Escenario

"El asadito", a 20 años de un filme disruptivo en el cine argentino

El director Gustavo Postiglione afirma que la película tiene "personajes perdedores que retratan una sociedad en degradación". Dos de los actores de esta ficción rosarina estrenada el 9 de noviembre de 2000, Carlos Resta y Héctor Molina, reflexionan sobre la filmación y sus personajes

Domingo 08 de Noviembre de 2020

Hay películas que se filman en menos de un día y quedan en la historia del cine. “El asadito” se hizo en 23 horas, en una terraza de Rosario, en blanco y negro, se estrenó un 9 de noviembre de 2000 y mañana se celebran veinte años de un estreno nacional que fue clave en el recambio del nuevo cine argentino.

   “Tiene personajes perdedores y por eso seducen, siempre funcionaron como retrato de una sociedad en degradación”, dice Gustavo Postiglione, el director local que se animó a aceptar la propuesta de este diario y coordinó la foto del asadito virtual en 2020. Es el mismo menú, pero ahora por Zoom.

   Escenario dialogó con el director y también con dos de los actores de aquel proyecto, Carlos Resta y Héctor Molina, quienes junto a Tito Gómez, David Edery, Daniel Briguet, Raúl Calandra, Gerardo Dayub y Pablo Fossa fueron los protagonistas de una película que alcanzó distinciones en festivales internacionales, tuvo una remake en Israel y pronto tendrá un reconocimiento en la Cámara de Diputados de la Nación “por ser una de las películas más emblemáticas de Rosario y disruptiva para el cine nacional”.

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   La trama de “El asadito” transcurre en vísperas del fin de año 1999, es un asado con amigos y pileta en la terraza del videoclub del Gordo Tito. Los comensales son Carloncho (Resta), un vendedor de autos con pocos escrúpulos; David (Edery), un remisero que contará que tuvo la suerte de llevar a Luis Miguel desde el Aeropuerto de Fisherton; Daniel (Briguet), que relatará lo imprescindible que es la mujer en la vida del hombre bajo la atenta cámara de Pablo (Fossa); Héctor (Molina), quien juega a adivinar nombres de famosos del cine y del cómic con Raúl (Calandra), un abogado inhabilitado para ejercer su profesión; y Gerardo (Dayub), el típico actor de poca monta que se fue a Buenos Aires para levantar cabeza y vuelve, en pose de triunfador, para sumarse al grupo y tirar una bomba emocional sobre el final de la película.

   Héctor “Nene” Molina, dirá que “lo primero que hay que destacar es que, desde la mirada de algunos medios porteños, lo distintivo era que había sido filmada en menos de 24 horas. Ese es un dato, pero no es un mérito en sí mismo, porque tuvo que ver con una consigna, era parte de una premisa, un desafío, un reto y también un juego, porque un montón de películas podrían hacerse en menos de 24 horas, aunque no necesariamente tienen que salir bien. Pero «El asadito» salió bien”. Y rescató la importancia de que se trató de “un elenco de amigos, con un alto nivel actoral, y que más allá de que estaba guionada por Gustavo gran parte de la película está improvisada”.

   Carlos Resta no dudó en imaginar cómo sería su personaje de Carloncho en este 2020: “Te diría que a ese vendedor de autos le jugaría una fichita que hoy tranquilamente podría estar preso, porque los vendedores de autos siempre están en esa delgada línea entre lo legal y lo ilegal. Y a mí, personalmente, me pasó algo parecido que a ese personaje, hoy soy una persona que está flojo de papeles, para seguir con el tema de los autos, pero estoy orgulloso porque de la nada me ocurrieron un montón de cosas y no me fue tan mal. La actuación es una experiencia inolvidable que me encanta transitar”.

   Por su parte, Gustavo Postiglione afirma que “La película no habla de la entrada al nuevo siglo, habla de la muerte de los sueños y la idea de reconstruir una esperanza” y, a lo largo de esta charla, no temerá en reflexionar sobre algunas críticas de aire misógino que respira el filme. “La masculinidad que muestra la película predice el fin de ese machismo”, afirmó el realizador rosarino.

El Asadito película completa - Cine Argentino -

   —Hace veinte años hiciste “El asadito” en medio de un país en crisis, hoy el asadito lo comés por Zoom pero la crisis persiste. ¿Qué cambió de aquel asadito a este de 2020?

