Escenario

"El sarcasmo se perdió porque todos tienen miedo de ofender"

El director Juan José Campanella adelantó cómo es su nueva película, la comedia "El cuento de las comadrejas", que se estrena en Rosario el jueves próximo.

Domingo 12 de Mayo de 2019

Juan José Campanella habla de cine con un entusiasmo que contagia. Uno podría pasarse horas charlando con él sobre películas, actores, directores y décadas pasadas. Por eso no es extraño que su nueva criatura, "El cuento de las comadrejas", sea justamente un homenaje al séptimo arte, aunque es un tributo con mucho de humor negro y sarcasmo. El director de "El secreto de sus ojos" y "El hijo de la novia" regresa el próximo jueves a las salas con una comedia que no pide mucho permiso y tiene un elenco de lujo: Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni y Marcos Mundstock, a los que se suman Nicolás Francella y la española Clara Lago ("Ocho apellidos vascos"). La película es una versión bastante libre de "Los muchachos de antes no usaban arsénico" (1976), un clásico del cine argentino escrito y dirigido por José Martínez Suárez.

La historia se centra en Mara Ordaz (Borges), una ex estrella de cine ya en decadencia que vive en una mansión alejada y abandonada junto a su esposo, un actor mediocre (Brandoni), un guionista frustrado (Mundstock) y un viejo director (Martínez). Ahí pasan sus días entre recuerdos y rencores, tratando de conservar algo de la magia del pasado. Pero este pequeño mundo se desestabiliza cuando llegan a la mansión dos jóvenes de una empresa inmobiliaria, que le ofrecen a Mara un negocio para vender la casa.

Campanella y Graciela Borges (ver aparte) pasaron por Rosario para hablar sobre este filme que empezó a gestarse a fines de los 90 y recién ahora llega a las salas. En charla con Escenario, el director explicó por qué decidió reversionar un clásico, dijo que el humor de la película es liberador y también opinó sobre la competencia de nuevos formatos como Netflix.

—¿Cómo nació este proyecto y por qué elegiste hacer una una reelectura de "Los muchachos de antes no usaban arsénico?

—El proyecto nace en 1997. Yo estaba terminando mi segunda película en Estados Unidos, y estaba en Los Angeles, rodeado del mundo del cine. Y estaba con muchas ganas de hacer un homenaje al cine clásico. Entonces me pareció que esta película ("Los muchachos de antes..."), que yo amaba, era como un vehículo perfecto para agregarle ese homenaje que la original no tiene. Aquí algunos personajes de la original se convierten en gente de cine, y han vivido tan metidos en el mundo del cine que empiezan a hablar de su vida como si fuesen partes de una película. Por otro lado yo amo a las divas y a los divos. Los directores tenemos una relación de amor-odio con ellos (risas), pero apreciamos su talento. Y después quería reflejar otro tema que me interesa, y que está en muchas de mis películas, y es el amor de pareja después de muchos años. Está en "El mismo amor...", en “El hijo de la novia”, en “Luna de Avellaneda” y hasta en “El secreto de sus ojos”. En la adaptación hubo varios desafíos. Porque hay cosas de la original que ya no se pueden tomar en chiste. Y José (Martínez Suárez) mismo ayudó a hacer ese cambio.

—¿Por qué la película se concretó tantos años después?

—En su momento se iba a hacer, pero después no se pudo. El tema de querer hacer una película cuyos protagonistas tienen bastante edad es problemático. En un momento la convertí en obra de teatro, porque se adaptaba perfectamente, pero después volvió a ser proyecto de cine. Por suerte, por lo bien que le fue a mis películas anteriores, finalmente pude hacer la película que quería con esta adaptación. Y recién en el 2017 empezaron a encajar todas las piezas. Otro hecho fundamental fue haber conocido a Graciela, trabajar con ella. Porque esta película sin la “Mara” (el personaje de Borges) correcta se cae a pedazos. Cuando Graciela vino como invitada a “El hombre de tu vida” (2011) yo descubrí a la Graciela comediante, con un timing de comedia que parece de los grandes clásicos. Fue un hallazgo impresionante. Y ahí dije: “Tengo a Mara”. Ese fue el puntapié.

—La película apuesta a la comedia con ironía y sarcasmo. Pero lo curioso es que llega en una época donde la comedia no es el género más destacado...

