Escenario

El éxito implacable de una obra que regresa en su segunda gira

"Toc Toc", sigue su gira arrasadora por Argentina. Ahora regresa a Rosario para dar funciones desde hoy y hasta el domingo en el céntrico teatro Fundación Astengo, en  Mitre 754.

Jueves 07 de Agosto de 2014

"Toc Toc", sigue su gira arrasadora por Argentina. Ahora regresa a Rosario para dar funciones desde hoy y hasta el domingo en el teatro Fundación Astengo (Mitre 754). El elenco renovado -ingresaron Ernesto Claudio y Maida Andrenacci en dos potentes personajes que estaban a cargo de Claudio Da Passano y Malena Figó- se presentará esta noche a las 21; mañana y pasado mañana, a las 21 y las 23, y el domingo, a las 20.

La pieza, que estará nuevamente la semana próxima para luego seguir de gira por Córdoba y otras provincias, propone, según Claudio, un reflejo amplificado de algunas manías con las que el público se identifica en una trama en la que seis personajes se encuentran en la sala de espera de un sicólogo. Y el actor confesó identificarse con una de ellas: "Soy un histérico del orden absoluto", reconoció con humor el actor de cine, teatro y televisión que se lució en películas como "Luna de Avellaneda" y en tiras como "Chiquititas", "Herederos" o "Amor mío".

—¿Qué encuentra el público en esos personajes para darle ese apoyo tan masivo?

—El público se identifica de alguna manera. Muchas veces cuando lo hacemos uno escucha comentarios. Yo tengo dos de esos síndromes: soy histérico del orden absoluto, a mis hijos le rompo... hay un cuadrito que está mal puesto y no puedo vivir (risas). Me identifico, pero no tanto como estos personajes que lo sufren. Después hay una zona gris, de desconocimiento, que uno no sabe porqué funciona. Funciona porque la gente la pasa bien, se ríe y está el boca en boca. Si no sería fácil hacer un éxito y lo haríamos todos. Pasa cada tanto un espectáculo que funcione así.

—Estabas haciendo teatro cuando te llamaron para este trabajo...

—Sí, estaba terminando en el Cervantes la obra "Miembro del jurado" que nos fue muy bien, y estaba terminando una tira para Jair Dori, "Señales", que la están dando ahora por Canal 7. Y antes hice hice una película de Diego Recalde, un delirio total, "Tenemos un problema Ernesto".

—Hay trabajos tuyos muy presentes como el de "Luna de Avellaneda", y otros en tiras de alto impacto, como "Chiquititas", "Herederos", "Amor mío", pero en general tenés bajo perfil...

Sí eso fue increíble (por "Luna de Avellaneda"), hasta hoy la veo y me gusto yo, que uno se da con un caño siempre. Se ve que está bien hecha, pero ahí tuvo mucho que ver (Juan José) Campanella, que es un capo. Tengo unos años y a esta altura me hace falta un poco más de tiempo para mí y para mis hijos. Cuando uno es más joven se lanza más, pero ahora lo tomo con un poco más de calma. Igualmente tené en cuenta que esto sube y baja. Estamos bien hoy, y dentro de un año estamos pidiendo trabajo, pero hace unos cuantos años que la continuidad está conmigo y eso es bárbaro. Para un actor tener trabajo garantizado durante todo un año ya es una gloria.

—Según estadísticas, Argentina es uno de los países de mayor cantidad de sicólogos por habitante, lo que puede explicar en parte el fenómeno de la obra que lleva varios años en cartel, las giras, las diecisiete funciones de Córdoba y las treinta anteriores de Rosario. ¿Qué hace que la sociedad tenga esa necesidad de analizarse? ¿Falta un punto de pragmatismo?

—Sinceramente creo que, y por ahí te voy a decir una barbaridad, es que somos demasiado pensantes. A veces las cosas tienen que ser mucho más simples. Los argentinos, en general -en general, estoy hablando- siempre buscamos como una vueltita y por ahí esa búsqueda de pedir ayuda en otro lugar es por cierto afán, y por ahí es una tontería lo que digo, pero puede ser por cierto afán de perfeccionismo, de estar ahí arriba, en el top. Y a veces uno tiene que comprender que hay cosas que puede hacer y otras que no puede hacer. Es como en el teatro. Si me llaman para hacer Puck, en "Sueño de una noche de verano", no puedo porque mido 1,90 metro. A veces somos un poquito complicados.

—Lo curioso es que la obra propone justamente la posibilidad de que el paciente resuelva solo sus problemas...

—Cuando ellos se empiezan a dar cuenta que pueden solos, hay un texto mío que dice "¿Y si el problema de esto fuera justamente ese, no pensar tanto en nosotros mismo, sino en ayudar al otro?". Instantáneamente pensando solamente en el otro, y no solo en uno mismo y sus problemas, soluciono lo que me aqueja, y esa es la idea de la obra también.

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