Escenario

El padre de la salsa cantó por primera vez en Rosario

Rubén Blades conmovió en su debut en la ciudad. El artista panameño ofreció anteanoche un show de tres horas en El Círculo. "Pedro Navaja" y "Desapariciones" fueron lo mejor del concierto.

Martes 13 de Mayo de 2014

Ver a Blades es toparse con la historia de la salsa. Y tenerlo al autor de "Pedro Navaja", a cinco metros de distancia en un escenario de Rosario, es un regalo a tiempo para los amantes de la música, sean o no seguidores del género afrocubano.

Rubén Blades se despachó anteanoche con tres horas de recital en el teatro El Círculo, en los que combinó su potencia expresiva con una alta dosis de carisma y su innegociable compromiso ideológico por las causas justas y solidarias.

"¿Quién dice que perdimos siempre las angustias, si es que van a amar?/¿Quién cree que no hay manera de dar a su historia un mejor final?/Sigamos respirando, también por los demás/Porque la causa es buena, no me canso de tratar". Esa frase de "La Rosa de los vientos", tema de apertura del concierto titulado "Cantos y cuentos urbanos", fue un anticipo del concepto temático del show.

"Es un sueño cumplido estar aquí en Rosario", dijo el compositor e intérprete panameño, quien se presentó por primera vez en esta ciudad en cuatro décadas de carrera, aunque ya había visitado anteriormente Buenos Aires.

En el show sobrevoló un aroma de debut y despedida. Porque Blades se encargó de afirmar públicamente que ésta será su última gira tocando salsa, ya que en 2016 se abocará a otro perfil artístico, de fusión, en el que también abordará la música ciudadana (acaba de editar un disco de tango con arreglos de Carlos Franzetti).

De traje gris oscuro, sombrero y dos pares de anteojos (con aumento y de sol), Blades irrumpió en escena ante un público fiel, que conocía la mayoría de sus clásicos.

Acompañado por una orquesta de doce músicos, con dirección de Roberto Delgado, el recital atravesó momentos festivos y emotivos ante una platea en la que también hubo figuras públicas, como es el caso del humorista y diputado nacional Miguel Del Sel y del ex futbolista y actual concejal de Rosario Aldo Pedro Poy.

Blades interactuó con su público permanentemente. Histriónico, antes de cada tema trazaba pincelazos del contexto de sus canciones. Y en todas las décadas siempre mantuvo el común denominador de la unidad americana y el enfrentamiento a los gobiernos capitalistas, aunque tampoco faltaron cuestiones más livianas y hasta alguna referencia familiar.

Apoyado en las imágenes de una pantalla gigante, bromeó con su falta de costumbre al clima de esta ciudad ("en Panamá vengo de soportar un frío de unos 22 grados") y sorprendió con un invitado de lujo para interpretar un clásico de aquellos. Fue el momento de "Plástico", cantado a dúo con Fena Della Maggiora, en un tema que conserva su vigencia en la letra y que levantó a la gente con su intro disco.

"Decisiones", delante de imágenes de cómic, "Las calles", "Juan Pachanga" y la recordada "Ojos de perro azul", en una sutil interpretación de Blades, le sumaron cadencia a la noche. "El mundo sólo será del que camina sin miedo", bramó el panameño al ritmo de sus maracas.

Con un guiño al obispo metodista Federico Pagura y al Papa Francisco, entonó luego "El padre Antonio y su monaguillo Andrés", aquella perlita de "Buscando América".

Pero tuvo que llegar "Desapariciones" para que la emoción copara El Círculo. Tras citar a Las Abuelas de Plaza de Mayo, Blades se puso más serio que nunca y casi estático tocó la veta más sensible de la noche. Trascartón llegó "Prohibido olvidar" y "Todos vuelven", en una cita a los grandes que se fueron, con imágenes de Mercedes Sosa, Luis Spinetta, Lou Reed y Gabriel García Márquez, y remató el segmento con "El cantante".

El final, como tenía que ser, llegó con "Pedro Navaja", en medio de anécdotas graciosas y un arreglo que, supuestamente, Michael Jackson lo adaptó para "Thriller". Cuando iban tres horas de recital, los bises llegaron con "La palabra adiós" y "Muévete".

Y claro que faltaron clásicos, pero hubo Blades de sobra.

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