuvo una simbología muy fuerte a nivel nacional y también a nivel internacional. Por eso yo lo considero tan fundamental. Cuando salió, la crítica no entendía el disco. "¿Qué hizo Mateos?", decían. Gracias a Dios el disco después se transformó en un clásico.

   —"Solos en América" fue tu llave de entrada a Latinoamérica. ¿Por qué creés que el disco pegó tanto en países como México, por ejemplo?

   —México tenía una escena under muy fuerte, que no podía salir a la masividad. Me refiero a grupos como Los Jaguares, Maldita Vecindad, Neón y el principio de Café Tacuba. El éxito del disco se tomó como una suerte de bandera que se llamó "Rock en tu idioma", una movida que se generó en México y que sirvió para abrir una puerta a los grupos mexicanos. Por eso de alguna manera se me considera el jefe de toda esa movida. Es algo que yo no busqué, pero se dio así por ir a tocar allá y por compartir escenario con estos grupos. En México, a partir de "Solos en América", se empezó a romper una hegemonía en las radios, que sólo pasaban rock en inglés. Nosotros en la Argentina tuvimos la suerte de tener un movimiento de rock previo a los años 80, pero en México no pasaba eso. Las radios no difundían a los grupos mexicanos. Es muy loco que tuviera que llegar un artista extranjero para romper ese bloqueo. Después a mí me siguieron otros artistas argentinos que triunfaron en México.

   —A veces "Solos en América" parece un compilado, porque los temas son casi todos hits. Eso es impensable ahora, cuando los músicos están rogando que un disco corte un solo hit. ¿Era más fácil tener hits en los 80?

   —Los 80 eran una época distinta, se vendían discos, y estamos hablando de una etapa previa al CD. Tener un hit no es una cuestión de inspiración. Sin duda que se trata de buenas canciones, porque superaron el paso del tiempo. Yo tengo esa fortuna: haber hecho varias canciones en los 80 y los 90 que perduran. "Solos en América" fue único porque tuvo cinco cortes muy fuertes. La semana pasada empecé la gira en San Juan y Mendoza, y me di cuenta que la gente también coreaba los otros temas del disco, que hace 30 años que no toco, como "Dejen las armas", "Amame ahora, no mañana" o "Libre vivir". Esos discos se dan una sola vez. Es como "The Joshua Tree", que ahora casualmente los U2 están volviendo a tocar. Recordemos que con ese disco ellos la rompieron en Estados Unidos. Y "Solos en América" fue un éxito en toda Latinoamérica. Es un parangón, salvando las distancias, obviamente, pero vale como explicación de lo que significa estar en el momento oportuno y con el contenido indicado.

   —¿Hay algo del disco que te gustaría cambiar ahora, que lo escuchás y decís "eso lo haría distinto"?

   —No. Ese master que encontramos en el rincón de un archivo, después de restaurado, tiene un sonido que te parte la cabeza. Cuando mi hijo lo escuchó me dijo que la intro de "Amame ahora, no mañana" se parece a Imagine Dragons (risas). Sí, porque los Imagine Dragons buscan sonidos de los 80. No, al disco no le cambiaría ni un ápice.

   —¿Qué sentís hoy en vivo cuando cantás esas canciones?

   —Siento que tienen vigencia. "Dejen las armas", por ejemplo, hoy está más que vigente, sobre todo cuando veo a Trump y al chinito ese (Kim Jong-un), que se amenazan con tirarse misiles todo el tiempo. Y el premio Nobel de la Paz se lo dieron a una agencia que se ocupa de la desnuclearización del mundo. Todo eso, desgraciadamente, sigue siendo tan familiar como en los 80.

   —¿Qué aprendiste en estos 30 años que pasaron? ¿Te sentís muy distinto a aquel Mateos del 87?

   —Sin dudas que sí. Ahora estoy más maduro, por supuesto. En aquel momento era todo vértigo y ni siquiera disfrutaba de los shows. Hoy aprendí a tener mis tiempos y manejo la dinámica de los recitales. Me siento más seguro al tocar, al cantar, tengo el aplomo que te dan los años. Y al mismo tiempo conservo la curiosidad y la vitalidad: sigo estudiando, sigo explorando, sigo haciendo discos.

   —¿Qué artistas eran tus referentes en los 80 y qué artistas son tus referentes ahora?

