Escenario

"El Tigre Verón", el foco difuso del sindicalismo

Con Julio Chávez, hace una mirada peyorativa de un líder gremial en una serie que debutó con alto rating en El Trece.

Domingo 14 de Julio de 2019

Hay muchas maneras de interpretar a “El Tigre Verón”, que en su debut fue el tercer programa más visto del día y apunta a convertirse en un unitario de peso en la televisión de aire. El buen rating es un punto a considerar que servirá para darle alguna que otra alegría a El Trece, pero es inevitable hacer foco en dos temas clave: la mirada claramente peyorativa con la que se visibiliza a los líderes gremialistas y la actuación de Julio Chávez que, como ya se citó en este suplemento en la crítica a “El maestro”, vuelve a repetirse en el rol de líder poderoso, con tics que remiten demasiado a “El puntero”. Con todo, “El Tigre Verón” invita a meterse en las oscuridades de la familia ensamblada en un sindicato con una trama que navega cómodamente entre el costumbrismo y el policial.

Chávez, Marco Antonio Caponi, Andrea Pietra, Sofía Gala Castiglione, Manuel Callau y Muriel Santa Ana están a la cabeza del envío que se emite por Canal 3 de Rosario los miércoles a las 22.45, pero ayer también se estrenó por TNT y en el marco de las propuestas multiplataforma ya está disponible la primera temporada completa en Flow y en On Demand de Cablevisión.

Con libros de Germán Maggiori y Marcos Osorio Vidal, bajo la dirección del experimentado Daniel Barone, la trama ahonda sobre la vida de los Verón, una familia adinerada liderada por El Tigre (Chávez), voz de mando del sindicato de la carne, en donde los límites están desfasados. Justina, hija del Tigre (Castiglione), se vincula con piratas del asfalto; un hijo (Caponi) es su mano derecha, pero también adicto a la cocaína y regentea una fábrica textil clandestina; mientras que el otro hijo (Esteban Masturini), que es el más sensible, el que no transa con nadie y está enemistado con su padre, además es gay, o sea un estereotipo políticamente correcto que podrían haber evitado.

El Tigre puede apretar al dueño de una fábrica (Callau, un lujo) para que reincorpore a los empleados despedidos y dos segundos después hablar con él como si fueran grandes amigos. Asimismo se mostrará inflexible ante su hijo gremialista como tibio ante su otro hijo. Pero será en la escena de la muerte de su mamá cuando se verá lo mejor de Chávez, quien conmueve y traspasa la pantalla en el momento en que su madre agoniza en la cama de un hospital y le pide entre lágrimas que la pelee mientras hace sombra con las manos, fiel a su pasión por el box.

En el cierre del primer capítulo, El Tigre y su hija van presos por orden de una fiscal (Santa Ana, floja), tras comprobarse negocios sucios. Impecablemente filmada, “El Tigre Verón”, pese a su mirada conservadora, es una serie que sirve para evaluar similitudes y diferencias con el gremialismo actual, pero sobre todo para comprobar una vez más que, como dijo Litto Nebbia, “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”.

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