Hamlet

El clásico de Shakespeare sube a escena en La Comedia

El protagonista de la puesta, Alberto Ajaka, adelantó cómo es esta nueva versión de "Hamlet", el clásico de Shakespeare que sube a escena mañana en el teatro La Comedia

Sábado 22 de Septiembre de 2018

muchos conocen al célebre personaje que sostiene una calavera mientras plantea la pregunta eterna: "Ser o no ser, esa es la cuestión". Sin embargo, pocos pudieron acceder alguna vez a una representación en vivo de "Hamlet", el gran clásico universal de William Shakespeare. Ahora se presenta una gran oportunidad de hacerlo. Una nueva versión de "Hamlet" llega a Rosario para subir a escena mañana, a las 19.30, en el teatro La Comedia (Mitre y cortada Ricardone). Se trata de una puesta que se convirtió en un éxito en el Centro Cultural de la Cooperación de Buenos Aires, con un elenco de lujo encabezado por Alberto Ajaka, Leonor Benedetto, Antonio Grimau y Patricio Contreras. A ellos se suman Paloma Contreras, Sebastián Pajoni, Pablo Mariuzzi, Hernán Jiménez, David Masajnik y Sebastián Dartaryete. La traducción, adaptación y dirección es de Patricio Orozco, un estudioso del Bardo que creó y dirige desde 2011 el Festival Shakespeare de Buenos Aires, el primer festival shakespeariano de Latinoamérica.

Escrita en el siglo XVII, "Hamlet" es la tragedia del Príncipe de Dinamarca, quien se obsesiona con la idea de vengar la muerte de su padre, asesinado por su hermano Claudio para tomar posesión del trono y casarse así con Gertrudis, la reina. Con un plan de venganza como hilo conductor, la historia despliega sus tensiones a través de numerosos personajes que van mostrando sus dobleces, inseguridades y ambiciones.

Alberto Ajaka asume el gran desafío de interpretar a Hamlet. El polifacético actor que se hizo popular en la tira "Guapas" (2014) es un iniciado en el mundo shakespeariano. En 2006 escribió y dirigió su propia versión de "Otelo" y seis años después protagonizó "Macbeth", con dirección de Javier Daulte. En charla con Escenario, Ajaka explicó por qué esta puesta es fiel al texto original pero también incluye novedades y afirmó: "Hacer un Shakespeare o un Molière con un elenco profesional significa poner más plata. Por eso se representan poco".

—Vos estás familiarizado con el universo de Shakespeare. Así y todo, ¿qué desafíos te planteó esta puesta de "Hamlet"?

—Muchísimos. Conocer más sobre el universo de Shakespeare lo único que te genera son mayores responsabilidades e inquietudes. El enigma Shakespeare es tan profundo que lo único que uno puede lograr es entender (risas), y en el mejor de los casos devolverlo simplificado. Yo quiero devolver esa complejidad en la medida que pueda, teniendo en cuenta que uno como persona va pasando a otras etapas de la vida: yo no soy el mismo actor que hace unos años, tengo 45 años, soy un hombre ya (risas), y eso se va incorporando al laburo y a la mirada, la mirada del ser o no ser. Shakespeare desciende hasta la profundidad de lo humano con mucha humildad, y nos devuelve eso simplificado en una frase: ser o no ser. La mayoría de la gente no sabe qué sigue, pero lo que sigue es maravilloso y es revelador, porque contiene la reflexión sobre esa frase tan célebre. Es una frase sencilla pero ni simplona. Está cargada de una problemática. Mi trabajo es ponderar esa problemática o acceder por lo menos a arrimar el bochín a esos problemas del campo de las ideas. Yo siento que esta obra es un encuentro amoroso con Shakespeare.

—¿Qué diferencias encontrás con otras puestas de "Hamlet"? ¿Dónde está enfocada la mirada del director?

—Tampoco se hace tanto Shakespeare como para comparar. Eso es también lo que nos pasa. Esta es una puesta clásica, van a poder ver la obra completa, y aunque parezca mentira eso es una novedad. Para las generaciones más tempranas, o cuando yo accedí al teatro, el asunto del teatro clásico estaba resuelto. Cuando yo empecé a hacer teatro ya habían pasado 15 años de "Máquinahamlet" (obra del dramaturgo alemán Heiner Müller, estrenada en 1979, que presenta a Hamlet inmerso en un problemática contemporánea). En este caso a mí me sedujo la idea de hacer una puesta no tan cargada de lecturas y reelecturas. Esta es una aproximación más primigenia y sincera a la obra de Shakespeare. Claro que está hecha desde hoy, con los artilugios necesarios para que el espectáculo funcione, pero la obra, así tal cual, está para decirnos algunas cosas todavía.

—En una entrevista vos dijiste: "La obra es enorme pero no hay que solemnizarla". ¿Cómo quitarle a Shakespeare ese halo de solemnidad?

