Escenario

El eterno resplandor de una vida turbulenta

Protagonizada por pablo razuk, la obra que cuenta la historia del padre mugica, se estrena hoy en la comedia

Sábado 02 de Mayo de 2015

Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, más conocido como el Padre Mugica, fue asesinado luego de dar misa, en mayo de 1974. Fue un sacerdote y profesor argentino vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y a las luchas populares de las décadas del 60 y 70, además de fundador de la parroquia Cristo Obrero de la Villa 31 de Retiro. Acercando lo textual a lo testimonial y el testimonio a lo confesional, y restituyendo la metáfora y el mito de un "obrero de la fe", surge la obra "Padre Carlos, el rey pescador", que se presenta hoy, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y cortada Ricardone). La pieza está escrita por Cristina Escofet (nominada a los premios Florencio Sánchez y Trinidad Guevara 2014 como mejor autora nacional), dirigida por José María Paolantonio, protagonizada por Pablo Razuk y cuenta con la música en vivo de Sol Ajuria y Javier Nahum.

La obra comienza con el Padre Carlos herido en una pierna, recostado en uno de los bancos de iglesia de un recinto atemporal, donde comienza a contar su historia, desde la narración de su última misa, donde fue ametrallado. Como en instantes de su memoria, mientras revive esa última escena, la de su muerte, irá recorriendo momentos. Su infancia de chico acomodado, su pasión por el fútbol, su elección de ser cura, su opción por Perón, sus convicciones dentro del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, los diálogos con el líder, sus contradicciones, el amor por Lucía, su temor a ser expulsado de la Iglesia, su misión social y su polémica con la lucha armada.

La obra intenta trabajar la memoria, desde lo político visceral, atravesando el dato aportado por la historia, componiendo latidos, pulsos personales y de la época. Además, la puesta tiene la particular intención de borrar los límites entre actor y espectador, que forma parte de la obra. "Este personaje encarna todas las contradicciones del ser humano", destacó Razuk, que participó de ficciones como "Montecristo", "Casados con Hijos", "Resistiré" y otros. Además, como director, dirigió obras como "Bang-Bang... y somos historia" y "Sospechosos", que hizo temporada de verano en Rosario.

—¿Cómo surgió la idea de poner en escena la historia del Padre Mugica?

—Estaba haciendo un unipersonal sobre Severino Di Giovanni, y en un momento, en medio de una gira, sentí que ya estaba cumpliendo un ciclo y empecé a ver qué me pasaba con otros personajes de la historia argentina. Estaba volviendo de Mendoza y de repente, vi una foto del Padre Mugica, empecé a investigar y me enamoré de la historia. Estuve siete años investigando, haciendo entrevistas, reuniendo material, tratando de meterme en la historia. Porque no es sólo contar la vida de un personaje argentino, sino también entender el contexto, que si bien no es cercano, tampoco es tan lejano. Los 70 se huelen bien próximos, de hecho, nosotros somos una consecuencia directa de los 70.

—¿Cómo llegó el libro a las manos de Cristina Escofet, nominada como mejor autora nacional premios Florencio Sánchez y premios Trinidad Guevara 2014?

—Antes de llegar a Cristina Escofet le había presentado la idea a varios autores, pero ninguno había podido captar el espíritu de lo que yo quería contar. Es decir, hacían hincapié en lo estrictamente político, o en lo religioso por su condición de cura, o en una enumeración de los hechos. Pero estaba vaciado de humanidad o de contradicciones, y sobre todo, de algo espiritual que yo quería contar. Y Cristina no solamente lo captó, también le dio una vuelta de tuerca maravillosa, de manera tal que la autora está nominada para varios premios. Le propuse que me escriba una obra sobre Mugica cuando estaba presentando una obra en mi teatro Korinthio y ella me dijo que no podía. Tanto Cristina como José María (el director) vivieron los 70 en carne propia. El esposo de Cristina tuvo muchos problemas con los militares. Eran épocas maravillosamente convulsionadas. Un día, Cristina me dijo: "Razuk, acá tenés el texto" y me lo tiró sobre la mesa.

EM_DASH¿Desde qué lugar abordan la historia?

—Estoy enamorado de esta obra porque no solamente cuenta la historia del Padre Mugica, sino que la cuenta desde el lugar que más representa, tanto de lo macropolítico histórico, social y religioso, como lo micro de ese hombre con sus deseos, sus contradicciones y temores. Hay algo de los patriotas y los héroes que nadie cuenta; que es cómo son de entrecasa. Cómo es el momento donde ese hombre al que se ve heroico haciéndole frente a los poderes, está solo en su casa con la almohada. Reconocer al otro como un hermano, no sólo desde la oración, también desde lo concreto. No sólo hay que llenar de palabras lindas el Facebook, también hay que llevar a la acción el deseo de ver al otro un poco mejor. Y de esa manera, uno siente felicidad cuando siente que pudo hacer algo por otro. Y ese es un camino que a mí me convoca desde hace tiempo.

—¿Qué destacás de la vida del Mugica que hizo que quieras interpretarlo?

