Escenario

El triunfo de la comedia generacional en la TV

La tira de telefe se convirtió en el programa más visto. ¿Por qué logró acaparar tanta atención en un medio con números en baja?

Domingo 29 de Julio de 2018

Quince minutos antes de las diez de la noche se repite un ritual: en miles de hogares argentinos se prende el televisor para ver "100 días para enamorarse", la ficción del prime time de Telefe que se convirtió en un éxito de rating y repercusión mediática. En plena era de la dispersión, cuando los dedos van del control remoto al celular y del celular a la tablet, la pantalla de la tele queda clavada ahí, y familias enteras se sienten identificadas con alguno de los personajes. Al otro día, las reacciones y decisiones de Laura (Carla Peterson), Antonia (Nancy Dupláa), Gastón (Juan Minujín) o Juani (Maite Lanata) se comentan en Instagram, en Twitter o en las charlas de oficina, como si los personajes fueran gente amiga o cercana. Este fenómeno de empatía se tradujo en números: desde que se estrenó en mayo, "100 días..." es el programa más visto de la TV abierta argentina, sólo superado por los partidos del Mundial. Mantiene un promedio de 15 puntos de rating y tuvo picos de 19. Es más, la tira logró romper con la hegemonía de las telenovelas turcas, algo que hasta hace muy poco parecía imposible.

¿Por qué la comedia de Underground (la productora de Sebastián Ortega) consiguió acaparar tanta atención desde la TV abierta, que viene con números en baja ante la competencia del streaming y el reinado de las series? ¿Por qué la productora se repuso del fracaso de "Fanny la fan", la tira que estrenaron el año pasado y fue levantada al mes? "El hombre en crisis vuelve a sus raíces", escribió alguna vez Faulkner. Y en Underground hicieron exactamente eso. Volvieron a una fórmula probada e imbatible: la comedia generacional. Sí, la misma que los consagró con "Graduados" (2012) y que también les rindió en "Viudas e hijos del rock and roll" (2014). Y la misma generación, el cuarentown (diría Calamaro), una generación que Sebastián Ortega conoce muy bien (él nació en el 73). Es la generación con nostalgia por una juventud que se fue, agobiada por las obligaciones y con una agenda a tope entre el trabajo y la familia. Una generación que aguanta achaques mientras (encima) trata de parecer más joven, que tiene materias pendientes y no encuentra ni un minuto para rendirlas y que mira para atrás tratando de cambiar algo... No sabe bien qué, pero todavía tiene el impulso vital de cambiar.

Para no fallar al tiro, Ortega recurrió a sus guionistas estrella, los mismos de "Graduados", "Viudas..." y "Educando a Nina". Ernesto Korovsky, Silvina Frejdkes y Alejandro Quesada le tienen tomado el pulso a la perfección a este tipo de comedias dramáticas. Se alejan lo más posible de los clishés de la telenovela tradicional, donde los personajes son sólo títeres sujetos a cumplir las fantasías del público, y también del costumbrismo a la Pol-ka de fines de los 90, donde los personajes buscan una suerte de redención en un contexto muy acotado. Para este trío de guionistas la clave es la naturalidad de los personajes, un registro que permite estereotipos pero a la vez los muestra en sus miserias, inseguridades y contradicciones.

Repensar los vínculos. La idea central del argumento no contenía a priori ninguna sorpresa: un matrimonio de abogados (Peterson y Minujín), de clase acomodada y con dos hijos, firma un contrato para separarse durante cien días. Ella siente que la relación está desgastada y quiere probar un distanciamiento para resolver qué hacer con su matrimonio. Su amiga de toda la vida (Dupláa) pasa por una situación similar: está cansada de su pareja, un rockero medio del todo vago (Pablo Rago), y decide separarse, al mismo tiempo que reaparece un ex novio de su juventud (Luciano Castro). Ay, qué timing.

Los personajes de Peterson y Dupláa son muy distintos entre sí (la primera es un modelo de responsabilidad y la segunda es mucho menos estructurada), pero en definitiva las dos lidian con lo mismo: romper con los mandatos de la familia tipo, de la mujer multitasking que inevitablemente se harta y de una rutina que barre con el deseo en todos sus tipos, especialmente el sexual. Acá no se plantea una salida fácil a la rutina ("Hagamos un viaje en pareja, sin los chicos", le dice Minujín a Peterson como para zafar). Acá se busca un cambio un poco más duradero y profundo, que sacuda (sin caerse, claro) ese modelo social que termina en pura monotonía.

Claro que cuando estos personajes se toman unas vacaciones del compromiso matrimonial y la convivencia no saben para dónde disparar. Están desorientados y cometen errores a cada rato, perdidos en un mundo donde los encuentros son virtuales y nadie es lo que parece. Salen casi vírgenes a un mundo que no entienden: citas por celular, identidades virtuales falsas y diversidad sexual. Este cortocircuito crea situaciones de comedia que la tira aprovecha al máximo, aunque sin saturar, al mismo tiempo que expone con claridad un tema muy actual: que el matrimonio y la familia tradicional están en crisis, y que hay que repensar los vínculos desde nuevos ángulos.

Enfoque sensible. También es cierto que a "100 días..." a veces se le notan mucho las costuras, en el sentido de que intenta abarcar demasiados temas para atraer a la mayor cantidad de público posible (adultos, adolescentes y hasta niños). Pero también hay que decir que acertó en grande con el tipo de tratamiento que le dio a un tema sensible como la diversidad de género. Tanto en "Graduados" como en "Viudas" había personajes gays (tapados o que salían del closet), pero acá se presenta a Juani (Maite Lanata, toda una revelación), el primer chico trans de una ficción argentina en horario central. Juani se convierte en Juan en un proceso gradual que se muestra con honestidad y sin moralina.

Este cuadro casi ideal se completa con algunos personajes secundarios con mucha personalidad (ver aparte) y la química y el talento para la comedia que tienen Carla Peterson y Juan Minujín. Dupláa se repite bastante, pero cuando tiene que apelar a la intensidad nunca se queda corta. Y el personaje de Luciano Castro, que en principio parecía el más flojo y previsible, ha crecido en su interrelación con Minujín y Juan Gil Navarro, que son dos actores mucho más sólidos.

El cuco de Tinelli. La suma de todos estos factores en equilibrio transformaron a "100 días..." en un éxito inusual para estos tiempos. Aunque ya se sabe lo frágil que es la TV abierta. A mediados de agosto arrancará el "Bailando" de Marcelo Tinelli, ese cuco que se repite hasta el hartazgo pero que sigue rindiendo en los números. Y si bien "ShowMatch" ha sufrido varios golpes en el último año y llega devaluado, será una competencia directa en el prime time. Ojalá que en la batalla del rating "100 días para enamorarse" no pierda su esencia.

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