Escenario

El guitarrista que seduce al público sin depender del hit

Luis Salinas ofreció el domingo un show impecable en el nuevo espacio del Complejo Cultural Atlas. Un experto en generar climas

Martes 20 de Marzo de 2018

Luis Salinas acaricia las cuerdas y el público entra en estado de gracia, como si estuviese en trance. Eso pasó en la noche del domingo en el nuevo y cómodo espacio del Complejo Cultural Atlas, que lució colmado ante la presencia del virtuoso guitarrista, quien junto a su banda ofreció un show cálido con un repertorio integrado de perlitas de su amplia discografía.

Fenómeno extraño el de Salinas. Porque sin ser un artista de esos que convoca para que toque "una que sepamos todos", siempre se las arregló para captar la atención de su gente.

Elogiado por músicos de la talla de George Benson, Tomatito y hasta Baden Powell, Salinas hace de la versatilidad su mejor arma. Y así lo hizo en el escenario del Atlas, junto a su hijo Juan también en guitarras y una sólida base de bajo y percusión.

"Todo lo que hace, lo hace bien" comentaba un pelado cincuentón que peinaba canas al salir a fumar un cigarrillo en el intermedio del recital. Y tenía razón. Porque en esa primera mitad, tocando guitarras eléctrica, acústica y criolla, hizo una aproximación a la fusión desde una interpretación cuidada y sentida.

Pero fue en la segunda parte cuando explotó todo su potencial. Y aquí es cuando se insiste en esa metáfora del trance. Porque mientras toda la gente comía en decenas de mesas dispuestas en la planta baja y en la planta alta, no se sintió el ruido de un solo cubierto, ni una copa, ni un murmullo cuando la música fluía del escenario.

Uno de los puntos altos del show fue el homenaje a Paco de Lucía, con swing flamenco y una letra quizá demasiado simple, pero suficiente para tocar el punto sensible del público. La noche fue ganando en intensidad y empezaron a aparecer los duetos con su hijo Juan, quien alternativamente le contestaba con punteos las preguntas armónicas de papá Luis y hasta hacían juegos de voces con los tarareos que ya son clásicos en su música.

Una bossa por aquí, un tanguito por allá, en un mix intimista a solas con la guitarra criolla en el que brilló su versión de "Uno", y ese aire jazzeado que suelen sobrevolar las melodías de Salinas.

Rosario volvió a aparecer en escena en las palabras de Luis, con el recuerdo de cuando conoció a quien luego sería la mamá de Juan en un boliche llamado La Puerta, en la previa de "Todavía quedan cosas", tema que abre el disco de 2001 titulado justamente "Rosario". Con la impecable colaboración en guitarra eléctrica de Palmo Addario, el show llegó a su clímax, con la gente haciendo palmas de pie y tarareando a la par de Salinas. Aún quedaba el bis de pulso rockero, pero la noche estaba sellada. Y sí, Salinas lo hizo de nuevo.


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