Escenario

"El jazz era mejor décadas atrás", aseguró Branford Marsalis

El genial saxofonista norteamericano actúa mañana en El círculo. En esta entrevista reflexiona sobre la música actual.

Domingo 15 de Noviembre de 2015

Branford Marsalis no tiene pelos en la lengua. Responde de manera escueta pero al mismo tiempo desecha las frases hechas, esas que suelen usarse para no decir demasiado y para que nadie se moleste. El mayor de los hermanos Marsalis contesta a conciencia. “Muchos músicos de diferentes partes del mundo, como también en los Estados Unidos, tocan jazz eludiendo al jazz completamente”, dice. “Hay también algunos buenos músicos de saxofón, pero que, al mismo tiempo, no son muy buenos músicos de jazz”, reflexiona en otro momento de la entrevista.

   Sus palabras suenan más duras sabiendo de qué boca salen: de la de uno de los mejores saxofonistas del jazz internacional y, además, nacido en Nueva Orleans –epicentro del jazz– es parte de uno de los linajes más influyentes en el mundo del jazz contemporáneo de los Estados Unidos: la familia Marsalis. El padre pianista y educador, Ellis, patriarca y protagonista de una docena de discos; sus hermanos,Wynton, la estrella de la trompeta del jazz moderno; Delfeayo, en el trombón, y Jason en la batería. Branford, el saxofonista, es el mayor de los niños. Hoy, con sus 55 años, llegará por primera vez a Rosario mañana para ofrecer un recital en el teatro El Círculo, junto a su joven cuarteto integrado por Justin Faulkner, batería; Russell Hall, bajo, y Samora Pinderhughes, piano.

   “Vamos a tocar algunas cosas actuales, otras más antiguas y algunas más del standar americano”, enumera.

   Para tener una real dimensión del músico que visitará la ciudad, basta saber que el saxofonista cuenta con innumerables premios y nominaciones en su larga carrera musical y que actuó junto a grandes músicos como Herbie Hancock, Miles Davis, Dizzy Gillespie o Dave Matthews Band, entre otros. Branford fue habitual en el line up de Sting, tanto en estudio como en conciertos, tocó en la banda Grateful Dead, además de con Phil Collins y Bruce Hornsby. Además, giró junto a la Philarmonia Brasileira, y con su cuarteto Branford Marsalis Quartet actuó junto a la Orquesta Sinfónica de Carolina del Norte. En 2010 debutó con la Filarmónica de Nueva York. Branford Marsalis editó más de 20 albumes y participó como invitado especial en cerca de 50 grabaciones. Ganó tres Grammy y estuvo varias veces nominado a los premios Tony. En resumen, una verdadera estrella de la música contemporánea.

   De todas las experiencias que tuvo en el terreno de la música, Branford no deja de agradecer su inclusión en el Jazz Messengers de Art Blakey en los albores de los 80: “Cuando empecé a tocar con Blakey no sabía nada de lo que era el jazz; él tuvo un papel decisivo en mi enseñanza y en cómo se toca esta música”, arguye. Desde entonces, Branford le dio una vital importancia a la melodía en el jazz. “El jazz moderno siempre ha sido melódico, hasta alrededor de 1970. La armonía no ha sido tradicionalmente el elemento más importante del jazz. Como en la música clásica, también en el jazz prevalecen las canciones con una melodía fuerte”, aseguró en una entrevista reciente. “La improvisación es algo que está tercero en la lista de preferencias para mí”, confiesa a Escenario.

 —Su último disco es el grabado en la Catedral de San Francisco y se trata de un solo de saxofón. ¿Cuál fue la mayor motivación para llevarlo a cabo?

   —El Festival de Jazz de San Francisco ha tenido conciertos de solo de saxofón por 25 años. Me pidieron que toque, hace tres años, y acepté. Tocar solo requiere un buen entendimiento de la melodía, o de lo contrario todo empieza a sonar igual. Elegí canciones con el menor movimiento posible, y a partir de ahí intenté utilizar los sonidos de la habitación.

   — ¿Qué lo inspira de la realidad y de lo que lo rodea a la hora de componer una nueva obra?

   —Creo que cargamos mucho de la realidad en nuestra música, pero no es un esfuerzo consciente. La sociedad nos influye a los músicos, pero también al resto de los mortales. Mi trabajo es el tener un vocabulario lo suficientemente amplio para representar cómo me siento, sin que todo suene igual.

