Escenario

El festejo de un maestro del tango rosarino

El artista celebra 25 años de un espectáculo que reúne a más de 40 artistas locales e internacionales.

Sábado 22 de Septiembre de 2018

"Esto se siente o no se siente. ¿Cómo te puedo enseñar el amor?", reflexionó El Duende Ruiz Díaz, el bailarín de tango rosarino que le saca viruta al piso desde hace más de cinco décadas. El Duende, maestro de bailarines y artista distinguido de la ciudad, descubrió el tango a los 9 años y nunca más lo dejó. Ese amor a primera vista que surgió en un baile en la calle del barrio República de la Sexta lo acompaña hasta hoy. A punto de cumplir 70 años, celebra los 25 años del espectáculo "El tango y sus bailarines", hoy, a las 21.30, en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza), un show con más de 40 artistas en escena, música en vivo del grupo Calgaro-Santoro y el cantante Alejandro Mustafá, además de reconocidos bailarines de escuelas locales y de trayectoria internacional.

El show debutó en 1993 en el mismo escenario en el que esta noche celebra su cuarto de siglo y, que según contó, encontró su lugar gracias al periodista y director teatral rosarino Walter Operto que les ofreció el espacio. "Hace 25 años eran muy poquitos los que andaban con el tango, eran tres o cuatro profesionales y pará de contar. Salimos a recorrer unas milongas del suburbio para buscar bailarines porque ya no se bailaba tango. Si veíamos algún veterano que bailaba bien, le ofrecíamos actuar. Con otras cuatro parejas profesionales más, armamos el espectáculo", recordó.

Desde aquel comienzo a puro pulmón y pasión por su trabajo, "El tango y sus bailarines" se transformó en una propuesta con artistas de varias generaciones. "Hoy tenemos parejas que tienen trayectoria internacional, inclusive viene de Europa el bailarín Ricardo Calvo, y otros como Diego Pérez y Soledad Cantarini, Germán Ruiz Díaz, con trayectoria internacional. Ahora se presentan varias escuelas de tango, como las de Marisa Talamoni, Claudio Omar y María Verónica, Florencia Albano, Omar Sánchez y otras. En este espectáculo habrá bailarines profesionales, milongueros y gente que aprende tango. La damos la posibilidad a gente joven que cultiva esta disciplina de participar en este espectáculo que crece todos los años", comentó.

"El que es tanguero de alma no lo abandona jamás. Ahora que está la juventud, tenemos el futuro asegurado", dijo convencido el bailarín sobre ese crecimiento marcado por el traspaso de la posta a una nueva generación. Y lo rubricó con una afirmación: "El tango siempre fue de los jóvenes". El Duende se basó en su propia experiencia para sostener esa pertenencia que se puede comprobar en Rosario donde "hay un movimiento impresionante de tango", algo que puede ver a través de su labor docente, tanto en los clases que imparte en Plataforma Lavardén hace 15 años junto a su esposa Alicia Pasquinelli o en el Centro de la Tradición "El Hornero", desde hace tres décadas.

Aunque lo practica desde muy joven, el baile fue algo que cultivó a pesar de las modas. "Yo nací en la periferia. Vengo de la República de la Sexta. Había un club que se llamaba Club Atlético y Sportivo Cualquier Cosa. Se hacía un baile en la calle para festejar la semana de la República de la Sexta. Ponían luces de colores e improvisaban un escenario adornado con hojas de palmeras, se hacían carreras de embolsados, de bicicletas y rubricaban con una milonga que con los años se cortó porque siempre había una muerte, cosas de la época. Ahí, a los 9 años, me enamoré del tango cuando ví bailar una pareja y no sabía que se llamaba tango. Mis amigos me decían que me quería hacer el viejo porque bailaba tango, pero el tango siempre fue de los jóvenes. Fue una música transgresora que empezó con los jóvenes. Y hoy por suerte la juventud lo vuelve a tomar y por eso está asegurada su existencia. Como puro guapo se ganó su lugar como patrimonio de la Humanidad. Y también es una apertura laboral. Creo que no tendría que haber ningún argentino que no sepa bailar el tango", consideró.

Sobre aquellos primeros años de descubrimiento del género, recordó: "En mi adolescencia era la época del hipismo, del Club del Clan, y la juventud tomaba otra moda. En mi juventud estaba tan absorbido con el tango que me arrimaba a los más veteranos para que me contaran la historia del tango, de guapos, y pensaba por qué no nací en el 1900... Estaba enloquecido, hasta me vestía con pantalón bombilla, zapatos con taco y pañuelo al cuello, cuando los otros andaban con los pantalones Oxford", recordó.

Maestro de bailarines, dijo que "cualquiera puede bailar. La onda de bailar es visceral, de adentro. Podés ir a una milonga y si tenés un conocimiento te vas a dar cuenta quién es bailarín y quién no", explicó, y en ese sentido añadió: "Esto se siente o no se siente. ¿Cómo te puedo enseñar el amor?. El amor lo sentís o no lo sentís. Es como enamorarse. ¿Cómo puedo hacer que te enamores?".

El artista también mancionó el lugar destacado que tiene la mujer en el tango. "La mujer ocupa un lugar muy importante. El hombre de antes siempre nombraba más al bailarín, era el dominante. Hoy la cosa se va nivelando, hay un 50 y un 50. Es muy importante el rol de la mujer porque si no tenés una buena pareja... El hombre sobresale también gracias a la mujer. Hay parejas de tango importantes, famosas, que se separaron de sus parejas y los hombres empezaron a bailar con otras mujeres y no era lo mismo".

El Duende fue primer bailarín del grupo de Victoria Colosio, una de las maestras de tango más destacadas de Rosario, una maestra a la que recuerda con afecto y admiración. "Le debo muchísimo. La conocí en un piringundín en el que yo bailaba profesionalmente y una noche aparece ella cuando termino el show y Victoria empieza a bailar sola un tango de Piazzolla. Me conmovió tremendamente y quedé enamorado de su arte. Y a ella le pasó lo mismo. Ella estaba en un programa de televisión y al otro día me invitó a participar del programa. A partir de ahí me hice amigo de ella y comencé a ir al lugar donde ella daba clases y pasé a ser el primer bailarín de su grupo Casa 9. A partir de conocerla vinieron los teatros, los viajes. Le debo muchísimo. Fue una mujer que hizo muchísimo por el tango. Vivía comiendo una manzanita y sin embargo cuando tenía una moneda en lo único que pensaba era cómo hacer cosas con el tango. No me cansaría de hablar de ella y estoy eternamente agradecido con esa mujer que me dio tanto, aunque ella siempre me decía que no me enseñó nada. Pero aprendí mucho al lado suyo, además de tener su aprecio, su cariño y la admiración que yo sentía. Creo que verla bailar a Victoria era una de las cosas más lindas que me dio la vida. Te emocionaba verla", completó.

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