Escenario

El regreso a Shakespeare: la mesa está servida

Comienza la cuentra regresiva en la difícil noche del domingo. Cualquier plan puede teñirse de una resignada melancolía, desde una salida al cine hasta un partido de fútbol por tevé.

Domingo 25 de Agosto de 2013

Comienza la cuentra regresiva en la difícil noche del domingo. Cualquier plan puede teñirse de una resignada melancolía, desde una salida al cine hasta un partido de fútbol por tevé. Todo, incluyendo el sabor de la cena, se mezcla con una extraña fatiga, en la amarga e inexorable llegada del lunes.

   Sin embargo, por suerte y desde hace tiempo, una oferta surtida se dibuja en la cartelera teatral del séptimo día. Así apareció durante todo el mes de agosto una versión muy particular de “Romeo y Julieta”, la popular tragedia de William Shakespeare, que se presenta en el Centro Cultural La Nave, San Lorenzo 1383, hoy a las 20 y se despedirá el sábado 31 a las 21.

   La cosa es así: Rubén Pagura es argentino pero desde hace cuatro décadas vive en Costa Rica, donde formó Quetzal, su grupo de teatro. Este año regresó al país para montar sus probados espectáculos y algunos talleres en el espacio Celcit de Buenos Aires y los teatros La Manzana y La Nave de Rosario.

   Como habíamos reseñado en “La historia de Ixquic” -un relato oral basado en una de las leyendas mayas del Popol Vuh-, en esta versión del clásico isabelino Pagura vuelve a demostrar una gran capacidad para la narración escénica. Los espectadores vendríamos a ser los comensales, los invitados a esta cena condimentada con los gajes del oficio de juglar. Como un buen anfitrión que nos invita a probar sus mejores platos, Pagura se ubica como un mozo que desborda calidez en Verona, un restaurante imaginario en el que espera a una pareja para ocupar una mesa. La mejor de las mesas.

   Ya estamos inmersos en la historia: los cuchillos asumen la figura de los Montesco, los tenedores se alzan como los Capuleto. Se trenzan, se sacan chispas. Entran en escena los sacacorchos, los cucharones, la cuchilla circular. El teatro de objetos esta vez no lleva goma espuma, no tiene pegados ornamentos estridentes ni sofisiticados. Sólo un juego orquestado, articulado de utensilios de cocina, los mismos que tenemos en casa, los que se sirven en cualquier bodegón.

   Entre manteles, servilletas y cubiertos, la tragedia juvenil de Shakespeare cambia de modos, de formato, pero conserva intacta su trama, una de las más representadas desde el Siglo XVI, que incluso ha llegado a la pantalla grande reiteradas veces: dos jóvenes que quieren amarse desafían la rivalidad mortal de su familias en la Verona del Renacimiento. La música es interpretada en vivo por Pagura, valiéndose de diferentes objetos como copas y cubiertos que ofician de instrumentos musicales para las diferentes canciones. La autoría del espectáculo es compartida con el titiritero argentino Roberto White.

   “Muchas veces, en América latina, tendemos a imitar, en nuestros trabajos artísticos, costosas producciones del Primer Mundo que, aún teniendo altos presupuestos, no siempre garantizan un buen producto que nos hagan abandonar la sala satisfechos”, explican desde la producción.

   Esta vez, combinando elementos del teatro y del clown, valiéndose de su capacidad para resolver la puesta con la manipulación de objetos, este narrador logra involucrarnos de lleno en una historia que nos hace olvidar, por un rato, de la pesada noche del domingo.

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