   —Es muy bueno y respetuoso el DVD donde revisa “Love Supreme” de John Coltrane. ¿Qué lo llevó a hacer ese tributo?

   —Es una de esas obras que sentí debíamos abarcar, sobre todo para mejorar como músico. Lo tocamos en 1993, y fue terrible. Luego de una década de trabajo, estábamos más preparados para hacerlo sonar, y mantenernos fieles a la intención de Coltrane.

   —La vida de los músicos de jazz en décadas pasadas, sobre todo los de raza negra, era muy distinta a la de los músicos de hoy. Mala vida, drogas duras, persecución policial, muertes tempranas, malas pagas, ¿Hoy el músico de jazz se adaptó mejor al sistema, se domesticó? ¿Se perdieron aquella rebeldía y aquellos riesgos?

   —Para mí, el abuso a las drogas no representa la rebelión ni el riesgo. Es una enfermedad. Las condiciones sociales han cambiado en los Estados Unidos significativamente, y muchos músicos negros ya no se sienten subhumanos. Lo que sí es cierto es que la paga sigue sin ser grande, porque lo cierto es que las reglas de oferta y demanda también nos comprende a todos.

   —¿Su sello Marsalis Music está funcionando bien? ¿Cómo lo afectó el servicio de streaming?

   —El streaming no ha afectado al jazz realmente, puesto que los discos compactos de jazz no son tan vendidos en primer lugar. Aquellos que tienen un interés especial por los sistemas de reproducción del sonido con el fin de buscar la máxima calidad y fidelidad –una gran parte de la audiencia del jazz– no son streamers, puesto que la calidad del audio en los streaming es terriblemente mala.

   —¿La gente compra discos de jazz? ¿Cree que el público de jazz es más específico y respetuoso de la forma de escuchar música? ¿Prefieren vinilo o CD?

   —Los que escuchan jazz suelen ser audiófilos, prefieren el mejor sonido posible. Yo creo que la elección de la forma de escuchar jazz la encabeza el disco de vinilo, y luego el CD en un distante segundo puesto. En lo más bajo se encuentra el mp3 en términos de calidad aunque en la cima en términos de costos, muchas veces costo cero.

   —Se suele decir que el jazz dejó de ser una música exclusivamente norteamericana, porque hoy se hace jazz en todo el mundo y de diferentes formas. ¿Es así?

   —Muchos músicos de diferentes partes del mundo, como también en los Estados Unidos, tocan jazz eludiendo al jazz completamente. La improvisación es algo que está tercero en la lista de preferencias para mí. Creo profundamente que el jazz sólo es tan bueno como la persona que lo toca, y la dura realidad es que hay pocos músicos tan bueno en el mundo.

   —Entonces, usted es de los que creen que la enseñanza del jazz pasa más por las academias que por las calles neoyorquinas o de Nueva Orleans...

   —Mire, las calles son un mito. La música era mejor décadas atrás porque los músicos sabían a qué debía sonar su música. Los músicos modernos poseen más información técnica, pero no han escuchado la música lo suficiente como para tocarla de manera auténtica. Y le puedo asegurar que eso no es culpa de una escuela.

   —¿Fue positivo o negativo tener una familia tan musical? ¿En algún momento pensó que llevar el apellido Marsalis era un peso insoportable o sintió alguna presión extra por ser un Marsalis?

   — Nunca hubo tal presión, ya que nadie había escuchado de nosotros hasta el primer disco de Wynton en 1982. Todo lo contrario, el hecho de haber nacido en una familia de músicos fue una gran ventaja, porque eso me ayudó mucho ya que desde muy pequeño estuve en contacto con la música y los músicos. El mito de la así llamada dinastía Marsalis empezó cuando estaba en mis veinte años, entonces, demasiado tarde para mí para sentir presión por el apellido.

   —¿Hay algún saxofonista de jazz nuevo y joven que lo haya sorprendido últimamente?

   —Melissa Aldana es muy buena. Hay también algunos buenos músicos de saxofón, pero que, al mismo tiempo, no son muy buenos músicos de jazz.

   —¿Qué está escuchando últimamente? ¿Qué recomendaría?

   —Los discos de Louis Armstrong “Hot Five”, Lester Young con Count Basie, “Die Meistersinger von Nuremberg” de Wagner, “Hércules” de Handel, “The Fairy’s Kiss” de Stravinsky, y un gran disco de Marvin Gaye, “I Want You”.

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