Escenario

El día en que Luciano Castro se convirtió en un deslucido escritor

Luciano Castro, protagonista de "Amor a mares", el filme de Ezequiel Crupnicoff que se estrena mañana en Rosario y en el que interpreta a un frustrado y deslucido escritor que se embarca en un crucero en busca de historias que lo inspiren para su nueva novela, rescató poder "mostrar un antihéroe, un personaje distinto al que siempre se ve en televisión".

Miércoles 14 de Noviembre de 2012

Luciano Castro, protagonista de "Amor a mares", el filme de Ezequiel Crupnicoff que se estrena mañana en Rosario y en el que interpreta a un frustrado y deslucido escritor que se embarca en un crucero en busca de historias que lo inspiren para su nueva novela, rescató poder "mostrar un antihéroe, un personaje distinto al que siempre se ve en televisión".

"Traté de aprovecharlo, de esforzarme actoralmente para rendir y que la gente pueda ver que también puedo hacer otras cosas, porque se me hace bastante difícil salir del papel de galán", admitió el actor.

Es que si bien actualmente se lo puede ver por la pantalla chica en la piel de un musculoso y aceitado boxeador que intenta ganarse el amor de la bella Celeste Cid en la tira "Sos mi hombre" (El Trece), Castro busca diversificarse y demostrar nuevas dotes actorales.

El propio Crupnicoff remarcó que "ofrecerle un papel a un tipo tan encasillado implicaba un desafío, es muy distinto a lo que él hace y había un riesgo en hacer algo a lo que el público no está acostumbrado y en un género distinto, pero en la vida él es más parecido a este personaje y eso me daba confianza".

Precisamente, en este filme que comparte con el "Puma" Goity, Paula Morales, Miguel Angel Rodríguez, Luisa Kuliok, Agustina Córdova y Nacho Gadano, Castro debió subir de peso, usar ropa holgada y desaliñada para componer a Javier Finn, un hombre deprimido detrás de unos cuantos litros de alcohol.

Es que, recordado como "una joven promesa" de la literatura, pero estancado en las huestes de una furibunda pena de amor, su agente literario (Rodríguez) decide embarcarlo —contra su voluntad— en un trasatlántico rumbo a Europa con el objetivo de que encuentre alguna historia que merezca ser llevada al papel.

Engaños y mentiras. Filmada en un crucero que durante 25 días y con más de 3.000 pasajeros navegó desde Buenos Aires hasta Venecia, esta comedia romántica adquiere ciertas —por momentos, forzadas— pinceladas de policial, cuando Javier queda metido en medio de una trama de engaños y mentiras que lo convierten en el protagonista de su propia novela.

Es que en la travesía Javier será un testigo involuntario de cómo Tomás (Gadano), su mujer Julieta (Morales), su amante Analía (Córdova) y Paloma (Kuliok), la apoderada legal de la embarcación coexisten sin saberlo durante toda la travesía.

"Julieta es una abogada que subió al crucero con su marido para recomponer el matrimonio que viene bastante en picada y pasa todo lo contrario porque descubre muchas mentiras y ahí lo conoce a Javier, con quien primero se llevan muy mal y después se terminan enamorando", explicó Morales sobre su personaje.

La semilla. Precisamente, consultado sobre el germen de esta película, Crupnicoff recordó que hace tres años "estaba filmando «Impostores», una serie con Leticia Brédice y Leonardo Sbaraglia cuyos últimos capítulos ocurren en un crucero y, contrariamente a lo que pensaba, no fue complicado filmar, fue alucinante y le imprimió algo en la imagen muy atractivo. Ahí apareció la semilla".

"El crucero me parece un elemento interesantísimo, porque se mete en la imagen y es parte de lo que quisimos lograr: que desde la locación la película fuera todo una aventura en sí misma", concluyó.

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