Escenario

Diego Capusotto: "No se puede exigir que no exista la imbecilidad"

El actor desafió a quienes lo cuestionan por hacer humor desde la TV Pública. El lunes estrena la novena temporada de su programa.

Viernes 22 de Agosto de 2014

Capusotto no es joda. Aunque su aspecto alocado, con los pelos largos, desgarbado y tirando frases disparatadas en la tevé sea asociada a un tipo que no le importa nada. No. A Diego Capusotto le importa todo. Y cuando opina sobre la inseguridad, la política, la angustia existencial y la esclavitud cotidiana lo hace desde la máxima seriedad y responsabilidad. Munición gruesa y sintonía fina.

La excusa para hablar con Diego Capusotto fue el lanzamiento de "Peter Capusotto y sus videos", cuya novena temporada comienza este lunes, a las 22.30, en emisiones semanales en la Televisión Pública. Sin dar demasiada data sobre los nuevos personajes, para mantener la magia, el actor y humorista no se privó de sacar conejos de la galera al momento de reflexionar sobre el ciclo, que vuelve a contar con los guiones de Pedro Saborido y la música seleccionada de Marcelo Iconomidis. Con ustedes, Diego Capusotto, o, mejor, el ser pensante que está detrás de las máscaras.

—¿Cuál es el desafío ante una nueva temporada del programa, hay dudas, temores?

—El temor es no estar a la altura de las circunstancias. A esta altura lo que irrumpe para continuar el programa es que nos seguimos juntando con Pedro (Saborido) y seguimos sintiendo que hay algo que circula entre los dos, que son principalmente ideas nuevas y personajes nuevos que vienen a sumarse a otros tantos que han aparecido en el ciclo. A partir de ahí hay un impulso, que hace que esos personajes nos hacen reír cada tanto como si fuésemos niños, que por otro lado no somos (sonríe). Además, hacemos poca cantidad de programas y hay una distancia prudencial como para sentir un poco que volver a hacer un programa es casi como empezar de cero, y me parece que ese estadío emocional hace que tengamos ganas de continuarlo. En la gente esta distancia también le genera algo así como volver a escuchar el nuevo disco. El miedo, la neurosis está en que el disco no sea tan bueno, lo mejor que te pueden decir es que este disco gustó más que el anterior, pero esas cosas empiezan a pasar una vez que el programa se emite y toma una mirada más amplia que la nuestra, que es más limitada. A partir de ahí empieza esto, que es un poco un misterio, que es saber cómo le llega a la gente hoy nuestra propuesta.

—De todos modos, hay personajes como Bombita Rodríguez, Pomelo o Violencia Rivas, por nombrar sólo algunos, que un cierto sector de la teleaudiencia ya los incorporó y aceptó. ¿Dado que van por la novena temporada, no es suficiente como para evaluar que se llegó al objetivo propuesto?

—Sí, se llegó a un objetivo, siempre personal, que es un poco la elección de hacer esto que estamos haciendo y que a su vez nos genera mucho placer. Hay personajes, inclusive, que han excedido un poco el programa y se han convertido en otros. Cuando aparece alguien hablando, un dirigente, un músico o un comunicador y decís: "mirá, se parece al personaje del programa". Y eso tiene que ver con la potencia propia del personaje y lo que provocó en el otro, y a muchos años de que se está haciendo el programa. Creo que esto sigue funcionando como un programa coleccionable, donde si hacemos una relación al rock, siempre hay un evento nuevo, un recital nuevo, y después de un tiempo vamos a ver si sigue siendo lo mismo, ¿entendés? Si es un lugar que nos pertenece o ya no es como antes, pero uno va.

—Ya que lo vinculaste con el rock, viste que si sale un disco nuevo de David Bowie, uno no sabe si es bueno o malo, pero lo compra porque es Bowie. ¿Creés que en los fans del programa funciona de esa misma manera, que es porque quieren verte a vos, y eso funciona?