Me cuesta hablar de personaje. La persona me pareció fantástica porque es un argentino que tenía todo para ser exitoso; venía de una buena familia, de clase alta, tenía una carrera por delante, era inteligente, tenía facha como hombre, las mujeres morían por él a pesar de ser cura, era una especie de galán de cine. Tenía todo para llevar una vida tranquila. Pero algo en él no le sonaba acorde y abrió los ojos, y vio una serie de realidades, que no tenían que ver con su bienestar, sino con la necesidad del prójimo. Y ahí todo tambaleó. Porque tenía que decidir si le hacía caso a lo que le decía su conciencia y su corazón, o si seguía con la inercia de ser parte de la herencia familiar y de un estrato social determinado.

—¿Qué desafíos tuviste a la hora de enfrentar este unipersonal?

—Lo que me gustó de este personaje es que encarna todas las contradicciones del ser humano en una edad determinada. Pero la diferencia es que Mugica fue consecuente con lo que su deseo decía, le hizo caso a lo que le pasaba y no se dejó ganar por una maquinaria. Como dice en el texto, "metió las patas en el barro todo lo que pudo". Y su acción fue tan necesaria y positiva, y tan molesta para ciertos poderes, que con cuarenta y pico de años, lo borraron del mapa.

—¿Cómo se hace para brindar un relato teatral sin que esté teñido de cuestiones políticas?

—Es imposible separar la política del corazón, de lo social y de los problemas económicos. La política es una consecuencia de todo eso junto, de las necesidades del ser humano. Pero no me apoyo en un panfleto político para bajar una línea ideológica. Yo trabajo entre el público, porque como Mugica iba a la villa, iba hacia la gente, pensamos con el director que la puesta tenía que ser entre la gente. No que el actor esté en el escenario como en una especie de altar, sino que esté rodeado de gente, que se los pueda mirar a los ojos, que pueda vincularse. Subo gente del público al escenario. Son testigos y parte, pero no se los va a molestar. A los cinco minutos que empieza la obra, ya me doy cuenta quién tiene adhesión política con él, quién piensa distinto, quién no sabe nada de política argentina. Me doy cuenta en los ojos. Hay algo mágico que a mí me enamora de esta obra: en la mitad de la obra, yo los miro a los ojos de nuevo, y están todos en un mismo tono, como si fuese la afinación de una orquesta. Siento que la gente entra en la historia y se va de viaje conmigo. Tengo unos finales de función hermosos. Mucha gente se queda a saludarme para el abrazo, no para el aplauso. Muchos me dicen: "Pienso distinto a este tipo, pero me siento tocado en mi sensibilidad más grande". Estoy teniendo una gratificación del público y de mis pares, fantástica.

—O sea que va a ser la primera vez que la obra se hace arriba de un escenario...

—Sí, vamos a ver qué pasa porque lo hicimos en mi espacio y en Canal 7, donde no hay escenario y armamos la platea alrededor del espacio escénico. Va a ser una experiencia nueva. A veces, en el escenario, estás metido en tu mundo, y el público es algo que está por allá. Pero acá, estás todo el tiempo acercándose a la gente. Entonces es fantástico porque uno se va alimentando de la energía del otro, te asienten con la cabeza. Te recicla la energía. Estoy muy feliz por llevar esta obra a Rosario. Si bien hace 19 años que vivo en la ciudad de Buenos Aires, Rosario sigue siendo mi casa y siempre quiero volver y agradarle a los viejos.

—¿Extrañás Rosario?

—Muchísimo. Extraño los bares de Rosario. El porteño está enojado desde las 7 de la mañana, en cambio allá todavía se respira otro aire. Extraño los espacios verdes y la cancha de Central. Rosario sigue siendo mi casa, y no descarto en el futuro volver a hacer base allá. Y ahora con el tren vamos a estar más cerca.

—Hace poco presentaste "Sospechosos" en Rosario. ¿Qué proyectos tenés para el 2015 como actor y director?

—Estamos planificando una gira con "Padre Carlos, el rey pescador" por el norte del país y Brasil. Además, estamos negociando ir a Madrid y Barcelona a fin de año. Además, empecé a dirigir una obra del rosarino Cacho Palma y otra de Patricia Suárez. En julio, también estaré haciendo una película. Y además, sigo con mi escuela de teatro.

—El Padre Mugica dijo "Ahora, mas que nunca, tenemos que estar todos juntos". ¿Hace falta un Padre Mugica hoy?

—Creo que sí. Igual hay un montón, pero son ignotos. Quizás porque si hacen mucho ruido, se los puede sacar del medio. Muchos trabajan de manera silenciosa. Muchos decidieron trabajar y concretar cosas fantásticas. La militancia joven se ha recuperado, más allá del partido. Mugica era una persona de clase alta, rubio de ojos claros, con familia tradicional. Y seguramente por eso estuvo tanto tiempo haciendo ruido, porque si hubiese sido un morocho de Tucumán, lo hubiesen sacado del medio mucho antes. Hay mucha gente que está trabajando y una de las cosas que predica la obra es que no hace falta hacer tanto alboroto para ayudar, uno puede hacer una pequeña colaboración, y el efecto expansivo hace que se vuelva algo maravilloso.

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