Escenario

Divididos festejó los 30 años ante un Anfiteatro que ya es su segunda casa

El trío de Hurlingham tocó el sábado ante unas 6 mil personas que agotaron localidades. Es la banda de rock que más veces tocó en ese escenario.

Lunes 26 de Noviembre de 2018

Divididos es un raro fenómeno del rock argentino. No es casual que su último trabajo, que no es más que la grabación de nuevas versiones de su disco de 1989 "40 dibujos ahí en el piso" lo hayan titulado "Haciendo cosas raras". El sábado, el trío que tiene bien ganado el apodo de La Aplanadora del Rock, agotó localidades en el Anfiteatro Municipal cuando casi 6 mil personas fueron a festejar los 30 años del combo de Hurlingham integrado por Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella. Tocaron unos 30 temas a lo largo de tres horas en una misa pagana a cielo abierto. El último disco de canciones nuevas fue hace ocho años, no estrenaron ningún tema de su próximo disco, es la banda de rock que más veces tocó en el Anfiteatro y siempre lo llenó, con mucha crisis, con poca crisis, nunca sin crisis. Divididos sigue haciendo rock. Y sigue haciendo cosas raras.


Sábado 24, son las 9 de la noche y nadie habla del River-Boca suspendido unas horas atrás en el Monumental. Lo verdaderamente monumental acá es el marco del Anfiteatro. No cabe un alfiler en el remodelado ámbito del Parque Urquiza, por ahí aparece el cantito de "la aplanadora del rocanrol es Divididos la p..que lo p..." y al toque el hit del verano, esta vez más tibio, con el nombre del presidente en el comienzo del tema y el final con las mismas palabras, pero otro sentido.

"Volvimos al Anfi", dijo Mollo cuando subió al escenario y de inmediato besó el piso como muestra de gratitud. La gente lo ovacionó, pero hubo una particularidad a lo largo del recital que denotó algo insoslayable. La algarabía de los shows de diez años atrás no es la misma.Y no tiene nada que ver con la música de Divididos sino con la cédula de identidad del público. La edad promedio iba entre los 38 y los 58 años. Los chicos quieren rock pero los no tan chicos también. Quizá sea tiempo de que Mollo, Arnedo y Catriel revisen hasta qué punto rinde un show de tres horas, cuando el público tiene que estar la misma cantidad de horas parado y, es sabido, los años no vienen solos. Por eso aquella fiesta de otros shows de la banda en el mismo lugar distaron en efusividad con la del sábado pasado. Habrá que ver si es la única causa, pero seguro que es una de ellas y es irrefutable.

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El cumpleaños de tres décadas sumado al regreso al Anfiteatro, que estuvo largo tiempo cerrado por remodelaciones y por eso el show anterior había sido en Metropolitano, le dieron un carácter de especial a esta ceremonia. Y tanto fue así que Divididos invitó a que los fans, por redes sociales, voten qué temas querían escuchar. De ese modo, los diez más votados integrarían la lista de temas. Lo sorprendente fue que esos pedidos no incluyeron los hits, lo que también habla de la necesidad de gran cantidad de público de escuchar otro repertorio. Entre esos temas estuvieron "Soy quien no ha de morir", "Un alegre en este infierno", "Brillo triste de un canchero" y "El fantasio", aunque las más celebradas fueron "Vida de topos", "Cajita musical" y "Pasiones zurdas derechas".

La Aplanadora sonó tan potente como siempre, de la mano de un Mollo que sigue moviéndose como pez en el agua con este repertorio, aunque por suerte evitó dar innecesarias pruebas del potencial de su voz. Arnedo sigue demostrando que es imprescindible. No sólo por su cuota de desparpajo y humor con su "tenemos las bolas bien llenas las nuestras" de "Rasputín", sino porque su modo de tocar el bajo es determinante en el sonido del trío. Y Catriel es uno de los pocos bateristas en la Argentina que combina sutileza, precisión y potencia al servicio de la canción.

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La puesta fue impactante, con paneles y pantallas led que aportaban color, diseño y creatividad, a tono con la estética que exudaba Divididos en el escenario. Mollo mechó algunas referencias al "círculo del horror" por el que atraviesa el país; le cantó a "las chicas, los chicos y les chiques"; y arengó a quienes levantaron sus pañuelos verdes.

En la primera parte del show sobresalieron "Paisano de Hurlingham" y "Che, qué esperás", con la que abrieron el recital. No fue una buena idea el segmento de lentos, porque le quitó emoción a "Spaghetti del rock" y convirtió en una balada pop a "Par mil".

Lo mejor vino en la última hora del show, con la inoxidable "El arriero", "Amapola del 66", "Rasputín", "Paraguay" y el primer cierre con dos himnos: "El 38" y "Ala Delta".

Cuando faltaban 20 minutos para la 1, llegaron dos hits de Sumo, para que muchos, ahí sí, se animen a revolear remeras.

Divididos volvió al Anfi y celebró 30 años. La torta del cumple no tenía dulce de leche, pero le sobraba rocanrol.

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