Escenario

El baile como metáfora de los sueños y las pequeñas ambiciones humanas

El Gimnasio de Rita Cortese está de estreno. El grupo, bajo la dirección de Federido Piazza, presentará la obra "Marathón".

Sábado 01 de Octubre de 2011

Una pista de baile debería ser un espacio para el esparcimiento. Pero poco a poco se transforma en una pesadilla para las seis parejas que protagonizan "Marathón", la obra de Ricardo Monti que estrena hoy el Gimnasio de Investigación y Entrenamiento Actoral, el espacio de Rita Cortese, bajo la dirección de Federico Piazza. Se trata de un texto clave del dramaturgo estrenado en 1980 que tuvo a Cortese en el elenco y de una pieza que sorteó los obstáculos de su época gracias a una metáfora que sigue impactando tres décadas después de su estreno.

¿Por qué volver sobre ese texto luego de treinta años? El director y uno de los protagonistas, Juan Nemirovsky, explicaron cómo fue el descubrimiento de un texto en el que se abordan temas como el poder, la vida y la muerte. La pieza sube a escena hoy, a las 21.30, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone). El elenco está formado por Mirta Maurizi, Florencia Crende, Ines Plebani, Agustina Rudi, Gabriel Marinucci, Alejandra Núñez, Diego Ullúa, Marcela Sartini, Franco Perozzi y Estefanía Bruno, todos integrantes del Gimnasio, y Matías Tamburri, Fabián Fiori y Manuel Baella, que como Nemirovsky, pertenecen a otros grupos independientes de Rosario.

El poder y la muerte. "Poder" es una de las palabras que sobresalieron en el relato de Nemirovsky y Piazza. Un poder que ejerce el personaje del maestro de ceremonias a cargo de Nemirovsky y que a su vez es concedido por los bailarines. En la pista los doce personajes mostrarán lo mejor y lo peor del género humano. Y es allí cuando irrumpen las ambiciones o cuestiones "metafísicas y filosóficas" en un texto que "habla nada más y nada menos que de la vida y de la muerte", señaló Piazza.

El director, integrante del Gimnasio y que asumió con "Marathón " su segundo trabajo de dirección, contó que la obra tiene "una actualidad absoluta. Cuando se estrenó en el 80 era una metáfora de lo que estaba sucediendo en el país. Esta fue la única obra que Ricardo Monti escribió durante la dictadura. Y en esa época la metáfora era muy clara", consideró.

En la pista, mientras las seis parejas bailan por un premio que no conocen y en el cual cada una proyecta sus expectativas y fantasías, aparece claramente la figura del animador, una especie de maestro de ceremonias ubicado sobre una suerte de panóptico que los anima no abandonar y que encarna un poder que todo lo controla.

"Es la figura del poder" afirmó el director, pero añadió: "También habla de cómo nosotros le otorgamos ese poder. El animador lo dice: «Yo no existo. Existo porque ustedes me dan poder». Esto refería a la dictadura y que hubo una dictadura porque hubo ciertos sectores que la apoyaron", indicó. Para el director, la obra admite una lectura más "social" que "política". "La única pareja que se salva es la de los jóvenes. Su sueño es la libertad. Lo que plantea Monti es que con los sueños individuales no alcanza. Que con los sueños colectivos las cosas se pueden cambiar. Esto es muy claro en la obra. Es una lectura más social. Y también metafísica y filosófica porque creo que en realidad el gran premio es la muerte. Estos personajes, como nosotros, todo el tiempo están bailando para olvidarse de que van a morir, llenando esos vacíos", apuntó.

Nuevo sentido. Nemirovsky admitió la necesidad de "resignificar" la obra para que no "pierda un poco de sentido". Y coincidió con la idea del poder que esbozó el director. "Creo que lo que sigue muy vigente es cómo a través de la figura del animador, que dice que en realidad no existe, se muestra que es uno quien otorga el poder. De las parejas una baila para cubrir la hipoteca, la otra para recuperarse de una quiebra. Ahí está un poco el tema de la obra. A partir del individualismo en el que seguimos viviendo se ve cómo eso le otorga poder a quienes lo manejan y cómo cuando hay una visión más completa de la sociedad se puede zafar de eso".

Ambos coincidieron en destacar que esta obra se ofrezca en una sala como La Comedia. Piazza subrayó además el desafío de "montar un clásico" y que se trata de teatro de texto para un público amplio. "Hay muchas propuestas de teatro pensadas para gente de teatro. Está bueno abrir un poco el panorama", apuntó el director.

Por su parte Nemirovsky dijo que esta puesta suma una opción a "la tendencia" del el teatro local "hacia la creación colectiva o de la improvisación" y subrayó que "de a poco se está rescatando el valor de los textos y los clásicos". Y el acceso al teatro La Comedia fue uno de los desafíos de la propuesta. "Creo que son los desafíos que tenemos que empezar a enfrentar los teatreros locales si queremos instalar el teatro local como una opción para el entretenimiento del público. Hay que correr el riesgo de ir a una sala grande como La Comedia sin una figura de la televisión o un actor reconocido en el elenco. Así que es toda una apuesta", completó el intérprete.

Una testigo de la historia

“En lo cotidiano uno otorga el poder. Lo constituye uno aceptando las condiciones de sometimiento. El estado de necesidad hace que uno sea menos hombre, menos artista, menos feliz. Ese es un poder opresivo. Además del tema de la vida y la muerte, que sigue intacto”. Así reflexionó Rita Cortese sobre los ejes temáticos de “Marathón”. La actriz y responsable de la producción de la pieza, fue también una de las protagonistas en el estreno original en 1980. Eran años del gobierno militar y la pieza sorteó los posibles conflictos con una metáfora aun vigente.

Cortese, que decidió saltearse por un día los ensayos porteños de “Mateo” para acompañar el estreno rosarino, tiene un recuerdo especial por haber sido parte de aquel elenco dirigido por Jaime Kogan en un momento en el que las metáforas tenían especial relevancia. “La metáfora en el arte en esa época era fundamental para poder decir algunas cosas. Ser joven era un problema. Pero la obra se resignifica absolutamente hoy. No a través de la necesidad de la metáfora, porque por suerte estamos en una democracia y para mí sí hay libertad de prensa, pero se resignifica a través de cómo uno le otorgue el poder al otro, hasta en el amor”.

La categoría de “arte” permite una lectura amplia y sin limitaciones de tiempo, lo cual puede aplicarse a esta pieza con más de treinta años. Y así lo afirma Cortese: “Siempre a través del arte se debe hacer una lectura política, ideológica y a la vez sagrada. Esos tres condimentos tienen que ver con el arte. Lo ideológico tiene un techo, lo sagrado no. Y yo diría lo ideológico, más que lo político. La política tiene que ver con lo partidario y lo ideológico con lo que el hombre aspira para vivir mejor”, explicó la actriz.

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