— Yo creo que sentimos eso, en el circuito de gente que nos mira. Pero nunca tenemos el control y no sabemos cuántos se suman o si seguimos siendo los mismos, en definitiva, nosotros sí seguimos siendo los mismos y seguimos eligiendo hacer esto. Ya dejamos de saber si esto suma más curiosos o no, pero de alguna manera supongo que en alguna gente puede pasar lo que a mí me pasa con un músico. Si sale un disco de Neil Young o un inédito del año 70 de Lou Reed, lo vas a comprar o lo vas a conseguir para escuchar. Entonces vas también esperando el milagro, como siempre, y hablo de milagros como una sensación de mucho placer, de conectarte con algo que te lo genera, una especie de júbilo. Hay algo que está pasando que está bueno entre tantas cosas que generan todo lo contrario. Si pasa eso en la gente está bueno, es como una sensación de... (piensa), a veces nos genera esto de misión cumplida, y a veces es un regocijo que puede ser el impulso de algo que uno pueda compartir, y que divierte.

—¿Aún graban con los textos a medio leer, como para sorprenderse y reírse mientras salen al aire?

—Hay una modalidad de laburo, trabajamos un poco con una cierta disciplina, que a veces se desmadra, porque no tenemos tanto tiempo para un ensayo previo de cada uno de los personajes. Entonces estamos acostumbrados a resolver desde ahí, y a que la propia idea o los personajes también nos sorprendan. Y en el caos se genera algo interesante, que a veces te da una especie de cansancio físico y mental, porque estás haciendo un personaje y después otro, es como si los personajes te tomaran y te estuviesen disfrazando, ya no la vestuarista, sino ellos, ¿viste? Y a lo mejor, son cinco o seis personajes que hacemos por día. Yo creo que hacemos este programa porque los personajes nos parecen más interesantes que nosotros, y después, lo que pase con el espectador no lo sabemos.

—¿No sienten que traen un poco de felicidad en momentos en que la realidad social no da para reírse?

—No hacemos el programa para el tipo que estuvo laburando todo el tiempo y encuentra un momento de dispersión con nosotros, porque es como darle a un esclavo un dulce para que se vaya a dormir y mañana vuelva a ser esclavo de nuevo. No es nuestra intención como única motivación, porque si laburo todo el día y no la paso bien hay algo que está mal. A nosotros nos interesa más un espectador que, como nos pasa a cada uno de nosotros, que tenemos diez, cien o cinco cosas anotadas en la cabeza o en un cuadernito, de cosas que nos resultan imprescindibles para disfrutar y palear un poco esta angustia existencial. Es como encontrarle una especie de justificativo a la propia existencia y agarrarte de algunas cosas que la justifican y que pueda tener algo de sentido esto de transitar por la vida. Te agarrás de algunas cosillas que te son imprescindibles, necesarias, quizá sea un acto desesperado, probablemente, pero si está elegido, y eso te acaricia y te pone fuerte, está muy bien.

—¿Te sentís cuestionado o presionado por hacer humor en medio de un contexto social complejo, y desde un canal estatal?

—Esto ya lo hicimos. Lo que pasa es que la gente nunca nos decía que éramos frepasistas cuando estaba la Alianza, porque la Alianza no tenía conflictos con nadie. La Alianza era un momento en donde la humorada estaba en parodiar a (el ex presidente de la Nación Fernando) De la Rúa, cuando se equivocaba al decir una frase y resulta que es el mismo De la Rúa que puso el Estado de sitio y hubo 39 muertos, entonces no sé si era tan boludo o un hijo de puta. Entonces, ahí nosotros estábamos haciendo humor en "Todo por 2 pesos" (el envío con Fabio Alberti), como también hicimos humor en un canal privado, en el 93, en la época menemista, lo que pasa es que en la época menemista era un poquito de agua en el desierto mientras todos estaban encerrado en la casa diciendo "este negro es un hijo de puta, que se coge modelos y anda en una Ferrari". Y ahora hay un conflicto territorial, una coyuntura, que hace que cualquier persona que atraviesa el Canal 7 pareciera, para algunos sectores, que fuese una especie de soldado kirchnerista y que nosotros fuésemos los voceros del humor kirchnerista. Así, el kirchnerismo ya abarca todo como un nuevo peronismo, que también tiene gente que hace humor en sus fuerzas (sonríe). Nada, hay que agudizar la mirada, lo que pasa es que no se puede exigir eso, como no se puede exigir que no exista más la imbecilidad.

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