Escenario

“El arte no debe ser para una elite”, afirmó el músico y compositor Santaolalla

El productor musical ganador de 16 grammys y dos premios oscar presenta “Qhapaq Ñan, desandando el camino” una serie documental sobre el sendero inca, en televisión pública.

Sábado 17 de Octubre de 2015

Los caminos viven cada vez que alguien los transita. Gustavo Santaolalla se dispuso a desandar una ruta ancestral, similar a la que lleva recorrida en sus años de trayectoria y que le llevó a cosechar 16 Grammy y dos premios Oscar. El reconocido compositor, músico y productor musical argentino es el cerebro creativo y protagonista de “Qhapaq Ñan, desandando el camino”, una serie de cuatro documentales que recorre el camino inca, y que se estrena por la Televisión Pública este martes a las 19.30.

   El ex Arco Iris, actual músico de Bajofondo y productor de bandas como Divididos, Bersuit Vergarabat, Café Tacvba, Molotov y Julieta Venegas, lanzó su disco solista “Camino”, en 2014, y este año se involucró en este proyecto que apuesta al paisaje argentino, similar al de “Ushuahia a La Quiaca”, el maravilloso viaje musical y cultural que realizó con León Gieco a mediados de los 80. Santaolalla dotó a la serie de documentales de una excelente banda sonora compuesta por él, un rubro con el que ganó los Oscar con las películas “Secretos en la montaña” y “Babel” y que maneja como pocos en su capacidad de sensibilizar y acercar un paisaje y un territorio.

   El artista atendió a Escenario desde su casa en Los Angeles, donde reside hace más de 30 años, y contó los detalles de este nuevo desafío: “No me interesaba hacer un magazine ni un documental lleno de información. Mi intención era hacer algo con un lenguaje sensorial”. Contó cómo fue haber realizado las bandas de sonido de las exitosas películas “El libro de la vida” y “Relatos salvajes” en 2014: “Creo en la potencia comercial de los buenos productos artísticos; desde Los Beatles hasta “Relatos Salvajes””, sentenció. El artista que produjo más de 100 álbumes destaca que el denominador común en sus trabajos es la calidad y la belleza estética. Además, analizó la coyuntura argentina: “Me siento muy argentino. Además de leer el New York Times y el LA Times, leo Clarín, Página 12 y La Nación todos los días de mi vida. ¿Cómo veo al país? Lo veo bárbaro”, sentencia y aclara: “A mi no me importa tener un poco menos para que todos estemos mejor”. Y también se animó a hacer predicciones sobre las futuras elecciones en Estados Unidos: “Ni las fuerzas del mal pueden dejar que Donald Trump sea presidente”. Una charla a fondo con un genio del sonido, a horas de encontrarse con el productor Paul Williams para componer el segundo acto de la comedia musical de “El laberinto del Fauno”.

   —¿Cómo surgió la idea de producir y protagonizar esta serie de documentales sobre Qhapaq Ñan, el sistema vial de altura más antiguo de nuestro continente que nació bajo los pies de los pueblos originarios y creció a través de seis países?

   —Siempre hago proyectos que me lleven a viajar por Argentina y se relacionen con mi identidad. Este proyecto se relaciona con lo que fue “De Usuahia a la Quiaca”. Aunque viva afuera, sigo produciendo artistas argentinos, tengo mi propia editorial de libros allí y formo parte de Bajofondo. Este proyecto es algo que quería hacer desde hace tiempo. Tenía dos ideas: ésta y la de recorrer la ruta 40. Buscamos gente que nos ayudara a llevar a cabo este sueño y el Ministerio de Turismo de la Nación estaba muy interesado en el Qhapaq Ñan. Creo que se engancha mucho con mis principios en Arcoiris, de hecho, cruzamos a Bolivia y llegamos a la puerta del sol, donde hicimos dos tapas de discos de Arcoiris; “Inti Raymi” y “Sudamérica o el regreso a la aurora”. Mi interés por la América precolombina viene desde muy chico y es un sueño haberlo llevado a cabo con un maravilloso equipo de gente. Qhapaq Ñan fue nombrado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad e incorpora varios países y 7 provincias argentinas. Mucha gente piensa que el camino del Inca es el tramo que une el Lago Titicaca con el Machu Pichu, cuando en realidad es mucho más amplio. Desandamos el camino, empezamos desde donde termina. El documental recorre Argentina y Bolivia, donde tuve un encuentro con Evo Morales, que es uno de los grandes representantes de los pueblos originarios.

    —¿Qué importancia tiene hoy en día, en pleno auge de la tecnología, la falta de comunicación cara a cara y la aceleración de los tiempos, mostrar la sabiduría ancestral de esta comunidades?

    —Lo que se transmite en la serie es la magnitud y la belleza de los lugares, la naturaleza prístina y la gente que habita esos lugares. La comunidades que viven allí y que tienen una noción del tiempo tan distinta a la nuestra. No me interesaba hacer un magazine ni un documental lleno de información. Mi intención era hacer algo con un lenguaje sensorial. Creo que la serie puede ayudarnos a ver la naturaleza y a esas comunidades de otra manera. Quería que también fuera útil para ellos, atraer a la gente a que vaya a conocer los lugares. Volver a escuchar y ver cómo se relacionan las comunidades con la naturaleza nos puede ser muy útil. Los cambios climáticos y las catástrofes naturales que están ocurriendo tienen que ver con cómo nos relacionamos con el hábitat.

    —¿Qué aprendiste en el proceso de grabación?