   —Deben ser los mismos. Mi mentor es Spinetta. Ese es el bronce para mí. Siempre he tenido un gran respeto por mis colegas y mis contemporáneos, pero mi idea del arte pasa por Spinetta, aunque hacíamos cosas muy diferentes. Yo he hablado con Luis y se lo he manifestado. Ojalá algún día yo pueda escribir una metáfora que pueda mínimamente sorprender. También escucho a artistas nuevos. Mi hijo me acerca discos. Ahora estoy escuchando mucha música orquestal, porque estoy escribiendo algo para orquesta. Lo sinfónico siempre me gustó: Emerson, Lake & Palmer, King Crimson. Me he formado en los 70, así que ellos son referentes también.

   —Tenés 63 años y...

   —No me lo recuerdes. ¡Me arruinaste la tarde! (risas).

   —¿Te cuidás? ¿Estás atento a tu apariencia?

   —Sí, me cuido. Me cuido en las comidas y juego al básquet. Siempre lo he jugado, desde chico. Es mi deporte. Además tengo una rutina de caminata y de trote. Hago ejercicios aeróbicos que me permitan cantar y moverme en el escenario por más de dos horas. Ahora me cuido cada vez más en las comidas y en lo que tomo. ¿Vos pensás que Mick Jagger no lo hace? ¿O Sting? (risas). Es la única forma de estar arriba de un escenario. Me gustaría estar un poco más delgado, pero la gira me va a llevar hasta el año que viene. Ya voy a tener tiempo de ponerme a punto.

   —Tu hijo es guitarrista. ¿Lo alentás para que se dedique a la música o le decís "no, ni lo pienses"?

   —El es un buen guitarrista. Es blusero. Y también se recibió en Administración y Comercio Exterior. Es un chico mucho más inteligente que yo (risas). Yo lo alenté para estudiar. Yo estudiaba Ciencias Económicas y abandoné por la mitad. No me arrepiento, pero me parecía que él debía estudiar. Ser hijo de un personaje conocido no es fácil, pero él es muy lúcido y muy inteligente.

   —¿Tenés planes para un nuevo CD de estudio?

   —Voy a seguir con la segunda pata de la trilogía que tengo planeada. La primera fue "Electropop" (2016), la segunda va a ser un disco folk y acústico, y la tercera va a ser un disco más rockero. Para el siguiente disco estoy componiendo para orquesta. Quiero abrir mi cabeza para otro lado, porque estoy formado para eso, yo salí del Conservatorio Municipal. Pero también me lo tienen que bancar. Tendría que grabar con una orquesta, un coro, un decorado (risas). Tengo que conseguir una millonaria o un millonario.

La relación con Soda y el objetivo de tocar en EEUU

Además de "Solos en América", en 1986 se editaron otros discos emblemáticos del rock argentino de esa década, como "Signos", de Soda Stereo; "Llegando los monos", de Sumo, y "Oktubre", de los Redonditos de Ricota. Miguel Mateos era una parte importante de esa escena, aunque no tenía amistad con todos los músicos. "Con Soda tenía una relación porque ellos me seguían un poco el paso con la movida de ir a tocar al exterior. Tanto Cerati como yo sabíamos que era algo que yo no podía hacer solo", señaló. "Recuerdo el final de la gira de «Solos en América», en noviembre del 87, en el Palace de Hollywood. Esa era mi idea final: tocar rock en castellano en los Estados Unidos. A ese concierto vinieron los Soda. Yo les dije: «Ahora acá tienen que tocar ustedes». Y al mes los Soda tocaron ahí. Fue algo que se hizo a pulmón, en base a mucho esfuerzo", aseguró. El cantante era cercano a Soda y a los hermanos Moura de Virus, "pero con Sumo no tenía ningún vínculo", reconoció. "Sumo nunca me gustó", dijo entre risas. "Igual lo rescato a Pettinato. Siempre me pareció el más simpático", agregó.

Mateos negó ser una figura solitaria en el rock argentino, pero al mismo tiempo se diferenció de sus colegas: "Yo siempre tuve más bajo perfil que todos ellos. He preservado mi vida personal y familiar. Nunca me puse en el foco de atención", explicó. "Yo en realidad soy tímido. En el escenario me desato, pero soy tímido, como que me guardo un poco. Me he preservado. Mucha de la gente de la que hablamos ya no está más. Yo celebro que estoy bien", dijo casi en voz baja. Cuando se le preguntó por los excesos de los 80, prefirió guardar un discreto silencio. "Eramos muy jóvenes", se limitó a decir entre risas.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario