Escenario

Dos décadas de chistes clásicos, breves y al pie

El efecto fue contundente: un contador de chistes clásicos, cortitos y al pie, que logró meterse en las casas de miles de rosarinos, en una época en la que la televisión reinaba en forma absoluta el entretenimiento cotidiano.

Domingo 16 de Marzo de 2014

Pocas cosas son tan recordadas en la televisión rosarina como “Humor telefónico”, aquel segmento que se insertaba por la fuerza en las tandas publicitarias del prime time de Canal 5 en 1994. El efecto fue contundente: un contador de chistes clásicos, cortitos y al pie, que logró meterse en las casas de miles de rosarinos, en una época en la que la televisión reinaba en forma absoluta el entretenimiento cotidiano.

   Sólo algunos sabían el derrotero de Guillermo Blasco, un actor que viene trajinando los escenarios de la ciudad desde hace más de dos décadas, aunque con ciertos altibajos. Su aparición en la escena no es permanente, pero cuando lo hace, no pasa desapercibido.

   Evidentemente, Blasco entendió mucho antes que nadie algunas reglas que articulan la relación entre actuación y medios masivos de comunicación, algo que hoy está mucho más difundido y entreverado con la irrupción de las nuevas tecnologías.

   Así llegamos a “Pido gancho”, el espectáculo unipersonal que se presenta todos los sábados de marzo y abril en La Sonrisa de la Mona Lisa, un nuevo emprendimiento gastronómico de Pichincha, en Callao 76 bis. El espectáculo de humor transita tres momentos bien diferenciados que pueden degustarse en forma casi autónoma. Son tres bocados con ingredientes diferentes en el cuerpo de un mismo actor.

   El primero de los tres sketchs logra aproximarse al género stand up. Guillermo Blasco en primera persona, con traje de rigor, se pasea por diferentes temas de su andar cotidiano para procesarlos y pasarlos por el tamiz del humor, de lo risible, del propio ridículo. Tal vez, el momento requiera un vértigo que todavía no alcanza, ya que con tanto stand up en el ambiente la mirada se nos fue acostumbrando a una frecuencia que exige mayor precisión y velocidad.

   Pero en la segunda parte, el espectáculo se reivindica con la composición de un personaje, que es la mismísima historia argentina o, más bien, un recorte particular de ella, haciendo su entrada triunfal con los acordes de “Pompa y circunstancia”. A partir de allí, el virreinato, la figura del gaucho, los próceres románticos del siglo XIX y los líderes políticos del XX se aparecen a través de un personaje alado, con gorro frigio y trenza de china criolla a la velocidad verborrágica de Pinti, pero con un posicionamiento algo más jugado que el simple “que se vayan todos”. En este sentido, se nota la mano del autor, el prolífico Juan Pablo Giordano, dramaturgo joven de la ciudad, y del actor Diego Ullúa, quien oficia de director de “Pido gancho”.

   El tercer bloque es directamente lo más aceitado en el engranaje de la obra. Allí, Blasco retoma a Roberto, su personaje creado en las mañanas televisivas de “Bien temprano”, un mayordomo con la lengua bien suelta y el mate en mano que es capaz de hablar de todos los temas con la filosofía común y desopilante de cualquier buena vecina. Esta sección, una especie de broche de oro del show, cuenta con un invitado reconocido de los medios locales, quien se somete a una divertida entrevista con el personaje. Por lo eficaz del momento, tal vez esta sea la versión más lograda de Blasco, o mejor dicho, su criatura mejor elaborada.

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