Escenario

Diego Casanova: "Hicimos bailar hasta a los suizos"

El líder de la banda Rosario Smowing contó cómo fue la experiencia de girar por ocho países de europa. hoy tocan en el galpón 11.

Sábado 04 de Octubre de 2014

"Ocho argentinos trajeados de negro. Un cantante —Diego Casanova— con una apariencia entre Tom Waits y Vinicio Capossela. Y un show en vivo que aún no ha sido igualado, que se gana al público instantáneamente". Así fue presentada la Rosario Smowing en el programa oficial del Festival de Jazz de Montreux 2014, uno de los encuentros musicales más prestigiosos del mundo. Este año pasaron por ese mismo festival figuras internacionales como Van Morrison, Stevie Wonder y Damon Albarn. "Se te pone la piel de gallina", dice Casanova con una sonrisa. Con 14 años de trayectoria y tres discos editados en forma independiente, la Rosario Smowing se ha transformado en una banda viajera. Ahora acaban de regresar de su cuarto tour por Brasil y de su tercera gira por Europa, que se extendió por dos meses. Su particular mezcla de ska, jazz, mambo, rockabilly, dixie y tango llegó a países como Holanda, Dinamarca, Alemania, Bélgica, Suecia, Suiza, Francia y República Checa. Y el año que viene planean ampliar el recorrido con Polonia, Armenia y Grecia.

El grupo que se completa con Diego Picech (batería), Gabriel Coronel (contrabajo), Sebastián Teglia (guitarras y banjo), Lucas Querini (piano y acordeón), Adrián Fontana Fluck (trombón y tuba), Sergio Peresutti (trompeta y armónica) y Jesús Eroles (clarinete, saxo y violín) tocará hoy, a las 22, en el Galpón 11, Pje. de las Artes y el río, para celebrar su regreso a la ciudad. La banda recorrerá sus clásicos y adelantará canciones de su próximo disco. En charla con Escenario, Diego Casanova explicó cómo desembarcaron en el Viejo Continente, habló de la complicada convivencia en las giras y disparó: "Es más difícil tocar en Argentina que en cualquier otro lado".

—¿Cómo fue la experiencia de la tercera gira por Europa?

—Fue agotador pero muy bonito. Poder seguir tocando nuestras canciones en otros lugares y que la gente te reciba bien, y que pida más, eso es genial. Esta gira fue más larga que las anteriores, incluyó más festivales, más países, y en tres lugares repetimos, tocamos varias noches. Los viajes eran constantes. Los shows también fueron más grandes y la recepción del público fue mejor, se notaba que había gente que ya nos conocía. Yo creo que de las tres giras esta fue la que más gratificaciones nos dio, teniendo en cuenta todo el esfuerzo que nos llevó darnos a conocer afuera.

—¿Cómo hace una banda independiente de Rosario para llegar a hacer una gira europea? ¿Cuáles son los contactos?

—Los contactos son los músicos. El primer baterista de la Rosario Smowing vive en Suecia desde hace ocho años. Ahí toca con una banda. El hermano de Gabriel, nuestro bajista, fue a hacer una gira con ellos y llevó material nuestro y se lo dejó a algunos organizadores de festivales y a algunas agencias. Y el material gustó. Nuestra primera gira fue en base a un solo festival que se hacía en Hannover (Alemania); la segunda fue abarcando un poco más, fueron unos 40 días, y la próxima meta sería ir a Europa el año que viene para presentar un disco nuevo.

—¿Tuvo un significado especial tocar por primera vez en el Festival de Montreux?

—Sí, fue una gran emoción. Ahí tocan unos monstruos increíbles. Para nosotros fue un honor cerrar el escenario el día que tocamos. Hicimos bailar hasta a los suizos (risas), que es algo muy difícil, dicho por ellos mismos. Logramos llevar la fiesta para allá. Fue un placer muy grande. Cuando vos tocás y ves que está ese cartelito en el escenario que dice "Montreux Jazz Festival" se te pone la piel de gallina. Yo tengo un disco del año 68 grabado en el festival que todavía escucho.

—De todos los países por los cuales pasaron, ¿cuál fue el que más los sorprendió?

—Lo que más me gustó, donde me sentí más cómodo, fue en Praga, porque ahí son muy parecidos a nosotros, son gritones, son más enroscados. París también es muy particular. Te estoy hablando de los tres lugares en los que repetimos shows dos o tres noches: París, Praga y Berlín. Son tres ciudades que tienen mucho para ofrecer.

—¿Cómo es la respuesta de la gente? La música que ustedes hacen, ¿le resulta familiar a los europeos?

—No sé si les es familiar. Nosotros tenemos mucho de latino también, y a ellos lo latino los enamora. Y también tenemos cosas de tango, de swing, y notamos que eso les resulta atractivo, novedoso y divertido. Se nota desde el escenario. Creo que también tiene que ver con que nosotros viajamos siempre en verano, y ellos tienen unos inviernos tan crudos que en el verano se sueltan todos, entonces no se quieren perder ni media canción.

—¿Cómo es la convivencia en las giras, teniendo en cuenta que ustedes son ocho?

