Escenario

"El síndrome Ansaldi": la familia unida en Caras y Caretas

Héctor "Piripincho" Ansaldi y sus hijos Fausto y Manuel se reúnen en escena para un espectáculo de varieté con sketches y música. Tambien estará en escena Lupe, la nieta de apenas tres meses.

Sábado 15 de Diciembre de 2012

Tres generaciones de Ansaldi subirán a escena hoy al teatro Caras y Caretas: el padre, sus dos hijos y una nieta, la pequeña Lupe de apenas tres meses. Su hermana, de tres, ya tiene una larga experiencia escénica en España, aseguró el padre de la niña. Según contaron los integrantes (adultos, claro) de esta familia de actores, músicos y clowns, hay algo llamado "ansalditis" que los afecta, que es la manifestación de "El síndrome Ansaldi". Ese, también, es el nombre de la propuesta que presentan hoy, a las 22, en la sala de Corrientes 1518. Prometen un varieté de sketches y, por supuesto, humor y fantasía. Esos son dos de los signos de aquel síntoma cuya primera manifestación se dio hace casi 50 años, en una sala del colegio Dante Alighieri. Primero atacó a un adolescente Héctor, el futuro Piripincho, cuando tenía 14 años, y él lo transmitió a sus hijos, Fausto y Manuel, y están todos muy contentos con su feliz afección.

El show de esta obra tuvo su primera versión hace dos años, y tanto les gustó "Los Ansaldi" que ahora profundizan la idea. "Lo que nos une a todos es el estilo ansaldiano y el humor. En este caso son sketches de humor, con un punto en común que parte de nosotros mismos, estos tres personajes que somos nosotros, y que lo llevamos por un lado muy parecido al humor. Los tres nos sentimos en casa en este escenario. Mi viejo porque lo fundó hace cuarenta años. Y mi hermano y yo, porque cuando empezamos a subir al escenario nos sentimos cómodos. Lo que hacemos, a pesar de venir de distintos ámbitos, es parecido", contó Fausto.

Pero ¿qué es el "estilo ansaldiano"? "Por un lado está la impronta de la comicidad, por otro está la cosa de fantasía. Lo vivimos con mi hermano desde abajo, desde las butacas, viendo las obras de Piripincho. De hecho yo tengo un clown que se llama Mierdo con el que vine a actuar al festival Payasadas, y en vez de un corazón de alcaucil como tiene Piripincho tiene una flor roja. Y mi hermano cuando canta suele pintarse una estrella en ese mismo lugar. Este estilo ansaldiano es pertenecer a lo mismo, guardar una esencia, en este caso donde se mezcla el humor y la poesía. Si nos ves improvisar a cualquiera de nosotros, lo que hagamos partirá de una misma esencia", explicó Fausto, 38 años, el mayor de los hermanos y radicado en Madrid donde tiene su compañía, La Llave Inglesa.

Manuel, de 32, músico y actor, coincidió con su hermano y añadió: "Yo agregaría haber absorbido la mística del teatro independiente y la verdadera vocación. En el caso de mi hermano y mío, desde que nacimos estamos en este medio. Como digo en una de mis canciones que le dedico a mi viejo, a Piripincho y al hada Pomponela, «El hada y el niño», nací entre dos mundos, que en realidad fue uno para mí, y cuando fui creciendo aprendí que eran dos. Para mí era una misma cosa porque desde muy chiquito empecé a cantar y a tomarlo como algo natural, como parte de mi vida. A partir de un momento empecé a darme cuenta que una cosa era el escenario y abajo era otra cosa, pero eso me dio la posibilidad de tomar la realidad con fantasía, extraer las cosas positivas y llevarlas al día a día".

Y qué mejor que el Ansaldi original para que explique ese estilo del que hablan sus hijos. "Creo que generé un estilo a partir de mi locura", reflexiona Héctor "Piripincho" Ansaldi, y añade: "Pero ya no sé si encasillarlo en lo cómico, en lo dramático o una especie de mezcla de todo eso, pero más que nada me tira a la comicidad. Siempre en el fondo va la comicidad por más que sea una cosa muy profunda o muy dramática la llevo hacia ese lado. Y también en cuanto a lo escenográfico soy bastante exagerado. Queda clownesco por más que no lo quiera lograr y me complica un poco las cosas. Siempre me dicen «por qué si lo podés hacer simple lo complicás». Me gustan los desafíos, no hacerlo fácil", afirmó.

