Escenario

"El rock abusó de mí", confesó Pity Alvarez antes de tocar en Rosario

No hay un Pity, hay varios. Está el Pity que te canta “ooonlyy youuuuu” y te quiere vender a los Plateros, y te habla con el entusiasmo de un chico sobre los vericuetos personales de los integrantes de Abba. Con ese tipo te quedarías charlando por horas.

Sábado 24 de Noviembre de 2012

No hay un Pity, hay varios. Está el Pity que te canta “ooonlyy youuuuu” y te quiere vender a los Plateros, y te habla con el entusiasmo de un chico sobre los vericuetos personales de los integrantes de Abba. Con ese tipo te quedarías charlando por horas. Y también está el Pity que te dice “me hice adicto a chocar autos, hice mierda tres Ford Fairlane”. Y a ese tipo lo querés abofetear, lo querés rescatar de cualquier forma. Pero nada. Después él se va caminando con sus siete vidas y vos te quedás ahí, en parte indignado y en parte frustrado... Con una latita de Speed en la mano y rigurosos lentes oscuros, el líder de Viejas Locas habla pausado y muy de vez en cuando regala alguna sonrisa. La semana pasada vino a Rosario para promocionar el show que su banda dará esta noche, a las 22, en el Anfiteatro Municipal. El grupo invitado será La Clavija.

Esta es una suerte de “segunda vuelta” de Viejas Locas. La banda que forman Cristian “Pity” Alvarez (voz y guitarra), Fabián “Fachi” Crea (bajo y coros), Sergio “Peluca” Hernández (guitarra) y Alejandro “Mono” Avellaneda (batería) ya había regresado en 2009, con un accidentado show en el estadio de Vélez, pero después se tomó revancha en 2011 con un nuevo disco (“Contra la pared”) y en julio pasado se abrazó otra vez con la masividad con un recital en la cancha de Racing. En charla con Escenario, Pity dijo que Viejas Locas ahora empezó a “innovar un poco más”, aseguró que le sorprende que los fans canten los temas del primer disco y sobre sus 40 años disparó: “No quiero apendejarme. Al contrario, quiero parecer más formal”.

—¿Qué balance hacés de esta segunda vuelta con Viejas Locas?

—Cuando empezamos la segunda vez fue como si nos hubiésemos congelado en el tiempo. Musicalmente estábamos igual que cuando nos habíamos separado. Pero estábamos tocando como a reglamento. Ahora empezamos a innovar un poco más y se armó un lindo grupo: somos cuatro de base y hay piano, teclados, tres coristas y cuatro vientos. Está bien completa la banda. Casi nunca tocamos lo que ensayamos. Cuando ensayamos hacemos los temas de manera formal, pero después, en vivo, nos entendemos con señas y nos vamos a la mierda. Se estira, se corta, lo vamos viendo, vemos cómo reacciona el público.

—¿Qué diferencias hay entre “Contra la pared” y los demás discos de la banda?

—A pesar de ser el disco más nuevo. “Contra la pared” es el más viejo de todos, porque sacamos temas de la galera que se habían escrito hace mucho tiempo. Hay temas que escribí a los 12 ó 13 años, por ejemplo. Obviamente que fueron versionados, pero la gente podría encontrar esos temas en demos del 92. Volver a Viejas Locas es volver a mis raíces musicales, es una banda con un estilo, está cerca de lo que abarca el rock and roll, como el country, las baladas y el rhythm & blues. Al final del último disco incluso pusimos un flamenquito. Al principio yo no quería grabarlo, pero después me dije: mirá si me muero mañana. Mejor que quede plasmado.

—La experiencia en Vélez en 2009, ¿cambió la forma en que encararon los recitales?

—¿Vos te referís a la muerte de este chico, no? Mirá, yo fui a hablar con el jefe de policía (que estaba encargado del operativo) y el tipo me dio explicaciones insólitas. Me dijo que nosotros habíamos manchado a la institución. La verdad es que al pibe lo encontraron como a seis cuadras del estadio con moretones de bastonazos e impactos de balas de goma. Nosotros no usamos balas de goma. ¿Me entendés? Lo de Vélez fue nuestra vuelta. Metimos 47 mil personas. Pero yo prefiero tocar para 1.600 que para 47 mil. Es como que vos te tengas que preparar para hacerle una nota a Obama y otra a un cartonero. Vos te vas a preparar más para la más importante. Pero a veces por ser formal perdés espontaneidad. Cuando toco para 1.600 personas yo le puedo preguntar a la gente qué quiere escuchar. Y la lista la arman ellos. Eso es más piola. Además para tocar en los estadios tenés que tener una buena escenografía, la banda tiene que estar muy ajustada. Y yo quiero estar en todas. Soy muy maniático.

