Escenario

El oscuro placer de la provocación

El Macro será la sede de una tragicomedia mordaz sobre el anhelo de la consagración artística, la nueva obra de Sebastián Villar Rojas.

Miércoles 07 de Octubre de 2015

Convertir un museo en un escenario de once pisos donde el arte y el teatro logren fusionarse de manera única. Eso es lo que propone el director rosarino Sebastián Villar Rojas con su flamante obra “El imperio de lo frágil”, que se estrena hoy, a las 20, en el el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Macro). Se trata de una obra de teatro que dialoga con el arte contemporáneo utilizando como escenario las salas y como escenografía las muestras. El público acompañará a los actores en su camino ascendente por el edificio, en una travesía por sus muestras y por una historia que no le dará respiro.
   Protagonizada por Julio Chianetta, Juliana Morán y Nicolás Valentini Lassus, “El imperio de lo frágil” está influenciada indirectamente por el trabajo del hermano del director, Adrián Villar Rojas, el artista argentino con mayor éxito internacional de la actualidad. Antes del gran estreno, Villar Rojas, que fue asistente de Alejandro Tantanián y escribió y dirigió obras como “Moderna” y “El exterminador de caballos” contó los detalles de esta tragicomedia sobre el anhelo de la consagración artística.
  —¿Cómo surgió “El imperio de lo frágil”?
  —Surgió en 2012, a partir de una charla con la actriz rosarina Carolina Torres. Ella estaba interesada en trabajar el vínculo de pareja entre personas con mucha diferencia de edad. La idea me atrapó y así surgieron Laila y Richard, los protagonistas de esta obra, que se llevarían treinta años. A partir de acá, me aboqué a inventarle a esta pareja una vida que excediera su relación: el conflicto no pasaría por su vínculo sino por sus búsquedas personales. El 2013 fue un año muy duro de trabajo con mi hermano Adrián Villar Rojas, él tenía varias muestras importantes y yo tuve que escribir y editar muchos de los textos publicados en catálogos. En casi todas mis obras hay elementos de sus proyectos. Así fue como me sumergí en el pensamiento artístico de mi hermano, en su visión del mundo como un universo cultural desaparecido hace milenios cuyas ruinas son exhumadas por una civilización que desconoce la diferencia entre el rostro de Cristo y un I-pod. Para construir el personaje del artista llegué al punto de ver las nueve horas seguidas de “Shoah”, el documental de Claude Lanzmann sobre los campos de exterminio nazi. Realmente, me hundí en el lado oscuro de la fuerza.
    —¿Cómo es la trama de la historia contada por tres actores?
  —Los personajes son una estudiante de Bellas Artes con grandes expectativas (Laila), un arquitecto progresista a cargo de la dirección del proyecto Puerto de la Música (Richard) y un artista conceptual sin obra física pero capaz de provocar que lo muelan a golpes y ganar millones por eso (Doriss). Obviamente, la relación entre los “machos” y su disputa por la “musa” era un polvorín para la tragicomedia. Tanto Laila como Richard están en la búsqueda de la obra de sus vidas. De repente surge “Sex Art”, un proyecto escandaloso con Doriss como figura. Joven y oscuro, su arte basado en la provocación ha conquistado a críticos de todo el mundo “a fuerza de llevarlos al borde de su propio instinto asesino”, dijo el New York Times. Casualmente, es rosarino, y está de paso por la ciudad para donar al Macro su primera y única obra física, “Amigos del arte”. Un cuadro lo muestra abrazado a Hitler, otro, a Pinochet y el tercero, a Jorge Rafael Videla. Richard, viejo militante de izquierda, tiene ganas de escupirlo. Laila, de hacerle el amor. Y Doriss, de intentar un nuevo experimento con humanos.
  —¿Qué elementos tomaste del universo artístico para nutrir esta pieza? ¿En qué influyó tu hermano en este proyecto?
   —Estoy muy agradecido con Marcela Römer, directora del Macro, por habernos abierto las puertas. Quisimos expandir las fronteras del teatro en la ciudad hacia un lugar tan importante como el Macro y tratamos que el público del arte vea teatro y el público del teatro, arte. La hibridación es mi pasión. La influencia de mi hermano, Adrián, no fue directa, pero sin dudas este proyecto está nutrido  de su universo. La obra es una recreación humorística de mis experiencias en estos años de inmersión en el arte contemporáneo, aunque sin ninguna rigurosidad. Creo que no hay arte si no hay juego. El director Guillermo Cacace dijo que es necesario pensar lo frágil en el teatro, abandonar el control y entregarse a la fragilidad de lo que hacemos. ¿Por qué tanta preocupación por ocultar lo imperfecto? Uno se la pasa previniéndolo todo y de repente algo inesperado resquebraja todos los planes. Con la reflexión de Cacace me entregué, solté el control y empecé a disfrutar. Además, entendí el título de la obra: la vida es el imperio de lo frágil.
  —¿Qué sensaciones querés generar en el espectador con esta puesta tan ambiciosa?
  —Todas.  No sólo con esta puesta, sino con todo lo que hago, mi obsesión es el espectador: que vibre, que disfrute, que piense, que descubra. Quizás tenga que ver con mi historia familiar: mis abuelos paternos tenían en Perú una empresa de servicios para fiestas, y mis abuelos maternos una ferretería de barrio. Y mis viejos tuvieron un taller de grifería. Toda la vida vi a mis padres atender a sus clientes con amor y pasión. Así que el espectador para mí es como el cliente de la ferretería de mi abuelo rosarino, como el comensal de un servicio de catering de mis abuelos peruanos, o como el cliente de mis viejos. Con “El imperio de lo frágil” quisiera sumergir al espectador en un viaje por universos paralelos, y que puedan sentir al actor vibrando su verdad. También hay una búsqueda de hiperrealidad filtrada por lo onírico de estar en un museo entre objetos de arte.

Un año de proyectos y conquistas teatrales

Este es un año de estrenos para Sebastián Villar Rojas. Además de “El imperio de lo frágil”, que continuará circulando por museos de todo el país, el director rosarino presentará una performance con la patinadora y actriz Julieta Ledesma, el próximo miércoles 21 de octubre en el CEC. “Es un gran desafío, porque Julieta va a bailar sobre sus patines un poema de casi sesenta minutos estirando al máximo el tiempo estándar de una coreografía en esa disciplina, que es de ocho minutos”, dijo el director. Además, está trabajando en un proyecto para estrenar en Buenos Aires con elenco de allá, “El origen de las especies”, con dramaturgia y dirección propias. Y hay un tercer canal de trabajo con un actor rosarino residente en España, Tomás Pérez Sznaiderman, con el que planea generar un material destinado al circuito europeo
para 2016-2017.

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