Escenario

El mal del poder endiablado

*** La Cordillera: Intérpretes: Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Erica Rivas, Gerardo Romano. Christian Slater, Elena Anaya. Dirección: Santiago Mitre Género: Drama. sala: Del Centro, Hoyts, Monumental, Showcase y Village.

Domingo 20 de Agosto de 2017

T omar decisiones suele ser una mochila pesada para cualquier mortal, pero aún más si se trata del presidente de la Nación. Y encima, de la República Argentina. Hernán Blanco (magistral rol de Ricardo Darín) está a punto de asistir a una cumbre latinoamericana en Chile con los jefes de Estado y tendrá que optar con qué mandatario acomodarse para que su país salga beneficiado en el negocio de las petroleras. Este oscuro entuerto contrasta con la apacible imagen del centro de esquí Valle Nevado de Santiago, en donde transcurre esta película en un contexto plagado de significaciones. Porque ni el apellido del presidente ni la blancura de la nieve se asocia a una pureza que brilla por su ausencia. Santiago Mitre expone un hilo conductor que enlaza a sus dos películas anteriores -su ópera prima "El estudiante" y la remake de "La patota"- y en donde confluyen la cercanía de los vínculos familiares y los pasillos laberínticos de las estructuras de poder. La idea del director es mostrar la trama política sin bajar línea, y quizá allí resida su mayor mérito. Lo criticable es que ese muestreo puede resultar engorroso, como lo fue cuando hacía un paneo de las trampas de los claustros universitarios en "El estudiante". Es posible que algún espectador que haya ido al cine a ver a Darín más que a Mitre se pierda un poco en el ida y vuelta del negociado político. Y aunque Mitre haga cine de autor, al tratarse de una película histórica ya que tuvo más copias en el país que la mismísima "Relatos salvajes", aquí le faltó timing al realizador para acercar un poco más la película a la gente. El derrotero de Blanco tendrá un nudo crucial cuando su hija Marina (logrado papel de Dolores Fonzi) irrumpa con un problema con su ex marido que manchará la investidura presidencial. Desviar el foco será la tarea inmediata para los asesores de Blanco, y allí mostrarán su oficio Erica Rivas y Gerardo Romano. Pero lo de Marina se vuelve cada vez más complejo y más turbio para el presidente, que deberá aceptar que un psiquiatra chileno la someta a un tratamiento de hipnosis para que resuelva un desorden mental de la joven. Aquí la película coquetea con otros géneros. El realismo se corre de eje, el suspenso pide pista y todo se mueve en un terreno ambiguo, que puede gustar o no, pero marca una inequívoca intención del director de imponer lo sugerido sobre lo literal. Quizá lo más interesante de la película sea hurgar sobre todo lo no dicho, sobre lo imaginado, sobre lo que es o lo que pudo haber sido. Sobre los secretos expuestos y la verdad oculta. Y en medio de todo, casi al pasar, tras un diálogo del presidente con una periodista extranjera, aparece la figura omnipresente del mal. Quizá ese Diablo, que mete la cola, sea la metáfora más cruel para reflejar la esfera encumbrada del poder.

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