   —”El asadito” se estrenó en noviembre del año 2000, es decir hace justo 20 años. Pero la película (como sucede con todo filme) se rodó bastante antes, por lo que entiendo que de alguna manera nos adelantamos a lo que vendría en esos años que terminaron fatídicamente en el diciembre de 2001. De todas maneras, la realidad de hace 20 años o la crisis de hace 20 años es muy distinta a la realidad de ahora. Este año para mí significaba volver a levantarnos, o al menos intentarlo, pero la pandemia nos volvió a golpear no sólo a nosotros sino al mundo, por lo tanto son crisis muy diferentes aunque nosotros seamos los mismos. Los mismos pero más viejos. También es interesante pensar que recordar los veinte años del estreno no es lo mismo que recordar el aniversario de un rodaje. Porque cuando la película se estrena es cuando realmente adquiere vida y lo que sucede en ese momento es muy diferente a lo que sucedió durante la filmación. Por eso hoy recuerdo los momentos vividos desde la primera proyección o las primeras proyecciones y son sensaciones que me han quedado muy marcadas. Fue una bisagra tanto para mi laburo como para la vida misma.

   —¿Cómo viviste esta experiencia de filmar con amigos y colegas durante un día en una terraza y luego esa película es considerada referente del Nuevo Cine Argentino?

   —Filmar con amigos es un placer porque está la confianza que te da el afecto, no siempre es bueno eso, pero en este caso creo que al conocernos entre todos o entre casi todos, hizo que fuera más sencillo hacer la película en ese tiempo récord. Con respecto a que la película hoy es un referente del Nuevo Cine Argentino o del cine argentino, te diría que es algo que sucedió sin que lo imaginara. Por lo general cuando pasan esas cosas no hay manera de saberlo previamente. Creo que te preparás siempre para que eso suceda, pero no se puede planificar ese momento, porque también te puede pasar la vida sin que suceda. Y “El asadito” me excedió a mí y a todos los que participaron. La película cobró vida propia y se supo defender muy bien. No son muchas las películas en las que el paso del tiempo no les afecta. Y creo que “El asadito” hoy sigue siendo contemporánea y por eso mismo ya es considerada una película de culto o un clásico contemporáneo (como lo han definido algunos). Pero los rótulos sólo sirven para encasillar un filme o alimentar el ego de nosotros los directores, los actores. Lo importante es que a pesar del paso del tiempo la película sigue vigente.

   —La película sucede entre las 11.15 de la mañana del 30 de diciembre a las 6 de la mañana del 31 de diciembre de 1999, en la previa del cambio de siglo. ¿Hay algunos de los sueños de los protagonistas de ese asado histórico que se cristalizaron veinte años después?

   —Creo que a estos tipos se le venían cancelando los sueños a lo largo de su vida. Son personajes perdedores y por eso seducen. Para mí siempre funcionaron como retrato de una sociedad en degradación. Personajes queribles y odiables a la vez, pero también quebrados. Podría decirte que el que tenía cumplido sus sueños en ese momento es el protagonista, el Gordo Tito, que más allá de la tremenda confesión de la madrugada él está feliz de seguir durmiendo con su mujer. Los demás de alguna manera se engañan a sí mismos tratando de convencerse de que son lo que no son. La película sin quererlo es una instantánea de una época en la que el cambio no tenía que ver con la entrada de un nuevo siglo, sino con la muerte de los sueños y la idea posterior de reconstruir una esperanza. La película (y esto lo digo hoy a la distancia) anticipa la crisis y si hacés una lectura más fina hasta podría decir que anticipa la pandemia en el último diálogo alrededor de la mesa, es el momento en que David (Edery) dice que espera que pase algo que sacuda todo. Quizás me excedí con esto que te digo (risas), pero viste que con el paso del tiempo podés hacer el análisis que quieras de una obra y su entorno, y siempre le vas a encontrar alguna justificación a lo que quieras.

   —La película tomó un vuelo inesperado no sólo en la Argentina sino a nivel internacional. ¿Cuál fue el recorrido que tuvo fuera de la General Paz y cuál fue el destino más insólito al que llegó tu película?

   —La película tuvo un recorrido muy particular, porque antes del estreno se vio de manera marginal en muchos lados. Fue una especie de película clandestina y que la comentaban de boca en boca con proyecciones en videos. Esto sucedía tanto en Buenos Aires como en el exterior. Recuerdo que en 1999 fui a Toulouse con “Camino a Santa Fe” pero llevé en la valija una copia de “El asadito” en video. Y, ya no me acuerdo cómo, pero se armó de manera improvisada una proyección en una pequeña salita que tenía el festival, pero por fuera de la programación, algo que por lo general no sucede en los festivales. De repente la sala rebalsó y quedó gente afuera, así que tuvimos que hacer dos funciones en un festival que ni la tenía programada. Años después se volvió a pasar en Francia, esta vez en París, pero subtitulada al francés, una rareza para una peli así. Es una película con la que la gente se encariñaba. Recuerdo que la semana del estreno el Negro Fontanarrosa le dedicó un chiste en la contratapa de Clarín, después me enteré que a Caloi le gustaba mucho la película y se la pasaba a algunos amigos. Y cuando viajaba me enteraba de cosas como que un escritor de novela negra español, Juan Madrid, le encantó la película, pero nunca supe cómo le había llegado una copia ya que ni se había estrenado y el pirateo de películas vía web todavía estaba en pañales. Pero si vamos a lo más insólito, fue la remake en Israel que se hizo hace dos años. De imaginarme una versión de “El asadito” la podía pensar en muchas ciudades o países, pero nunca se me había ocurrido -como sucedió- que se hiciera en Tel Aviv y que transcurriera en medio de una discusión del conflicto palestino-israelí.

