Escenario

El cine a oscuras y con desconocidos, pero en silencio

Lo dijo Susan Sontag, pero es algo con lo que muchos van a coincidir: "Para ser atrapado por una historia tienes que estar en una sala oscura rodeado de desconocidos".

Domingo 09 de Junio de 2019

Lo dijo Susan Sontag, pero es algo con lo que muchos van a coincidir: “Para ser atrapado por una historia tienes que estar en una sala oscura rodeado de desconocidos”. Parece una cruzada contra el steaming, Netflix y la mar en coche, pero no. Tiene que ver con un llamado desesperado a la sensibilidad. De pronto ir al cine se toma como una salida de esparcimiento familiar. Si vas con los chicos, desde ya que la peli la eligen ellos, y hay que pensar en el pororó, con o sin cheddar según los casos, la bebida cola más famosa, algún que otro paquetito de caramelos Mogul, que el nene más chiquito no llore en medio de la mejor escena y que el más grande no se te aburra y dale que va. Si vas con tu novia/novio, la peli se elige entre dos, puede o no haber pororó de por medio generalmente según las edades de los comensales/espectadores, y si es una primera salida el foco estará puesto en qué momento se dan el primer beso. Y no precisamente el de los actores de la pantalla, sino de los que están sentados en la butaca. En ambos casos, en el de la familia y en el de la pareja, la película sigue estando en un segundo plano (¿y el plano secuencia?), es decir, supuestamente por lo primero que se va al cine pasa a ser por lo último. Un día, un amigo fiel, esos que son como Osvaldito Zampa, que dejan la vida por vos en las más difíciles y no le importa salir en la foto en las más fáciles, me dijo: “A mí al cine me gusta ir solo”. La frase dicha fuera de contexto parece salida de boca de un tipo jodido, retorcido, hosco, huraño. Pero no, el amigo este, que podría ser un tipo cualquiera, es un amante del cine. Es el que se enoja si el de al lado está dale que te dale con el ruido del paquetito de caramelos, es el que odia que el de la butaca de al lado atienda el celular en la escena del beso, es el que se irrita si al empleado del cine se le ocurre abrir la cortina cinco minutos antes de los títulos finales. En definitiva, el cine es para ver en el cine y, como dice Sontag, es ideal si ocurre en una sala oscura y con desconocidos. Pero eso sí, el silencio permite que el latido de los corazones se oiga en primer plano.

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