La ciudad

Disquería Utopía: distinguen al gurú de una cofradía de melómanos

Alberto "Puchi" Arce, desde 1978 divulgador y vendedor de música, será reconocido por el Concejo. Tuvo entre otros clientes a Andrés Calamaro y al baterista de Chick Corea. Litto Nebbia y Coki Debernardi le dedican un reconocimiento especial

Jueves 29 de Abril de 2021

Tiene más de 5 mil títulos en su casa. Pero para ponerlo en aprietos La Capital le pide que elija solo un disco. Y dice completamente seguro: "Something else, de los Kinks", su banda favorita. Quien pasa la prueba es Alberto "Puchi" Arce, dueño desde hace 43 años de la disquería Utopía Records, un tipo de 74 años, casado desde hace más de cuatro décadas con Liliana, una profesora de literatura, padre de dos hijos y abuelo de cinco nietos. Alguien que trabajó poco tiempo como contador y se dedicó por siempre a la música.

Primero fue integrante de Los Vampiros, junto al fallecido baterista Oscar Moro y al guitarrista Kay Galiffi. Todos eran parte de un grupo de amigos que incluía a Ciro Fogliatta y Litto Nebbia. Pero en 1978 decidió abrir su primera disquería y ya no abandonó el rubro ni su forma erudita de divulgar varias temporadas por radio en la Rock and Pop net de Rosario y vender música. Por eso el Concejo Municipal de Rosario lo distinguirá especialmente como "difusor de cultura".

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Enterados de semejante reconocimiento, Nebbia, amigo de Arce de casi de toda la vida, y Coki Debernardi, cliente hasta hoy, escriben para la ocasión y comparten sus palabras a este diario:

"Nos conocemos con Puchi Arce desde nuestra adolescencia. Cuando conformábamos una barra de locos por la música, que nunca perdimos contacto a través del tiempo. Con mis 15 años yo recién había entrado a Los Gatos Salvajes y él tocaba guitarra y cantaba en Los Vampiros. Sabíamos reunirnos diariamente en un bar céntrico, y la única charla obsesiva y maniática era sobre qué discos habían salido por el mundo. Era muy difícil en nuestro país conseguir buenos discos de grupos ingleses o de jazz. Las vueltas de la vida, ahora muchos de esos discos se encuentran en la disquería de Puchi", dice el compositor del popular tema La Balsa.

"El supo mantener ese espacio con un estilo marcado por el buen gusto sabemos que la mayoría de las veces, un gesto así va a contramano del negocio. Me alegra mucho que su disquería permanezca, atravesando crisis, inflaciones y modas. Y por supuesto me parece fantástico que el Concejo de Rosario lo distinga por su aporte cultural. Larga vida a Utopía y Viva la Música", continúa el rosarino desde Buenos Aires.

Arce es un melómano que va por la tercera generación de clientes en Rosario. No se achicó ante la competencia digital ni las descargas gratuitas. Llegó a venderle discos a Andrés Calamaro, quien lo encaró con un papelito en la mano, la muestra de que lo enviaba justamente Nebbia desde Buenos Aires. También le vendió vinilos usados al baterista de Chick Corea y el guitarrista rosarino Fernando Kabusacki quien tocó con el británico Robert Fripp reconoció en una nota que conoció al líder de Kim Crimson gracias a Utopía Records.

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"Vendo desde siempre lo que me gusta a mí: blues, rock, metal, folk inglés y americano, jazz... Y además aconsejo a mis clientes, toda gente para quien la música es una necesidad, incluso los que ahora escuchan a una una banda por streaming. Si no les gusta lo borran y si les gusta como suena, me llaman y me piden que les traiga el disco. Se cansan de descargar, quieren tener el disco con la tapa y toda la artística en la mano", dice y se refiere así a una cofradía de coleccionistas que puede quedarse sin comprar calzones pero no un vinilo o un CD.

Su hijo Diego, devoto de The Cure, continúa con su legado frente al mostrador de la disquería. Comparten temas clásicos y contemporáneos y ambos socializan con todas las generaciones de clientes.

Y su nieta Luz, de 18 años, estudia canto y tiene a su abuelo como referente enciclopédico musical.

