Escenario

El adiós de Amelita Vargas, la cubana que sedujo a los argentinos

Símbolo del esplendor de la música caribeña en los años 50, falleció ayer a los 91 años en un sanatorio porteño dejando un hondo pesar en la comunidad artística.

Lunes 22 de Abril de 2019

Amelita Vargas, símbolo del esplendor de la música caribeña en los años 50, falleció ayer a los 91 años en un sanatorio porteño dejando un hondo pesar en la comunidad artística. La bailarina, vedete, cantante y actriz cubana, que fue una suerte de emblema de corriente musical que tuvo su esplendor en las décadas del 40 y 50 del siglo pasado y fue fue una referencia en el mundo del espectáculo de la argentina.

Vargas se incorporó al cine argentino en un pequeño papel en "Con el diablo en el cuerpo" (1947), de Carlos Hugo Christensen, y mostró gran desenvoltura y simpatía en la comedia disparatada donde, en blanco y negro, interpretaba coloridos números musicales.

Amelia Graciela Vargas Ipaneca, que había nacido el 16 de enero de 1925 en el barrio de El Vedado de La Habana, comenzó a bailar en su país a los 12 años, para imitar a Josephine Baker.

En 1946, puso rumbo a Buenos Aires, donde debutó como bailarina en los cabarets Goyescas y Tabarís, mientras que en el cine actuó en "La secta del trébol" (1948), un policial de Mario Soffici, en disputa con Blanquita Amaro, otra cubana que había llegado por entonces.

Su irrupción en el cine argentino tuvo sus títulos importantes como "Un hombre solo no vale nada" (1949) y "Novio, marido y amante", de Mario C. Lugones, con quien estuvo relacionada sentimentalmente.

En los años 50, Amelita comenzó una racha de comedias dirigidas por Enrique Carreras, con quién también tuvo un romance, que incluyó "Romeo y Julieta" (1954) y "Música, alegría y amor" (1956). Después de la revolución que llevó a Fidel Castro al poder en Cuba, Vargas volvió a las tablas con "Las barbas de Fidel y las piernas de Amelita", junto a Pedrito Quartucci.A su vuelta a Buenos Aires, convocada por Antonio Gasalla y Enrique Pinti, se sumó a un music hall en Pigalle y en "Gasalla for Export", en el Estrellas, para finalmente actuar en "La obertura" (1977), de Julio Saraceni, cuando ya no era tan joven y sexy.

Sus últimas apariciones fueron en televisión, en la serie "El gordo y el flaco" (1991), en un episodio de "Muñeca brava" (1999), protagonizada por Natalia Oreiro, en Miami junto a Gasalla y finalmente en el casino Trilenium, de la ciudad bonaerense de Tigre.

En 2001, Vargas fue homenajeada en el bloque "La mujer y el cine", del 16º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

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