   —Aprendí muchas cosas. Siempre me vi como un hombre del renacimiento en el sentido que me gusta manifestarme en distintas disciplinas con mi creatividad. En este caso, producir esta serie, que implicó escribir, estar en la parte fotográfica y en el todo, me sirvió para aprender y también para aplicar lo que ya sabía.

   —Hiciste las bandas de sonidos de películas como “Amores perros”, “21 gramos”, Diarios de motocicleta”, “Relatos salvajes” y música para videojuegos como “The Last of Us”. ¿De dónde surge la inspiración para poner la canción justa en el momento justo?

   —Es difícil de explicarlo. Es un proceso que involucra muchas cosas, no tiene explicación. Es algo que surge del corazón, de la panza, de la intuición, pensás que algo va a funcionar o no. También es necesario saber cuándo se necesita silencio. No trabajo con una fórmula. Cuando compongo una canción, por ejemplo, a veces hago la letra primero y la música después, o al revés, o las dos cosas al mismo tiempo. Eso se aplica a todo lo que hago. Nunca hago las cosas de la misma manera, pero siempre voy tras un resultado. Cuando veo mis álbumes, produje más de cien, el común denominador es la calidad que tienen: la calidad de los artistas, en cómo fueron grabados, el repertorio... Ese es el denominador común, la idea es llegar a una belleza estética.

   —¿Cuál sería la banda de sonido de este momento de tu vida?

   —¡Es muy difícil! De mis propias canciones elegiría “La noche ya es día”, “No existe fuerza en el mundo” y “Humans” de “El laberinto del fauno”.

   —Tuviste un 2014 muy agitado ya que compusiste las bandas sonoras de “Relatos Salvajes” y “El libro de la vida” y sacaste tu nuevo álbum solista “Camino”.

   —Fue un año bastante movido, como todos. Mi disco “Camino” tiene dos dominaciones al Grammy. ¡”Relatos salvajes” es un peliculón! Me encantó hacerla. Para “El libro de la vida” trabajé con Paul Williams, con quien estoy escribiendo la comedia musical de “El laberinto del Fauno”. La pasamos increibe, de hecho me junto en un rato para trabajar con él en el segundo acto, armamos una sociedad, parece como si hubiésemos trabajado juntos toda la vida.

   —¿Te sorprendió que “Relatos Salvajes” sea la película más vista de la historia argentina?

   —Creo que pasó eso porque es buenísima. Creo en la potencia comercial de los buenos productos artísticos. Desde Los Beatles hasta “Relatos Salvajes”. Creo que pueden congeniar las dos cosas; el arte con el éxito comercial. No siempre se logra, pero es posible. El arte no debe ser para una elite, algo tan hermético. Y lo popular no tiene por qué ser una cosa burda y chabacana. Cuando se junta la inteligencia y la sofisticación con lo popular surgen cosas como el tango, o cosas como “Relatos Salvajes” o Bajofondo.

   —¿Cómo ves Argentina a la distancia?

   —No lo veo tan a la distancia porque voy 3 o 4 veces por año. Tengo un viñedo en Argentina, tengo una presencia comercial allá. Estoy metido en la cultura argentina, como por ejemplo, formando parte de la película más vista de la historia argentina. Me siento muy argentino. Además de leer el New York Times y el LA Times, leo Clarín, Página 12 y La Nación todos los días de mi vida. Así que estoy al tanto de lo que se dice y lo que no se dice también, porque uno aprende a leer entre líneas. ¿Cómo veo al país? Lo veo bárbaro. Tiene cosas por mejorar todavía. Pero tengo muy buena memoria y no me olvido del país que vi cuando me fui en el 78 y el que vi a través de los años. Siempre estuve presente pero con la ventaja de ver las cosas desde afuera también, eso te da una visión ventajosa. Veo que las cosas están bien. Veo grandes cambios que han afectado a nuestro país de forma clave; desde la política de derechos humanos, la asignación universal por hijo, el matrimonio igualitario, muchas cosas valiosas. Igual no considero que sea perfecto, hay cosas por pulir. Somos un país muy joven. Estamos llenos de contradicciones y tonterías como tienen los adolescentes.

   —¿No ves la famosa grieta?

   —No, creo que la grieta la genera la gente que tiene intereses negativos y nocivos. Hay publicaciones en Argentina que, si leés solamente eso, estás prácticamente al borde del suicidio porque pensás, ¿cómo puedo vivir acá? No son publicaciones anti un partido político, son publicaciones antiargentina, anti ser humano. Todo es malo: los crímenes, los robos, la corrupción. No es lo único que ocurre. Cuando la única realidad que te muestran es esa, te queda la cabeza quemada. No te nutris de noticias porque es lo más desnutritivo y rancio que podés tener. Es increíble la cantidad de gente que vive obnubilada. Igualmente pienso que la gente no es tonta. Lo importante es la inclusión; me interesa vivir en una sociedad en donde todos estemos mejor. A mí no me importa tener un poco menos para que todos estemos mejor. Hay gente a la que le interesa tener mucho más a costa de lo que sea. Los políticos son importantísimos pero más importantes son las políticas, los cambios que producen en la sociedad. Yo me fijo en eso y me siento orgulloso de ser argentino, que podamos ir a las Naciones Unidas y hacer una propuesta que sirva para los demás países subdesarrollados del mundo para luchar contra los fondos buitre.

   —¿Imaginás a Donald Trump como futuro presidente de Estados Unidos?

   —¡No! Es inimaginable. Ni las fuerzas del mal pueden dejar que Donald Trump sea presidente. Sería un caos. Igualmente cada vez uno se convence de que todo es posible.

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