Escenario

El regreso de Blur, pequeña historia de un triunfo

La banda que definió el britpop en los ‘90 volvió a las bateas con "The magic Whip", su primer álbum en 12 años.

Domingo 10 de Mayo de 2015

Hace exactamente 20 años el rock inglés estaba en la cresta de la ola, y parecía una segunda era dorada después de los mismísimos 60. Eran los días del britpop, la última gran escena de la historia del rock tal como la conocíamos: discos rompiendo los ránkings, estadios llenos, tapas de revistas, mucha prensa y buenas críticas, y todo en perfecta sincronía. Allá arriba, en el podio, estaban Blur y Oasis, dos bandas increíbles peleando (un poco en serio, un poco en broma) por toda esa gloria. Si hasta la política se subió a mediados de los 90 al tren feliz del britpop, con el Nuevo Laborismo, la fachada juvenil de Tony Blair y sus promesas de cambio.

De esa enorme explosión ahora ya no quedan ni las esquirlas. La industria discográfica entró en crisis después de la llegada de Internet, el Nuevo Laborismo se hundió en la guerra de Irak, la prensa perdió credibilidad inflando nuevas bandas anodinas y los grupos que cimentaron el britpop cambiaron definitivamente de rumbo o se disolvieron. Oasis se separó en 2009, mostrando visibles signos de agotamiento, y Blur... bueno... esa es otra historia. Blur sobrevivió, creando su propio camino paralelo. La banda comandada por Damon Albarn piloteó la tormenta con su curiosidad, su versatilidad y, sobre todo, porque este es un mundo loco y cambiante y ellos demostraron ser músicos locos y cambiantes, capaces de encontrar belleza en la oscuridad.

Metamorfosis. Albarn, el guitarrista Graham Coxon, el bajista Alex James y el batero Dave Rowntree sacaron su último disco de estudio en 2003, el sombrío y hermoso "Think Tank", pero Coxon estuvo prácticamente ausente en ese álbum. Para entonces Albarn ya había pergeñado ese fabuloso experimento llamado Gorillaz, completando su metamorfosis musical, y Coxon también había arrancado con una discografía solista de bajo perfil. Blur como banda quedó en stand by hasta 2009, cuando volvieron con fechas históricas en el festival de Glastonbury y en Hyde Park, y tres años después editaron un nuevo single ("Under The Westway"/ "The Puritan"). El regreso definitivo y oficial, sin embargo, se hacía esperar, hasta que por fin el grupo volvió a las bateas esta semana con un nuevo disco, "The Magic Whip", su primer CD de estudio con la formación completa en 16 años.

Los singles de "The Magic Whip" ya pintaban bien, pero igual había que acercarse al disco con cautela. Y es lógico, habían pasado muchos años... Sin embargo, a la primera escucha del disco, al cuarto o quinto tema, uno está ahí preguntándose ¿cómo pude desconfiar de Blur? "The Magic Whip" te agarra gentilmente por el cuello con la pegadiza "Lonesome Street" y de ahí no te suelta. Blur no ha perdido nada de su pulso rockero, ni popero ni melódico. Y tampoco ha perdido la capacidad de intentar cosas nuevas. Además Albarn como letrista todavía está "muy preocupado" (él lo expresó en esos términos) por tener algo potente para decir, por expresar un ángulo o un punto de vista singular, una actitud en franca extinción en estos días.

Sin nostalgia. Lo mejor de "The Magic Whip" es que es un disco que absorbe los elementos más variados de las distintas épocas de Blur sin sonar nostálgico ni deliberadamente retro. Es un disco plantado en el presente, sin especulaciones. Blur puede reencontrarse con su estilo más clásico, asociado a mediados de los 90, pero sin calcar patrones, como en "Lonesome Street", "Go Out", "Ong Ong" o "I Broadcast". También puede bucear en terrenos más experimentales, los de su discografía tardía ("13", "Think Tank"), como en "Thought I Was A Spaceman", y hasta abraza el clima post apocalíptico de Gorillaz y esa bruma melanco-reflexiva del primer disco solista de Damon Albarn ("New World Towers" o la tierna "My Terracota Heart"). Albarn y Coxon consiguen conectar su ADN melódico original con los sonidos que germinaron en sus caminos solistas, y los devuelven en una foto muy actual y natural del presente del grupo.

Nada es casual, ya se sabe. Esa naturalidad y esa noción de tiempo presente tienen su explicación. Este álbum no fue planeado como "el gran regreso" en los cuarteles de alguna discográfica. Nada que ver. La historia del disco es más bien digna de una película indie medio bizarra: las canciones nacieron en Hong Kong, en el otro fin del mundo, donde la banda quedó varada durante cinco días en 2013 después de que se canceló una fecha en un festival en Japón. Para aprovechar el tiempo, Albarn y compañía se encerraron en un estudio minúsculo con sus instrumentos para bosquejar un puñado de temas. En el documental "Made In Hong Kong", que se puede rastrear en YouTube, hay imágenes que captan ese clima accidental pero ideal de composición y grabación: una banda alejada de las distracciones y las presiones, tipos anónimos haciendo las compras en ese hormiguero populoso y cosmopolita.

Ese material quedó archivado durante un tiempo, hasta que Graham Coxon decidió retomarlo el año pasado, y tuvo el buen olfato de llevárselo a Stephen Street, productor de discos emblemáticos de Blur como "Modern Life Is Rubbish" (1993) y "Parklife" (1994). Más tarde Albarn (un obsesivo) viajó especialmente a Hong Kong para escribir las letras, buscando inspiración en el mismo lugar donde había surgido la música. Algunos temas que al rubio siempre lo han marcado —la incomunicación, la alienación, el impacto tecnológico, el paso del tiempo— fermentan en Hong Kong naturalmente.

un tema aparte. Las canciones de "The Magic Whip" están salpicadas de referencias locales, y los exóticos sonidos orientales también se cuelan en algunos temas, siguiendo esa lógica de la banda de imprimir en cada disco un sello de identidad, aunque sea pequeño, un concepto concreto que lo distinga de sus trabajos anteriores. La obsesión de Albarn por captar un sentimiento real lo llevó incluso a viajar a un país temible y lejano como Corea del Norte, donde compuso la emocionante y desolada "Pyongyang", un tema que se corta solo. "Nene, el mausoleo cayó/ las avenidas perfectas van a parecer vacías sin vos/y la luz que bañaba a los grandes líderes se está desvaneciendo", canta Albarn, y es imposible no acordarse del vuelo de "This Is A Low" (de "Parklife") o soñar esta canción como una especie de "Ashes To Ashes" (el hit de Bowie de 1980) del siglo XXI.

"The Magic Whip" debutó en el número uno en el ránking de álbumes de Gran Bretaña. Liam Gallagher, el ex cantante de Oasis, los otrora archirrivales de Blur en los 90, escribió en su cuenta de Twitter: "«Lonesome Street», de Blur, es la canción del año". Los diarios y las revistas inglesas hicieron reseñas muy positivas del disco, y por una vez en mucho tiempo uno siente que no están vendiendo humo ni exagerando. Esta vez es cierto, es como dicen ellos: el nuevo disco de Blur es un triunfo.

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