Señas particulares. La seña particular que dejó Héctor en sus hijos fue definida con palabras como "responsabilidad", "ética" y "orgullo" por su descendencia. "Me marcó sobre todo en la forma de entender la ética teatral, de ver el fenómeno teatral desde abajo y ver todo lo que había detrás, como ver a a mi abuela en la boletería, los ensayos, y la parte del sacrificio. Me marcó sobre todo a la hora de decidir hacerlo o no, por la responsabilidad, el oficio y el trabajo. Y después, por ver el brillo de estar en el escenario, con tus lentejuelas y tus plumas, que es la parte linda. Pero hay muchas maneras de hacerlo. Se busca el éxito o solamente ese brillo. Yo llevé a Madrid esa parte de oficio, de saber colgar un foco o poner un telón. Por eso la compañía se llama La Llave Inglesa, que es una herramienta comodín. Somos un poco obreros del teatro. Es esta manera de concebir el teatro, como un obrero", explicó Fausto, y Manuel agregó: "La verdad, es mucho orgullo. Sé que a mucha gente la marcó, que se acercan con una emoción muy grande por algo que los marcó, chicos que hoy son actores por haber venido a ver a Piripincho y eso les hizo un clic. Es algo muy positivo y nunca fui celoso de eso. Después, en el trabajo, cada uno le pone su sello, pero con el marcado sello del padre".

Y el padre completó la idea: "Creo que para mí la actuación y el teatro es una ética de hacer lo que uno siente. A mí me cuesta mucho hacer algo que no me gusta. Lo tuve que hacer varias veces, pero siempre termino cortando la situación porque no la puedo resistir. Me pasó inclusive en televisión de tener un programa, pero cuando me quieren llevar a algo que no me interesa, enseguida se rompe todo". Sin embargo, aclaró que no fue ningún "maestro" para Manuel y Fausto: "Más que maestro, nunca tomaron clases conmigo, así que lo que ellos absorbieron de mí fue en la práctica, que es lo más fuerte. Se genera como un código común que hace que uno se entienda". Pero realmente se entienden tan bien o también hay discordancias? "Creo que nos entendemos más en lo cotidiano", bromeó Ansaldi.

Héctor reconoce que Piripincho forma parte de los recuerdos de una generación. "Es muy loco eso porque ahora tengo alumnos que venían con mi hijo a ver las funciones. Para mí es muy emocionante porque era lo que quería lograr, dar un mensaje que les sirva para cuando sean grandes. Y por ahí me lo dicen, y eso está muy bueno y me satisface. Y que sigan teniéndolo como referente. Incluso ahora con Facebook se genera una comunicación que me hubiera gustado tenerla cuando eran adolescentes. Esa era un poco mi idea. Más allá de los chicos porque después crecen y después vuelven con sus hijos". Con ese personaje, recordó el actor y clown, quería transmitir algunos valores, además de divertir. "Ir con las cosas genuinas y buscar la fantasía en las cosas genuinas y cotidianas. Así empezó Piripincho. Inclusive lo hice feo, dientudo, como para que no se fijen en el exterior sino en el interior de las personas. Que empiecen a querer a alguien no porque sea lindo, vistoso o simpático, sino porque tiene cierta magia. La magia la puede tener cualquier cosa, en realidad. Depende de uno. Yo también busqué qué tipo de magia se puede encontrar a través del teatro, que es el único medio que trabaja la cosa viva, aquí y ahora", contó.

—Todo muy bien, pero tres artistas conviviendo en escena, ¿son críticos del trabajo del otro?

Héctor: No, ya sé lo que hacen cuando trabajamos juntos. Es cierto humor del que nos vamos nutriendo uno de los otros. Fausto me pone bastante las pilas y fue mucho tiempo como mi partenaire. Y Manuel me ayuda con la parte musical, que yo soy bastante duro en eso.

Manuel: No, él es director de teatro, te va a marcar un montón de cosas, pero es muy abierto a la hora de escuchar y de ver qué se puede hacer, porque cada uno aporta lo suyo y se logra un buen combo.

Fausto: Te diría que las críticas las hace en escena. Nosotros sabemos por dónde va su visión, pero siempre me sentí con libertad de proponer.

—¿Y qué crítica le harías a él?

—Esa se la digo a él personalmente (risas).

El creativo de la escuela

“En el teatro empecé a los 14 años haciendo lo mismo que hago ahora. Fue muy loco. Empecé en el teatro de la Dante Alighieri, me encargaron que dirigiera, actuara, hiciera la escenografía. Así empecé, haciendo todo sin saber nada. Con Piripincho empecé en televisión en Buenos Aires en el año 80. Acá en Rosario, en el 83 con Piripincho solo. Lo otro era un personaje dentro de un programa, “Pepona Popina”, en el Canal 9, con Liliana Gioia y Carlos Serrano”, recordó Héctor.

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