—Haciéndolo (risas). Si no nos quedamos siempre "en la idea de". El tema es que los clásicos no se hacen en escenarios grandes por un tema de producción. Hacer un Shakespeare o un Molière con un elenco profesional significa poner más plata. El teatro comercial resuelve esa ecuación de una manera más simple: las obras transcurren en un living y están escritas para cuatro o seis personajes como mucho. Las producciones grandes quedan, en el mejor de los casos, para la comedia musical o la ópera. De los clásicos se ocupa el teatro oficial, que por año estrena dos o tres obras en escenario grande, y eso es poco. Entonces, la solemnidad se da porque sucede poco, porque no es habitual. En Inglaterra Shakespeare se interpreta todo el tiempo, hay hasta un Hamlet interpretado por una mujer. Basta con entrar a las páginas web de los teatros de Londres para verlo.

—Hay gente que escucha la palabra "Shakespeare" y se asusta, piensa que está fuera de su alcance. Sin embargo esta obra fue un éxito en Buenos Aires...

—Sí, nos fue muy bien. Pero nuestro encuadre era un poco un híbrido. La sala de la Cooperación está en la calle Corrientes pero no pertenece ni al teatro oficial ni al comercial. Somos una cooperativa, es un sistema de producción. Es cierto que sala tiene un público habitual y eso ayuda, pero acá se ha dado el boca a boca. Igual el por qué del éxito no lo sé. Hay cosas que son muy buenas y no funcionan y cosas que son una porquería y funcionan muy bien. Que a algo le vaya bien no es una medida para mí. Igual es muy importante en términos de trabajo, y también está esa alegría de llegar al teatro y ver que hay gente.

—¿Cuál es el poder de esta obra? ¿Por qué pensás que se sigue revisitando cuatro siglos después?

—Lo explicaría con un texto que escribí para el programa de mano del teatro, que finalmente no salió. El texto dice: "Todos somos Hamlet. Y todas las demostraciones de dolor se parecen entre sí, gestos y lágrimas que aprendemos a imitar y que se pueden fingir. Sin embargo, lo que llevamos dentro, ese dolor inconmensurable, no se puede expresar más allá de nosotros mismos...". Lo bueno de esta puesta, además, es que está cargada de novedades. Acá se dice: no más ojo por ojo y diente por diente. En esta puesta Hamlet no mata a Claudio. Las explicaciones para eso son muchas. Hay un autor francés muy interesante, René Girard, que expresa que la novedad hamletiana tiene que ver con un político moderno. Es decir, Hamlet mata a todos pero decide no matar a su tío porque él es parte de ese linaje. Los problemas del Estado se resuelven en todo caso con más Estado. Eso es una novedad porque, más allá de que la pena de muerte se abolió hace mucho, siempre está el deseo de la justicia por mano propia. Yo creo que "Hamlet", aun en su complejidad, es para disfrutar. No todo perdura. Hay cosas canonizadas que deberían pasar a mejor vida, es cierto (risas). Pero no es el caso de "Hamlet".

Leonor Benedetto: "Hacer cosas que me den placer"
"A esta altura de la vida sólo quiero hacer cosas que me den placer", dice muy segura Leonor Benedetto. A los 76 años, la actriz que brilló en telenovelas como "Rosa de lejos" y Padre Coraje" se dio el gusto de interpretar por primera vez a Shakespeare en esta nueva puesta de "Hamlet". "Además del texto, me resultó muy interesante el director, Patricio Orozco: un señor que traduce, adapta y pone en escena una obra que originalmente está escrita en inglés antiguo se merece toda mi atención", comentó a Escenario. "Yo no tenía la menor expectativa ni de éxito ni de dinero con esta obra, y desde el estreno siempre hemos llenado la sala. Fue una sorpresa, sobre todo porque es un texto que tiene la tradición de ser difícil, muy culto, pero yo te aseguro que la gente se va de la sala habiendo entendido la profundidad de la obra. Eso es mérito del director", recalcó.
   Benedetto se pone en la piel de Gertrudis, reina de Dinamarca, viuda y madre de Hamlet. En esta puesta, el director buscó resignificar el rol de Gertrudis, que siempre fue reflejado desde un punto de vista masculino. "Hay dos personajes femeninos en la obra, Gertrudis y Ofelia (un ex amor de Hamlet). Gertrudis es profundamente solidaria con Ofelia, la cuida, la protege y llora su muerte. Es claramente el enfoque de una mujer sensible y solidaria para con otra mujer más joven", explicó la actriz. "También hay un dato que no revelaré pero que hace que Gertrudis, en la mitad de la obra, tenga un quiebre fundamental. Es un personaje muy potente", aseguró.
   Otro rasgo de esta Gertrudis señalado por la crítica es su "sexualidad exuberante". "Eso es también una marca de dirección. Y si a eso le agregamos una especie de mala prensa que tengo yo al respecto...", dijo la actriz entre risas. "La sensualidad es parte de mi historia profesional. No ha sido mi intención pero evidentemente sale", apuntó.
   En 2016 Benedetto regresó a la televisión con "Los ricos no piden permiso", pero ahora está más interesada en volver a dirigir teatro, porque su última experiencia en la pantalla chica le dejó un sabor amargo. "Antes hacías una diferencia económica sustancial trabajando en televisión, hoy no", comentó. "Además hay equipos de producción que no están a la altura de las circunstancias. Cuando terminás viviendo en situaciones caóticas y con gente muy poco informada de lo que es la profesión se hace difícil trabajar", disparó.

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