"Hace dos días me dijo que le dé de leer algo de jazz y de rock nacional, y le busqué varias cosa en mi biblioteca: porque no solo colecciono discos, sino libros, revistas y también literatura de la más diversa que compartimos desde siempre con mi mujer", dice el hombre que empezó con la venta de discos importados y usados pensando que sería un sueño utópico que duraría poco tiempo.

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El cantautor cañadense César "Coki" Debernardi comparte un recuerdo sobre Utopía Records.

"La primera vez que vine de muy chico desde Cañada de Gómez a comprar un disco a Rosario entré a Utopía. Atendía un flaco muy forro que sabía mucho. Me llevé una remera de Led Zeppelin porque eran más difíciles de conseguir las remeras que los discos por esa época", cuenta quien asegura que a la Utopía de Puchi y su hijo la sigue visitando para ir "a hablar al pedo".

"No se puede explicar una disquería, es algo intransferible en estos tiempos: los quiero mucho a los Arce y espero que estén mil años", dice el guitarrista que compartió escenario con Charly, Fito Páez y Calamaro. Y no se queda allí, define y desea: "Una disquería es el mejor lugar que conocí en mi vida...una disquería aquí, allá, hoy y mañana".

El vuelo del mocasín

Los "fanáticos" o "enfermos" de la música como Arce tienen un problema: no son abiertos a la música que no les gusta, casi una réplica de los personajes de John Cusack y Jack Black en la película Alta Fidelidad. Pero reconocen su intolerancia, Arce también.

Dice que una vez le tiró con un mocasín a un tipo que entró a pedirle un disco de los Beach Boys con Julio Iglesias y lo mandó a mudar. Lo peor es que él pensó que el cliente había cometido una blasfemia, pero no, tenía razón: la compañía discográfica extraordinariamente había hecho actuar al meloso español junto a la banda californiana.

Otra vez un colega le dijo que tenía que aprender a vender. Se refería a incorporar en las bateas discos de los populares Soledad o Ricky Martin. Dijo "jamás" y siguió por su ruta.

Y en una más, entró un cliente y le pidió que le vendiera algo que lo haga "volar". El y su empleado se miraron y dijeron al unísono y sin acuerdo previo. "¿Qué tal una patada en el culo?".

Las historias de esas reacciones brotan como cataratas y son parte de una trayectoria que el concejal de Juntos por el Cambio Carlos Cardozo decidió reconocer. A Arce y a Cardozo no los une el mismo gusto político, pero sí la música.

"Soy cliente de Utopía desde los 80: una disquería antigua y de calidad, y tanto Puchi como su hijo Diego saben mucho de música, han atendido siempre de manera personalizada y a pedido. Pasaron del casete al CD, volvieron al vinilo y siguen siendo difusores aún en épocas de nuevas formas de escuchar música. Por eso volqué la inquietud en la comisión de Cultura y fue aprobada por unanimidad", dice Cardozo quien confiesa que aún tiene vinilos de Van Halen, Sumo y Los Redondos con el plástico con el logo de Utopía.

De Rosamel Araya a The Kinks

Arce, ya vacunado con la primera dosis de Sputnik, está detrás del barbijo en su oficina del primer piso de Utopía Records, en Maipú al 700. Es la tercera disquería, siempre a pasos de la peatonal Córdoba de su ininterrumpida trayectoria de vendedor de discos.

Es una cueva plagada de posters, con dibujos de sus nietos llenos de corazones rojinegros en alusión a su gusto futbolero y una foto en blanco y negro inmensa, réquiem de dos amigos que ya no están: "Ahí estamos Nono Belvis (N. de la R. guitarrista de free jazz y co-fundador de Músicos Independientes Asociados en los '70) y yo, la sacó Fernando de la Riestra, un amigo al que se acaba de llevar el Covid", dice sobre quien fue bajista en el grupo de jazz El Umbral, donde también tocó Belvis.

Calvo pero con el pelo más allá de la nuca y canoso, cuenta que a los 12 años escuchaba con su mamá los boleros del chileno Rosamel Araya en la radio y cantaba folclore A los 15 años acercó el oído al Club del Clan y a Palito Ortega y a los 17 ya fue hipnotizado por el rock hasta estos días en que reconoce haber "agrandado la paleta de gustos".

Casi con la cronología que muestra el documental de rock "Rompan todo" en Netflix, Arce comenzó escuchando a los rockeros mejicanos como los Tri, que hacían covers en castellano de las bandas norteamericanas.