—Dificilísima, dificilísima (risas). Creo que lo logramos porque hay un respeto, porque nos conocemos, sabemos que estamos trabajando. Somos ocho personas que no elegimos vivir juntas, elegimos hacer música juntos, y estar dos meses viviendo juntos no es fácil, sobre todo por la diferencia de edades. Yo tengo 48 y el guitarrista tiene 23, por ejemplo, entonces hay cosas muy definidas. A veces se arman discusiones, somos ocho hombres trabajando, y ocho hombres lejos de casa, y encima ocho medio tarados, cada uno tiene su mambo, por algo nos dedicamos a la música (risas). Dicho así suena complicado, pero como el respeto está por sobre todo eso, creo que lo pudimos llevar bien.

—Este año también estuvieron en Brasil, un territorio completamente diferente. Ahí hicieron su cuarto tour. ¿Cómo es el vínculo de la banda con Brasil?

—En el 2008 conocimos a alguien que trabaja con (el proyecto) Difusa Frontera, gente que cruza pares latinos en distintos eventos. Un año antes nosotros habíamos ido a Curitiba, porque habíamos estado acá en Rosario con una banda de allá, Namasté. Al año apareció esta gente de San Pablo y nos llevaron a unos festivales. Fuimos tres años seguidos a San Pablo. Ahora nos fuimos a Goiania, al norte, al Figo, un festival que está muy bueno, con una calidad de artistas impresionantes, como Hermeto Pascoal. La relación con el público es la misma que en todos lados. Hay públicos un poco más fríos y otros que no, pero no depende tanto del lugar sino de la noche que te tocó. Por suerte siempre los convencemos de alguna manera para que se arme una fiesta.

—¿Y en la Argentina cómo les va? ¿Cuál es la situación para tocar acá?

—Acá trabajamos menos que afuera. Por el momento es así (risas). Supongo que tiene mucho que ver con la cuestión económica y también marketinera. Nosotros no somos una banda popular, somos una banda medianamente conocida por su trayectoria. Somos una banda que ha creado un circuito de trabajo que a esta altura tiene un reconocimiento y logra que la rueda se mueva sola de alguna manera. Pero para ser sincero es más difícil tocar en Argentina que en cualquier otro lado.

—Muchas bandas dicen que en Buenos Aires es particularmente difícil...

—Sí, y es particularmente difícil para cualquiera, incluidos los porteños mismos. No tienen muy buenas condiciones para tocar. Más allá de que nosotros nos quejamos siempre de Rosario, en Buenos Aires no la pasan muy bien. Encima los números son muy raros. Producir un show en Buenos Aires es carísimo. Y llega un momento en que uno se da cuenta que el resto del país también está ahí esperando y hay un montón de gente. Entonces apuntás para otro lado, y Buenos Aires deja de ser una meta. Buenos Aires es una plaza de laburo que concentra mucha gente, sí, y a nosotros nos gusta ir allá, pero también evaluamos los costos, el desgaste, todo lo que significa tocar allá. Por eso vamos poco.

—¿Conviene más tocar afuera en el sentido económico?

—Sí, conviene más, pero tampoco nos llenamos de plata (risas). Nuestro circuito tanto acá como en Europa está recién despegado del under, si es que está despegado. Nosotros tenemos que tocar muchísimo para poder ganar dinero. De hecho este año hicimos 37 shows en 55 días. No es gran cosa la diferencia económica. Pero en Europa tenés muchas más posibilidades de tocar día tras día.

—¿Cómo definirías a la Rosario Smowing en este momento de su carrera?

—Es como un perro viejo, un poco mañoso, cada uno por su lado. Quizás hasta las diferentes partes del cuerpo podrían responder con cierta autonomía. Pero es un perro tranquilo, calmo. Rosario Smowing sigue siendo una banda que realmente hace lo que quiere, que disfruta de lo que hace, y que disfruta mucho de las discusiones internas con respecto a la cuestión artística. No son ocho tipos que piensan como yo, y eso es lo que más me atrae de esto, porque a esta altura se ha armado un proyecto sin querer que lo sea. Nos encontramos en un trabajo que a todos nos gusta, que todos buscamos. Estar trabajando tantos años en algo que a uno le gusta no le pasa a cualquiera. Rosario Smowing en este momento en nuestra canilla de agua.

—¿Alguna vez sintieron que en Rosario no estaban lo suficientemente valorados?

—No, para nada. La gente es dueña de valorar y ver en su medida. Si toda la gente fuera como yo, por ejemplo, nadie iría a ver recitales. Yo no voy nunca a ver shows, pero hay compañeros míos que sí. Yo me siento muy valorado, y a veces me da un poco de vergüenza. Haber elegido el oficio de hacer canciones hace que uno sea un poco más conocido, y eso a mí me carga de cierta responsabilidad, que no sé si me agrada tanto. Yo jamás podría decir que no soy valorado lo suficiente. Al contrario, creo que a veces se exceden.

—¿Por qué no vas a ver shows? ¿Te cansaste?

—Fui durante mucho tiempo. Y ahora no hay nada que tenga muchísimas ganas de ver. Tuve la suerte de compartir un festival con Patti Smith en Alemania. Me di el gusto de ver a Patti Smith y a King Crimson como cualquier chico que va a un recital. Creo que fue suficiente por los próximos años.

—El último disco de estudio de la banda es de 2011. ¿Cuándo sale el próximo?

—La idea es empezar a grabarlo este año. Estamos trabajando a full para que el año que viene tengamos un disco nuevo. El disco viene como una necesidad imperiosa, porque tenemos muchas canciones que se amontonaron durante todo este tiempo en que estuvimos girando. Creo que el próximo disco va a ser tan ecléctico como el primero, esa es la sensación que a mí me provoca.

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