Escenario

El hombre que podía mirar lejos, pero veía demasiado

"El hipnotizador", sin deslumbrar, tuvo un aceptable debut por HBO. Buen tratamiento de la imagen y logrado rol de Leonardo Sbaraglia.

Martes 25 de Agosto de 2015

Alguien apunta con un arma a Arenas. Es un hombre que irrumpió en su departamento y parece decidido. Desquiciado, tiene los ojos inyectados en sangre, y cuando está a punto de matar al hipnotizador, éste le dice unas palabras que modifican su decisión. Al instante cambia la posición del arma y la pone en su sien. En la escena siguiente, Arenas abandona el hotel y ya desde la calle oye un disparo. El victimario fue víctima. Así comenzó el domingo "La cinta amarilla", primer capítulo de "El hipnotizador", la nueva serie de HBO protagonizada por Leonardo Sbaraglia, en un debut como para ilusionarse.

Basada en un comic de culto homónico de Pablo De Santis, "El hipnotizador", que va los domingos, a las 21 (con varias repeticiones en los canales de la misma señal), es la primera producción bilingüe de HBO, edición latina. La ficción, filmada en Montevideo, respeta el pulso de los textos de De Santis, aunque dista un poco del espíritu de un comic.

Arenas (muy creíble rol de Sbaraglia) es un hipnotizador de pocas palabras. No soporta que un conserje de hotel se meta en su vida y tampoco le gusta explicar demasiado por qué no puede dormir por las noches. Aunque no logra resolver cuestiones tan básicas cómo la de su propio sueño, sí puede hurgar en los sueños de otros.

Allí es cuando aparece una joven que cada noche, desde niña, tiene pesadillas con un hombre con cabeza de pájaro. Ella le pide ayuda a Arenas para que revele ese secreto mediante la hipnosis, pero el hipnotizador le dice que le dará una mano sólo si es voluntaria en su función. Pero cuando Arenas está a punto de resolver cuál es su problema, alguien dispara sobre el escenario, se suspende la función y también se trunca la resolución de la incógnita de la joven.

La incógnita se resolverá (conviene no revelarla para quienes quieran verla por internet) y el capítulo cerrará de un modo demasiado redondito, quizá. "La vida en el teatro es más difícil que el teatro de la vida", dirá el conserje del hotel tras aquel incidente en la sala. Efectivo, pero demasiado armado para el concepto de esta ficción. Con todo, la propuesta atrapa por su buen tratamiento de la imagen, porque no afecta al relato el hecho de que hablen en portugués y en castellano, y porque todo indica que en los sueños de Arenas hay mucho más por descubrir.

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