"Después llegaron los Beatles y los Stones, la rebelión de los 60, todo un cambio musical, y de vida. Para mí esas dos bandas, más los Beach Boys, americanos con una armonía vocal excelente y con un inmenso Brian Wilson, son para poner aparte de todo porque para mí fueron los grandes, el gran cambio", sostiene.

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Padre e hijo: dos generaciones y toda la música de ayer, hoy y siempre en Utopía.

Padre e hijo: dos generaciones y toda la música de ayer, hoy y siempre en Utopía.

Llega el momento de la segunda disyuntiva.

"¿Beatles o Stones?", se le pregunta. Y él vuelve a reponder: "The Kinks". Dice que "esa banda británica de origen obrero tuvo como compositor a un tipo ácido y contestatario como Ray Davies. Los Beatles, en cambio, tenían a dos: a John y a Paul, y no todas sus letras son para mí tan buenas".

Como hasta ahora todo cantante o compositor que nombra es varón se le pregunta si es fan de alguna mujer y dice que "sí". Y agrega: "de muchas": Joni Mitchell, Judy Collins, Kate Bush. Pero otra vez elige solo una y se queda con la norteamericana de folk rock Carole King, destacada en las décadas de los 60 y 70 y parte del salón de la fama del rock and roll y de los compositores.

Invitado a pintar alguna anécdota o maldad, dice que puede dar cuenta de ambas.

"Ahora hace mucho que no viene pero solía pasar por acá un tipo que cuando escuchaba heavy metal se venía vestido con tachas y cuando escuchaba folk inglés se ponía una gorra tipo Sherlock Holmes y fumaba pipa", dice y se ríe.

Y con cierto pudor y aclarando que no revelará de quien se trató el caso, dice que una vez a un músico de jazz de la ciudad le hicieron escuchar un disco en 45 revoluciones por minuto (RPM) y no sólo se lo escuchó entero con auriculares sino que pidió escuchar todo el otro lado.

"Cada bicho raro pasó por acá", reflexiona quien prefiere la economía blusera y "el sentimiendo" al momento de tocar de B.B King que la técnica y digitación de músicos veloces como Al Di Meola.

Y una prueba final. "¿Puede elegir un solo disco por el arte de su tapa?", se le pregunta. Dice "no" pero el primero que se le viene a la cabeza es la edición inglesa de "Small Faces-Odgen`s Nut Gone Flake", porque simula la lata de tabaco y se despliega en cuatro.

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Fue considerada una de las mejores portadas del rock internacional. Conceptual, creada en 1968 por la banda de rock inglesa "Small faces" era casi perfecta en su diseño pero en las disquerías decían que era incómoda de ubicar en las bateas. El diseño fue de Mick Swan.

Arce no se conforma y enumera decenas tras este ejemplo: "Gentle Giant.Octopus" que simula un frasco con pulpos, "Strawbs, Grave New world", que es plateado en su interior y un album onsa progresiva inglesa de Jackson Heights. Arce pone las reglas del juego.

Vinilos, solo para escuchar "bien"

Arce dice que entre las recomendaciones que les da a sus clientes está que inviertan en vinilos si es que tienen una "buena bandeja de discos, con buena cápsula para la púa, bafles y amplificador, si no más vale comprarse un CD o reproducir en la compactera. Porque el vinilo sale 4 mil pesos, no vale la pena escuchar algo analógico con mala calidad, es como tener una Ferrari a gas", sentenció con aires de sabiduría el hombre que dice que "quien ama los vinilos, hasta los huele".

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Tiene 5 mil títulos en su casa. Y no solo colecciona discos sino también revistas y libros de la literatura más diversa que comparte con Liliana, su mujer por más de 40 años.

Tiene 5 mil títulos en su casa. Y no solo colecciona discos sino también revistas y libros de la literatura más diversa que comparte con Liliana, su mujer por más de 40 años.

Muchos músicos de Buenos Aires ven en Utopía Records huellas de las disquerías porteñas Abraxas, Tabú (del periodista Alfredo Rosso, amigo de Arce), El Atril o Cambidisco, todas con menú para exquisitos. Pero esta es decana en Rosario y tiene un dueño que es el gurú de una cofradía de melómanos en toda la región. Un justo reconocimiento.

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