—¿Qué fue lo mejor que te pasó con Viejas Locas?

—Haber hecho muchas canciones, haberlas grabado. A nosotros nos vienen a ver pibes de 14 años que nunca vieron a Viejas Locas en sus comienzos. Yo no entiendo por qué cantan nuestras canciones. Quizás la banda quedó bien parada cuando se fue y la gente la siguió escuchando. No sé. Es como si volviera Billy Bond y la Pesada y los pibes cantaran ¡Oooooh, vamos Billy Bond! ¡Pero si no los conocen! Y a nosotros nos pasa lo mismo. Los pibes se cantan las canciones del primer disco. Eso es muy loco.

—Cuando eras adolescente, ¿fantaseabas con ser una estrella de rock?

—No, para nada. Fantaseaba con laburar en la Nasa. Pero a esa fantasía me la derrumbó el rock & roll. Me tiró abajo la vocación (risas).

—Como dice Keith Richards, el rock te eligió a vos, vos no lo elegiste...

—Claro. ¿Sabés qué hizo el rock? El rock se abusó de mí (risas).

—¿Sentís que muchas veces se te disculpa todo, que son demasiado condescendientes con vos?

—Sí. En Intoxicados me bancaban cualquiera. Venían a ver un grupo de música y también una obra de teatro. Nosotros no ensayábamos nunca, pero era impresionante cómo fluía todo tan bien. Eso me gustaba. Me acuerdo que una vez, en el Anfiteatro, me la agarré con el batero hasta que él me tiró un palito en la espalda. Y yo me saqué la guitarra y se la tiré como una flecha. Pero él la esquivó, dejó de tocar en el medio del tema, y yo le señalé al tecladista que vaya a la bata, porque la tocaba muy bien. Lo loco es que todo eso parecía programado, la gente no sabía si era de verdad o mentira.

—Este año cumpliste 40, ¿cómo te llevás con el paso del tiempo?

—Las vueltas al sol se diferencian mucho de tu edad cósmica. Podés haber dado 40 vueltas al sol y ser un nene de 13 años, o ser un nene de 13 años y tener la mentalidad de un tipo de 80. Yo me siento cada vez más chiquito.

—¿Es lo mismo hacer rock a los 20 que a los 40?

—No. ¿Viste que ahora todos tratan de arreglarse para parecer pendejitos, con camisita de jean, todo rock and roll? Bueno, yo a veces me pongo talco en el pelo para aparentar que tengo canas. Me gusta más que la gente nos vea como una banda de tipos grandes, de tipos de 50 años que todavía siguen tocando. Yo no quiero ponerme el pañuelito y la pulserita, no quiero apendejarme. Al contrario, quiero parecer más formal.

—El año pasado te convertiste en padre. ¿Eso te cambió, te llevó a reflexionar sobre ciertas cosas?

—¿Sabés que no? (Silencio). A mí no me cambió en nada. Estoy muy metido en la música, es como un laburo para mí. Es un “trabajobi”, esa palabra la inventé ayer. Porque es un hobbie, pero termina siendo un trabajo. Cada vez me gusta meterme más en todos los asuntos de la banda, aunque es un desgaste mental muy grande. A veces siento cansancio mental, como que tenés ganas de poner tu mente en blanco pero no podés. Mi vida es jugarme por la música. Y me está interesando cada vez más. Podés escuchar un disco mil veces, pero el día que le prestás atención te parte la cabeza. Una cosa es oír y otra es escuchar. Escuchar te cambia el panorama.

—¿Eso te pasó con algún disco en particular últimamente?

—Sí, con Abba y los Plateros. Son dos bandas que me marcan mucho, son bandas del futuro para mí, no sé si la gente las entiende, no sé si entienden esos colchones que hacen con las voces. “Ooonlyy Youuuu” (canta). Tiran unos tonos que suenan muy gospel. Y Abba es alucinante. Cuando los matrimonios que formaban el grupo se separaron, en pleno éxito, los tipos escribían letras que les tiraban palos a las minas, y después las minas tenían que ir y cantarlas. Hace poco me enteré que grababan en un tono más bajo y después aceleraban las cintas para que la voz salga más rectificada. Son trucos que seguramente voy a poner en práctica en algún tema.

—En los últimos meses tuviste varios accidentes de auto. ¿Estás haciendo algo para cambiar eso?

—Mirá, no sé si me van a entender. Yo hice mierda tres Ford Fairlane, que es como una locomotora. Chocar con esos autos es como chocar contra un tren. Y después choqué en un par de esos autitos modernos, que están preparados para arrugarse todos. Ahí no sentís tanto el impacto. Yo creo que me hice adicto a chocar. Si pudiera me compraría autos para estrellarlos contra la pared. Me da adrenalina.

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