Escenario

"El cine es como un búnker donde la gente viene a refugiarse y ya no se siente sola"

El exhibidor encabeza el Madre Cabrini, que hace 25 años cumple una gran función social

Sábado 31 de Mayo de 2008

En vez de una pelota tenía un proyector con el que le pasaba películas de papel a los chicos del barrio Tiro Suizo, el mismo que le daba nombre al cine de San Martín y Anchorena. Fascinado con el séptimo arte fue a meter la nariz en la sala de máquinas y terminó siendo su proyectorista. Debutó en 1960 con el doble programa "Norman recluta" y el western "Turno para morir". En 1965 y con la salida al aire de Canal 3 se ocupó del material fílmico (en esa época no había video) y en el 67 fue, junto a los hermanos Nieto, su primer camarógrafo cuando se inauguraron los estudios. En el 70 se hizo cargo del ya mítico Microcine Arteón de calle Sarmiento y en abril del 83 del cine Madre Cabrini. 25 años después, Jorge Debiazzi explica el motor de su pasión: "Yo quería que la gente viera cine". Y lo consiguió con creces. Hoy la sala de avenida Pellegrini exhibe películas de ayer y de hoy que aglutinan a aquellos amantes de la pantalla grande, a veces con poco poder adquisitivo, al punto de darle entidad al llamado "cine social", un espacio que "es un búnker donde la gente viene a refugiarse y ya no se siente sola", ilustró Debiazzi.

—¿Cómo convirtió un cine de colegio en una sala reconocida?

—El Madre Cabrini era un cine de colegio que funcionaba sábado y domingo solamente. Después hablé con las religiosas para saber si era factible hacer un ciclo de cine para mayores. En julio empezamos con la propuesta nocturna, siempre sábado y domingo. Después como por contrato tenía el salón viernes, sábado y domingo, entonces apareció la posibilidad de pasar viejo cine y empecé con el Cine para Recordar solo los viernes, cuando recién aparecía el video. Después del viernes pasó a ser martes y viernes y luego toda la semana. A partir del 93 aparece con el Encuentro Nacional de Coleccionistas de Cine el ciclo de Cine para Recordar. Después le pusimos Cine para Volver a Ver porque dábamos en un horario las películas viejas y en el otro las nuevas.

—¿Es verdad que el horario lo modificó la gente?

—La misma gente mayor pedía que las películas se exhibieran temprano, cerca de las 19 o 20. Entonces yo tenía después la posibilidad, a las 21.30 o 22, de poner una película más reciente y es ahí donde pude enganchar al público joven, y más el de las facultades. En esa época el bono contribución valía un peso y la cosa era un poco irrisoria. Pero yo lo que quería era que la gente viera cine. Al poder hacer proyecciones en video empecé con algunos ballets, conciertos, entonces fui abriendo el abanico. Hoy en la programación hay cine variado para todos los gustos.

—Ya son famosos los conciertos de Andre Rieu.

—Llevamos cuatro años proyectándolos. La gente sale reconfortada. No termina de salir y te está preguntando cuándo viene el próximo. Ese tipo de espectáculos de música es para ver y también para escuchar.

—¿Cómo se lleva con el cine comercial?

—No me gusta. Lo estamos viendo semanalmente con los estrenos, que acá se ven con mucho atraso por el poco tiraje de copias. Hasta que Buenos Aires no baja su primera línea, no vienen para acá. Pero el mayor enemigo fue la piratería. Y de pronto todos estamos muy contentos por la aparición del DVD porque se ganó en calidad de imagen y sonido pero también internet genera la posibilidad de que la gente baje películas. Muchas veces antes del estreno.

—¿Y cómo se lidia con eso?

—El cinéfilo sigue yendo al cine por la pantalla grande, mientras exista la atracción que ella produce todo seguirá fantástico. Hoy se busca que el individuo se quede en su casa y se habla de estrenos simultáneos en cine, videos, cables con sistema pay-per-view. Desaparecerá eso de ver la imagen únicamente o por primera vez en el cine.

—¿El Madre Cabrini es un cine social?

—Nosotros tenemos un público cautivo. Hay gente que va todos los días. Y hay gente que ha empezado yendo sola, mujeres y también hombres, y ya se reúnen en el hall o en la colita. Yo digo que el cine es como un búnker donde la gente viene a refugiarse y ya no se siente sola.

—¿Cuáles son los criterios de programación?

—Cuesta muchísimo remar en este ambiente. No hago ciclos, voy buscándole la vuelta como aquel que va al río a pescar, a ver si pican.

—¿La gente pide cosas?

—Sí, me han dejado listados enteros de películas para ver si se pueden conseguir. A mi me reconforta mucho la otra parte, con esta gente que está siempre al pie del cañón. Es como si fuéramos exageradamente una familia, además de trabajar con mi esposa. Tratamos que la gente se sienta cómoda porque con esto nadie se llena de oro. El Madre Cabrini hoy tiene un lugarcito y mucha gente te agradece, sobre todo la mayor, tener ese espacio. Yo me considero un hacedor, si estás conforme, pasá el santo y seña.

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