   —Si hoy hicieras “El asadito” no faltaría quien la tilde de misógina, porque no hay mujeres en esa mesa, incluso ese debate se planteó veinte años atrás, pero en menor escala, como lo cita el diario La Capital en su nota del 31 de julio de 1999 titulada “Misoginia con fecha de vencimiento”. ¿De poder hacer “El asadito” ahora, con pandemia y todo, cómo la imaginarías y con qué variedad de personajes e incluso actores, soñarías hacerla?

   —Siempre dije que la película no era machista sino masculina. Y al exponer ciertos comportamientos de los personajes no los deja bien parados en ese lugar tan típico de lo que podríamos llamar el rol del hombre en la sociedad patriarcal. En ese momento no hacíamos ese análisis y no quiero decir que la película es una crítica al machismo, porque no lo es, pero al ser la mujer uno de los temas de conversación de la película y el que desenlaza la escena final, quizás se pueda leer la película en clave machista. Pero yo creo que esa conversación lo que hace es desnudar las miserias del machismo y ponerlas en escena. La masculinidad que muestra la película predice el fin de ese machismo. Ahora no podría filmarla pero no por el rol de la mujer sino porque es una película que refiere a un lugar y un momento histórico. “El asadito” sólo se pudo hacer en ese momento, creo que una de las cosas más valiosas de la película y el motivo por el cual se transformó en una referencia del cine argentino, es porque es un retrato de un tiempo y un lugar. No me imagino hacerla hoy. Si hoy me planteara un proyecto de características parecidas creo que tomaría otro rumbo, pero porque mi experiencia en dos décadas me permitió experimentar nuevas manera de narrar y de producir. Lo que sí me gustaría, si alguna vez podemos, es retomar a los mismos personajes y reunirlos nuevamente, para ver qué sucedió con ellos. ¿Qué habrá sido de Carola, la mujer del Gordo de la que todos hablaban. ¿Habrá recuperado la matrícula el abogado que caminaba en el borde de la ley? ¿El vendedor de autos habrá puesto su propio negocio o estará vendiendo otro tipo de cosas? ¿El viejo seguirá manejando el remise? ¿Y aquel dibujante que estuvo a punto de suicidarse? ¿Qué fue de su vida entre cómics y depresión?

   —En esa época, el cine del interior comenzaba a pisar fuerte y “El asadito” fue de alguna manera una punta de lanza para que empiecen a mirar con atención la producción audiovisual rosarina. ¿Hoy se potenció el cine de la ciudad y se proyectó al país y al exterior ?

   —Creo que “El asadito” abrió una puerta para que nos miren. A mí particularmente me permitió desarrollar una carrera que no hubiera sido la misma sin esa película. Era el disco que tenía que grabar para que escuchen mi música. No sé si era el mejor, pero era el necesario en ese momento y en ese lugar. A partir de allí iban a prestar atención a la música que hacíamos y cuando llevara el próximo disco al menos lo iban a escuchar y así sucedió. Porque después vino “El cumple” (que hasta tuvo críticas más elogiosas que “El asadito”), “La peli” y todo lo demás. Y eso también se extendió a los colegas, a los compañeros y a los que vinieron detrás. El cine de la ciudad obviamente que se potenció, pero no sólo por “El asadito” -que seguramente hizo un aporte importante- sino también porque surgieron muchos realizadores y técnicos con talento y muy buenas ideas. Creo que se puede hablar de un cine rosarino, pero también de un cine santafesino que engloba toda nuestra región. Hay muchísima gente valiosa que seguramente tendrán su propio “asadito”.

   —Para cerrar la charla con el tema del asado virtual, ¿qué te dirían los personajes que encarnaron el Nene Molina, Tito, Raúl o Carloncho, si les dijeras que en vez de hacer un asado en la terraza todos juntos lo van a hacer cada uno desde su casa y con una camarita?

   —Cualquier desafío que signifique poner en juego sus habilidades va a entusiasmar a cualquiera de estos tipos, que en su esencia son todos salvajes. Creo que su condición salvaje hizo que le película fuera lo que fue. Ocho tipos que salieron a la cancha con la certeza que ganaban el partido o perdían por goleada, pero no había términos medios y en el fondo todos sabíamos que teníamos los mejores jugadores para ganar el partido.

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