Escenario

El mundo que se mira desde un ventiluz

"La más segura de tus vidas" puede verse en el poco usual horario de los jueves a las 22 en el teatro La Manzana, San Juan 1950.

Domingo 12 de Abril de 2015

Está terminando una semana en la que lo escatológico fue materia descompuesta para las redes sociales. A raíz de la polémica desatada por una vocera de la dictadura, hoy panelista de “Intratables”, en relación a su confeso colaboracionismo con aquel proceso, pudimos ver cómo la materia fecal directa se hizo eco por la red social del pajarito, tirando el buen gusto por el inodoro.

   El baño, ese reducto que la historia de la humanidad ha reservado para lo escatológico y lo íntimo ha sido ventilado nuevamente en una foto viral de lo más contundente, y es también el último refugio de vida para una pareja que deviene como un eslabón perdido y separado de toda forma de organización social.

   Quizá por propia elección, esta pareja de humanos que vive encerrada entre las cuatro paredes de un baño es buen sustento para la ficción, en este caso una obra de teatro llamada “La más segura de tus vidas” que puede verse en el poco usual horario de los jueves a las 22 en el teatro La Manzana, San Juan 1950.

   Se vieron muchas obras sobre el encierro, contexto fecundo para la acción dramática y el uso inteligente de los pequeños espacios escénicos. Ultimamente también fueron probados los baños en el teatro local, con el realismo de “Verona” y con el delirio de “Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack”. Pero “La más segura de tus vidas” vendría a posicionarse en el medio, un poco más delirante que realista, con una profunda carga poética que la define. Se trata de dos seres que ya parecen confinados a la reverberancia y a la humedad del baño, que traspasaron la neutralidad de la puerta. En esa soledad entre azulejos, uno se encuentra con lo que realmente es en un momento privado donde se borran las marcas impuestas por la civilización. Parece que estos personajes, interpretados por María Romano y Miguel Bosco, no pudieron salir de ese placer de la barbarie interna.

   Ella contiene el insomnio de él con alocados arrebatos que la quieren sacar de ahí, que la quieren juntar con ese mundo de disfrazados, de padres adoctrinadores y pelotas de colores para formar a los niños.

   La obra nos deja pensando en varias cuestiones. Por un lado, el prolijo trabajo de puesta y dirección de Paula García Jurado, como pudimos ver en “Servicio secreto” y en la notable “Ya estoy solo”.

   En escena, podemos disfrutar de dos potentes artistas que nos trasladan con total convicción a una ficción que cierra por todos lados, aunque a veces se filtren algunos vicios: un recurrente naturalismo en Bosco y demasiada composición en Romano. Más allá de todo, dejar que la vida transcurra adentro de un baño puede estar hablando de las propias encerronas del teatro local. Un pasaje lo puede explicar mejor cuando uno de los personajes afirma: “Tengo un cerebro que se quiere ir en un cuerpo que se quiere quedar”.

   El texto de Francisco Pavanetto mantiene una fuerza que por momentos se alza con todo el protagonismo, es una especie de alegato contra las formas nucleares de organización social como la familia. Pero la crítica es contradictoria, surge de una propia semilla que por momentos se declara afecto, besos y arrumacos. No hay nada de punk ni de guerrilla, sólo una pareja tierna que mira por un ventiluz el mundo exterior, sin ninguna promesa sobre el bidet.

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