Escenario

El teatro y el arte de la resistencia

Jorge Marrake y Arturo Puig contaron cómo es la obra que presentan el viernes 10 y el sábado 11 de mayo en La Comedia.

Domingo 28 de Abril de 2019

"Creo que el arte es una forma de la resistencia". Así lo aseguró el actor Jorge Marrale, quien junto a Arturo Puig protagoniza "El vestidor", un clásico del teatro inglés que transcurre durante la Segunda Guerra Mundial. Marrale y Puig interpretan a un Bonzo y Norman, un célebre actor y su asistente, una relación compleja que pasó los 30 años. Poco antes de una función de "Rey Lear" y con las bombas alemanas cayendo sobre la ciudad, artistas y espectadores están por compartir el que podría ser el último acto de sus vidas. En ese contexto transcurre esta pieza que va por su segunda temporada y que se presentará el viernes 10 y el sábado 11 de mayo, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone). "Creo que el teatro, tanto para el actor como para el público, es sanador", añadió por su parte Puig durante la entrevista que ambos actores tuvieron con Escenario antes de presentarse en Rosario.

—¿Qué les atrajo de esta obra y del personaje?

—Jorge Marrale: Es una pieza que conocía desde hacía mucho tiempo y que había visto en su momento la película que hizo Albert Finney y me había impactado. Me parece un tema muy importante para abordar por el actor. Está hablando del periplo que está haciendo un actor ya grande acompañado por su vestidor desde hace mucho tiempo y en una circunstancia que me pareció que era más que interesante. El autor coloca esta historia en la Segunda Guerra Mundial, en un año de muchos bombardeos sobre Inglaterra. El marco donde transcurre la pieza me pareció muy motivador de pensamiento, por qué uno hace teatro en esas condiciones, si es por la vocación, por un sentido patriótico, si es por estar ligado con el público, si es una forma de combatir la muerte con la ficción, algo que no es real, frente a algo que está sucediendo en el mismo momento porque en la obra se escuchan las bombas, los aviones y las sirenas. La realidad más cruda es la de la destrucción y la muerte y sin embargo ahí aparece el teatro como un fenómeno vital y el público no sabe si vuelve a su casa o si va a morir a la salida del teatro. Me parece que ese es un factor muy determinante como para que la obra tenga un valor alto en sí mismo. Al mismo tiempo ver el desarrollo de lo que pasa en camarines con un actor que se escapa del hospital para hacer la función, y hay actores que no están, otros que murieron. Todos estos problemas, más su enfermedad, es un material tan rico para imaginar un ser humano y un espíritu que a pesar de estar enfermo, achacado, olvidando la letra, quiere hacer igual la obra. La obra tiene la energía vital de estar frente a los otros representando, con el fondo de la destrucción y que sin embargo estemos frente al acontecimiento artístico.

—Arturo Puig: Creo que la obra ha pasado a la categoría de un clásico. Creo que es una obra extraordinaria donde se ve el teatro dentro del teatro porque transcurre dentro de camarín. Además transcurre en Londres bombardeada en la Segunda Guerra Mundial, y en ese momento los teatros estaban llenos de público, supongo que para olvidarse del horror de la guerra o de los bombardeos. Después me atrajo mucho el personaje del vestidor porque es un desafío. Es un personaje muy distante a lo que soy yo, con muchas variantes y posibilidades para que un actor juegue mucho. Después cuando me dijeron que Jorge Marrale interpretaba al actor, por supuesto me atrajo la idea de volver a trabajar juntos. Ya habíamos hecho "Nuestras mujeres", con Guillermo Francella y nos habíamos llevado muy bien. Es una obra que tiene momentos muy sentimentales, dramáticos y de mucho humor con ciertas cosas que les pasan a los personajes. Es una obra sobre el sometimiento del actor hacia el vestidor y del vestidor hacia el actor, esa relación de tantos años de trabajo.

—La obra se desarrolla durante la guerra. ¿Cómo se vincularía este texto con la actualidad? ¿Cuáles serían esas batallas para un espectador actual?

—AP: Me parece que eso tiene una cierta connotación con lo que estamos viviendo. Creo que hoy en día la gente necesita durante una hora y media olvidarse un poco de todos los problemas que nos están aquejando a los argentinos en este momento difícil del país. Los bombazos son el momento económico tan difícil que estamos pasando. Es difícil no relacionarlo, pero es difícil que caiga una bomba y destruya media ciudad como en Londres.

