Escenario

"El imperio de lo frágil", pinceladas de posmodernidad

Un punto de fuga en una ciudad que se desangra entre la violencia sicaria, el descalabro de las fuerzas de seguridad y las desigualdades sociales no resueltas. 

Domingo 25 de Octubre de 2015

Un punto de fuga en una ciudad que se desangra entre la violencia sicaria, el descalabro de las fuerzas de seguridad y las desigualdades sociales no resueltas. Rosario entró hace algunos años en el catálogo de las ciudades más complejas de Latinoamérica, pasó de ciudad-pueblo progresista a una urbe saturada de automóviles y edificios, colapsada por la violencia narco-policial.

En principio, la obra aparece como un punto de fuga, amurallada a lo largo del espacio vertical de los siete pisos del Macro (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario), encerrada en una burbuja de arte contemporáneo que remite a esa pequeña ciudad progresista que sin dudas vive temerosa en el centro de la urbe entre obras de arte, torres inteligentes, tiendas de diseño y footing sobre el río.

"El imperio de lo frágil", lo nuevo del talentoso dramaturgo y director Sebastián Villar Rojas, es una novedosa apuesta que se puede ver los jueves de este mes a las 20.30 en el Macro (Oroño y el río), y cuenta con las actuaciones de Juliana Morán, Julio Chianetta y Nicolás Valentini. El recorrido es guiado por la actriz Cecilia Patalano.

Pero lo frágil no es sólo esa construcción de un modelo de ciudad que sirve de marco. Lo frágil aparece en este triángulo amatorio de personajes que desnudan con cinismo las ambiciones del éxito individual y el paroxismo del arte contemporáneo como mercancía millonaria.

Lo frágil es el amor y la pasión en una pareja marcada por la diferencia de edad: Richard es un arquitecto encargado de desarrollar el proyecto cultural Puerto de la Música, ideado por el gran Oscar Niemeyer. Laila es una joven estudiante de Bellas Artes que quiere consumar su propia idea, aprovechando la efímera estadía de Doriss, un artista rosarino contemporáneo que triunfa por el mundo a través de intervenciones de una provocación corrosiva.

El nudo del conflicto se provoca cuando Laila avanza con su proyecto de Sex Art junto a Doriss, una performance que consiste en la consumación real del acto sexual en diferentes museos del mundo. La idea cuenta con la resistencia lógica de Richard, pero poco a poco él también se va incorporando al proceso creativo, donde la forma debe superar al contenido.

La obra es una pincelada que se va hundiendo en el tarro multicolor de la posmodernidad. Como "Todo lo sólido se desvanece en el aire", de Marshall Berman o "Amor líquido", de Zygmunt Bauman, la historia recorre un caudal de información y de intertexto que sólo Villar Rojas logra poner de manifiesto con una eficaz singularidad, indagando en recursos propios del humor ácido y la ironía.

La performance y la provocación permanente del artista, los museos más reconocidos del mundo occidental como mecas de la consagración, y las siderales cotizaciones de los actos más extravagantes forman parte de las situaciones que le dan forma a este relato que va transitando, uno por uno, los siete pisos del museo.

La figura de Doriss como artista tanático puede resonar como la de Stéphane Charbonnier, el director asesinado de la revista francesa Charlie Hebdo, o como una suerte del vernáculo Fernando Peña, por su obsesiva provocación a los cánones establecidos del progresismo argentino y por su mordaz ironía como forma expresiva y modo de vida hasta la muerte.

"El imperio de lo frágil" es un permanente bombardeo de información que durante dos horas no da respiro. Poco importan en este caso el nivel de las actuaciones, es una obra performática que funde la historia narrada con las muestras e instalaciones del Macro. El aquí y ahora del teatro en un santuario de las artes visuales, con un mínimo rompimiento de la cuarta pared.

En esta nueva apuesta que envuelve lo performático con lo irónico, Sebastián Villar Rojas incursiona en el cruce total del teatro con las artes visuales en una escena móvil, dinámica, astuta y pretenciosa que logra poner a la escena rosarina en un punto de fuga y apertura: retoma la realidad social de nuestro tiempo, la procesa en un plano simbólico e indaga en nuevos mecanismos que aportan al teatro local.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS