Escenario

"El folclore de los 60 fue imbatible"

Facundo Saravia admira a la gente "que muere con la suya". Dice que el 80 o 90 por ciento de los folcloristas actuales hacen un poquito de pop, de melódico, de zamba y de chacarera y que "es...

Viernes 27 de Septiembre de 2013

Facundo Saravia admira a la gente "que muere con la suya". Dice que el 80 o 90 por ciento de los folcloristas actuales hacen un poquito de pop, de melódico, de zamba y de chacarera y que "es una mezcla". Asegura que no hace falta vestirse de gaucho para ser folclorista, pero que "tampoco es hacer un poco de todo". Critica a los que son "pura palma y pura arenga", porque hoy "si no cantás al palo desde que entrás hasta que te vas, tu show pasó inadvertido".

El autor e intérprete, integrante de Los Chalchaleros durante dos décadas, presenta "Rasgos naturales", un disco editado en 2011 pero que nunca lo pudo mostrar en vivo en Rosario hasta hoy, a las 21.30, en Plataforma Lavardén, Sarmiento y Mendoza. Con tono polémico pero con mucha humildad, Saravia grita "adentro" y no se calla nada, como debe ser.

—¿Cuáles son tus rasgos naturales?

—Los propios, los míos, el de ser un agradecido a la vida, ser un tipo buen amigo de mis amigos, buen compañero de trabajo, qué se yo, un tipo común y silvestre. No me considero un artista tampoco, me considero un tipo que tiene la suerte de cantar y hacer lo que le gusta, pero creo que un rasgo natural es el agradecimiento por todas las cosas que me han pasado. En el balance general de mi vida, esas cosas han sido más positivas que negativas, por supuesto.

—En este disco hiciste 10 ritmos distintos en 14 temas. ¿Fue deliberada esta variedad o simplemente surgió?

—Totalmente, tuve la intención de hacerlo así, trato de armar mis discos desde ese lugar. Cuando cantaba con Los Chalchaleros éramos varios los que opinábamos y lo que hacíamos era un folclore más bien del noroeste argentino, nos movíamos sólo con algunos ritmos folclóricos. Pero en este caso, como solista, me le animo a una milonga, a un chamamé, a una chamarrita, puedo cantar diferentes ritmos que antes no abordaba con Los Chalchaleros, y me gusta que haya un hilo conductor con lo más amplio posible de la música folclórica.

—Hay un huayno de "Rasgos naturales" en el que cantás "por lejos que vaya siempre conmigo andaré" ("Vaya a saber"). ¿Es una manera de ratificar tu identidad?

—Y sí, es como que no te podés escapar, porque siempre estás con vos (risas). Mirá, en algún punto soy un agradecido de haber cantado con Los Chalchaleros y todo, pero también tengo ese prurito de tratar de seguir siendo yo y de hacerme valer por las mías. Nunca me he aprovechado ni para buscar un mejor horario o lugar por haber sido hijo de uno de Los Chalchaleros (Juan Carlos Saravia) y por haber cantado en Los Chalchaleros. Siempre me gusta pelearla por las mías y en este caso, en estos discos, trato de ser yo, bueno o malo, pero yo, desde mis entrañas, morir con la que yo creo, y no ponerme a cantar "La cerrillana" o "Lloraré", porque con eso logro un aplauso fácil, yo voy un poquito más allá.

—¿Vos lo llevás como un mochila pesada el paso por Los Chalchaleros o como una gran experiencia en tu vida?

—No, fue una gran experiencia, aprendí muchísimo. Fue un momento de mi vida que compartí escenario con Atahualpa Yupanqui, Eduardo Falú, Ariel Ramírez, Los Hermanos Abalos, de repente me vi en un lugar cantando con los máximos exponentes. Por ejemplo estuve en el Colón, cuando cantamos con Los Hermanos Abalos, o con el maestro Yupanqui en el aula magna de Harvard, vos imaginate lo que fue para mí estar cantando en el grupo de mi papá y además estar compartiendo escenario con Yupanqui. Esos tipos me trataban como un par, una vez, en el Colón, me dijo Adolfo Abalos: "Disfrutalo, este también es tu momento". Eso demuestra la grandeza de estos tipos, que confiaban en uno, y te pasaron a tratar como a un colega.

—Fijate los nombres que me nombraste, ¿considerás que hay actualmente un recambio en el género, que pueda empardar las figuras citadas?

—Mirá, creo que hay algo que es imbatible, no creo que pueda volver el nivel de folclore que había en la década del 60, ni en grupos, ni en intérpretes, ni solistas, ni dúos, cuartetos, autores ni compositores. Hemos vivido un momento mágico, yo era chico y se agotaban las guitarras en todo el país, y me acuerdo que se traían de afuera. No me cabe duda que hoy hay autores, pero muy poquitos; no me cabe duda que hay buenos folcloristas, pero muy poquitos, porque hoy el 80 o 90 por ciento te canta un poquito de pop, de melódico, una zamba o una chacarera, es una mezcla. Nunca creí en el folclorista de traje de gaucho, a caballo y de mate, no hace falta que tengas eso para ser un folclorista, pero tampoco es hacer un poco de todo.

—¿Lo tuyo es un folclore que respete lo tradicional pero que vaya por una apertura?

—Escucho mucho a Santaires, me encanta Laura Albarracín, Mónica Abraham, no sé si se conocen mucho, pero cantan de la puta madre, y admiro de ellos que mueran por la suya, no te transan una canción comercial ni en pedo. Cantan lo que sus vísceras dicen, lo que hay que cantar, mueren con la de ellos, y yo admiro ese tipo de gente porque tienen una conducta, una manera de ser a la hora de elegir repertorio. Además cantan cosas muy difíciles, para entonarlas e interpretarlas, hacen cosas grossas.

—¿Aparte de los que nombraste, qué referente de trayectoria te marcó asociado a una búsqueda en lo folclórico?

—Y...yo aprendí a escuchar a un (Raúl) Carnota, y a disfrutarlo, tipos como él le dan una vuelta de tuerca distinta a la que había. Fijate que él toca folclore, pero toca otra cosa. Yo estaba con Los Chalchaleros, y decía: «este toca lo mismo, pero de otra manera, ¿qué está tocando este tipo?». Es que no hay una sola lectura del folclore. Lo que sí te digo es que hoy, dentro de un ámbito como es Cosquín, pueden llegar folcloristas y tipos que tocan de todo un poco, que dicen «yo también canto folclore» y cantan un poquito de folclore, otro poquito de pop, de melódico y te hacen un jingle, eso es lo que está pasando hoy.

—Y por lo visto a vos no te copa demasiado.

—No me copa porque creo que hay pocos tipos en este país que pueden cantar de todo, no sé, te digo un Jairo, o una Mercedes Sosa, y quizá algunos más, pero no todos. Lo que siento es que hay otros que son pura palma, pura arenga y hoy si no cantás al palo desde que entrás hasta que te vas, tu show pasó inadvertido. Y entonces no tienen lugar la música de Cuyo, la patagónica, porque son músicas para escuchar, más relajadas, y hay géneros como la tonada, la milonga o las polcas, que no tienen lugar, porque la gente quiere otra cosa porque hoy se muestra otra cosa, los cantores muestran otra cosa.

—Cuando te referiste a Carnota dijiste que tocaba lo mismo pero hacía otra cosa, ¿cómo se logra eso que suena un tanto contradictorio?

—Es como Maradona, todos juegan al fútbol, Maradona también, pero es distinto, tiene algo que lo otros no tienen. Bueno, Raúl (Carnota) llegó a tocar a Cafayate, hace muchos años, y vino con un piano Yamaha eléctrico cuando nadie lo había llevado en su vida. Fue la primera vez que vi tocar folclore con piano eléctrico, todo enchufado, y fue con Carnota.

—¿Vos no te animás a un folclore más eléctrico?

—Y mirá, en el próximo disco, "Tierra Salta", que está próximo a salir, sigo jugando con diferentes ritmos, hay un huayno, un bailecito, una chamarrita, e incluso un candombe, que hasta ahora nunca había hecho. Tengo mi guitarra enchufada y tengo bajo, pero a lo que no me animo es a la guitarra eléctrica, porque no la sé tocar. En ese disco tengo tres temas con batería, y ahí también me animé a algo distinto, porque hasta ahora siempre había tocado sólo con percusión.

—En este último trabajo también se ve un perfil tuyo que se corre de lo meramente paisajista, porque hay temas que piden la igualdad social y otros con perfil ecologista, más allá de aquellos que hablan de amor y desamor.

—Mirá, cuando escucho una canción que me gusta lo que dice, que tiene que ver con el espíritu de lo que me gusta cantar o mostrar, las tomo, y así me pasó con "Como el ñandú", que es ecologista, o "La vida los vio", que habla del final de una historia de amor, es que me separé y ése también soy yo, es un disco que tiene rasgos naturales por todos lados.

Los Chalchaleros en el recuerdo de los fans

  “Si no hago un bloque de Los Chalchaleros es como que reniego, y si hago mucho me aprovecho. Siempre tengo que buscar el término medio”, así se refirió Facundo Saravia sobre su presente en los shows, en donde nunca faltan los fanáticos del consagrado conjunto folclórico que reclaman los clásicos. “Discográficamente, salvo La nochera, que la grabé en el primer disco como homenaje a Los Chalchaleros, y más adelante también grabé La sanlorenceña, después no recuerdo haber grabado otra canción que sea del grupo”, dijo Saravia. Los Chalchaleros se formaron en 1948 y se separaron en 2003. Facundo Saravia tocó en las últimas dos décadas del grupo oriundo de Salta que dejó una marca indeleble en el género folclórico.

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