—JM: Yo no hago ese ejercicio, podría pero me gana mucho más el vínculo que tiene el personaje y los personajes de la obra con la circunstancia de la contemporaneidad nuestra. Creo que hay cosas que son incomparables. Estar con una bomba que puede explotar en el teatro es incomparable. No hago una comparación contemporánea. Es tan del momento la obra, el personaje no sabe si va a sobrevivir, está agotado, le falta el aire. Todo esto sucede en un camarín y es como una obra de cámara. Son momentos de una conexión muy especial con los personajes y con la vida, y también rozando lo que podría ser su último día. Emocionalmente es muy fuerte eso para desvincularlo de los seres que lo acompañan. Si bien está atento al contexto, creo que el tiene como motivo central hacer la obra como una demostración de que a pesar de todo no le van a quitar el teatro ni a Shakespeare ni al público y se pone feliz cuando el vestidor le dice "la sala está llena, señor". Es toda una vinculación afectiva y emotiva.

—¿Se podría leer como una declaración política en el sentido de la necesidad de resistir a pesar de todo?

—JM: De todo, de la muerte cercana, hay que resistir. Creo que el arte es una forma de la resistencia. Creo que el artista es un elemento de la sociedad que de alguna manera resiste embates, ataques, la locura, aún la propia, para decir y hacer sentir a los demás. Me parece que es un acto de una amorosidad enorme el del artista, aún con el sacrificio personal. Es una obra de amor, me parece.

—AP: Sí, absolutamente porque la obra trata de esta gente que hacía una obra de Shakespeare todos los días y en medio de ese caos. Realmente es un hecho de resistencia importantísimo.

—¿Por qué seguir haciendo teatro o arte en general a pesar de las crisis?

—JM: Porque no podemos dejar de hacerlo ni la gente puede dejar de vivirlo. El arte es el ADN de la humanidad. Creo que el arte está adentro de cada uno de nosotros y vibramos con una pintura, una mancha, el arte nos rodea. Somos artistas todos de alguna manera, construimos nuestras vidas apoyándonos en el arte. Creo que todos estamos influenciados por el arte. No somos indiferentes a algo que tiene que ver con el aspecto más creativo de la especie. El arte nos pone en el lugar del vuelo, es aquello que nos permite imaginar. Y hay algo que se moviliza o nos transporta. Hay una conexión sutil del arte con el alma, es un gran transformador y un gran activador de la imaginación.

—AP: Creo que el teatro, tanto para el actor como para el público es sanador realmente. Creo que ir al teatro es un hecho único que sucede en ese momento, es el único arte que permite ver al ser humano de cuerpo entero porque el cine, la pintura o la televisión el ser humano se fragmenta. En el teatro se lo ve entero, la gente se identifica con eso. El teatro no es lo mismo que el cine, el espectador está concentrado en lo que hacemos los actores. Y los actores respiran al ritmo del público porque no es el mismo en todas las funciones, hay más o menos silencios, se ríen más o menos.

—En la obra son actores que representan a actores. ¿Qué aspectos muestran de la actividad?

—JM: Nosotros creemos que el narcisismo es un fenómeno de los actores, pero ve que está en todos los seres humanos en mayor o menor medida. Quién no cree en algún momento que el mundo gira alrededor de uno? Es un poco lo que le pasa a Bonzo, el actor, que cree que todo el mundo tiene que estar a su lado para alentarlo, que todos viven porque además es el productor de la obra y el dueño de todo. Tiene como una especie de supuesto poder narcisístico que cree que todo girará alrededor suyo, es el que tiene la omnipotencia de creer que todo gira alrededor suyo. Por supuesto que el público puede creer que esto es más común en los actores o las actrices, pero forma parte de la fantasmagoría que nos rodea, que nos quieren hacer creer que todos somos narcisistas. Creo que hay que tener un poco de narcisismo para subirse a un escenario porque si no sería muy difícil sostener en uno a otro, que es el personaje, conmover o hacer reír. Es necesario tener algo, pero en el caso de Bonzo está exacerbado porque es un hombre grande que vivió de todo y porque esa noche él se juega la vida.

—AP: En la obra, el ego del personaje de Jorge está llevado a un extremo, su despotismo con todo el mundo, como que el mundo gira alrededor de él. Hoy en día no sucede tanto. Creo que podría ser en esa época y sobre todo en esos actores tan shakespereanos que estaban un poco embebidos en ese idioma de Shakespeare. El tiene que representar al rey Lear y él hasta lo ve en escena y este vestidor que está ahí atrás, todo el tiempo, y que se sabe la letra de todas las obras que hace el actor. Y el vestidor, que tiene un pasado oscuro, también fue actor de comedia musical.

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