—Sí. Ahora se hace una comedia más blanca, le falta humor judío y humor italiano a la comedia de hoy. No tiene nada que ver con la etnia de los que la hacen, porque siguen siendo los judíos y los italianos los especialistas en comedias (risas), pero falta esa cosa de reírse de lo duro, de lo incorrecto, de la muerte y de la vejez, que es lo que pasa en esta película. Para mí el humor es un arma para conjurar esos miedos. En el cine de hoy en día eso no se ve porque se guían por lo que le gusta a la mayor parte del público. No quieren ofender a nadie nunca. Hay un humor transgresor que se perdió. Entonces quedó el humor más disparatado, el humor físico que hacen algunos especialistas o el humor más blanco tipo “Friends”, que es un humor casi para chicos. El sarcasmo se fue perdiendo. Están todos aterrorizados de ofender o de tener propaganda negativa... De hecho nosotros también teníamos miedo, pero nos mandamos igual, y esperamos que este humor sea liberador para el público. Lo que se logró en la película, y lo han logrado los actores, es que se entienda que de esto en la vida real no nos reímos. En la película hay muchos juegos con el cine, con la fantasía y la realidad, permanentemente te estoy diciendo “estamos viendo una película”.

—¿Buscabas también rescatar ese cine argentino clásico de directores como Martínez Suárez, Mario Soffici o Daniel Tinayre, que son nombrados en la película? Las nuevas generaciones no tienen registro de ese cine.

—Mirá, sobre las nuevas generaciones... Yo he trabajado mucho en Estados Unidos y me he encontrado con estudiantes de cine que no sabían quién es Fred Astaire. Esto ocurre en todos lados. Una vez estaba filmando en Atlanta y me puse a hablar con un mozo que no sabía quién era Jack Lemmon. Y Jack Lemmon trabajó hasta sus últimos días... Por qué ocurre esto es un tema que da para hablar días enteros. Pero acá en Argentina se complica mucho con un tema tremendo que es lo poco que cuidamos nuestro patrimonio artístico. Yo estoy obsesionado con la restauración de las películas. Acá nadie mira ese cine porque se ve pésimo, las copias están hechas pomada, se escuchan mal, se ven todas rayadas. En la Academia (de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina)estamos haciendo restauraciones con un equipo de sonido que trajimos de Inglaterra que es impresionante. Restauramos “La tregua” y “Mujeres que trabajan”, pero no tenemos guita para hacer muchas más. Hacemos una cada año y medio. Con más fondos se podrían restaurar 20 por año y hasta organizar un festival.

—Esta es tu primera película después de “Metegol”, que se estrenó en 2013. En el medio hiciste televisión y teatro, pero el regreso al cine se demoró bastante, ¿por qué?

—Yo al cine lo veo como la sinfonía. Todo lo demás son cantatas, sonatas, minués (risas). Si salen bien, genial, pero no tenés esa presión que tenés con el cine. Si en televisión no te sale muy bien un capítulo decís: “Bueno, el otro va a estar mejor”. Pero yo siento que el cine tiene que ser una sinfonía. A mí me quedan dos películas más a este ritmo. Y siempre me fijo de abordar un tema que no haya tocado antes, algo original, que sea distinto y que sea relevante, al menos para mí. Ese proceso de búsqueda lleva mucho tiempo.

—El panorama para el cine en la actualidad es bastante complicado. En la Argentina, en este contexto de crisis económica, pagar una entrada al cine no es fácil. Y después está la competencia de Netflix y el streaming en general, que se vino con todo. Como director y productor, ¿cómo evaluás este escenario?

—Con respecto a la recesión, sí, yo le tenía mucho miedo, pero las cifras de recaudación de este año son mejores que las del año pasado. Es cierto que ayudan tanques como los Avengers, pero esto prueba que cuando la gente realmente quiere ir al cine la plata está. Y además sigue siendo el espectáculo más barato. Cuando hay interés la gente va, sólo que se polariza más la taquilla. Por el lado del streaming... A mí el streaming me encanta como cosa superadora de la televisión de aire, aunque me empieza a joder un poco cuando quiere reemplazar al cine. Yo también soy director de televisión, y he trabajado en Estados Unidos, y te puedo asegurar la que tele y el cine se filman distinto. Además hay un error de la audiencia, que espera que los estrenos de cine después estén en Netflix, y eso ya no es así, porque cada plataforma va a tener su propia programación. También se piensa que en la pantalla grande sólo es más grande la acción. Y eso es otro error. Las emociones son mucho más grandes, el llanto, la risa. Todo eso se amplifica en el cine, esa experiencia comunitaria todavía es única y creo que no va a morir. En este asunto yo también le pongo responsabilidad al público que dejó de ir al cine. Esto es como cuando cierra un bar clásico, que van todos a protestar por el cierre pero a tomar un café no iba nadie.

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