Escenario

"Desconectar de las pantallas y conectar con uno mismo"

El cantante de Indios, Joaquín Vítola, habló del proceso de creación del tercer álbum del grupo, que retoma la sensualidad de sus primeros hits.

Viernes 16 de Agosto de 2019

En 2013, Indios sorprendió (y sobre todo sedujo) con su disco debut: canciones con melodías y estribillos gancheros, letras sensibles y sexies, y un cantante con vocación de frontman. La banda rosarina recibió elogios de músicos como Adrián Dárgelos, Ale Sergi y Leo García, y eso le alcanzó para firmar contrato con el sello Pop Art, hacer giras por Argentina y México y establecer su base en Buenos Aires. Su segundo álbum, "Asfalto", más oscuro y sin tantos hits a primera oída, llegó recién en 2017, y ahora el grupo regresó a escena con "Besos en la espalda", un disco sensual y elegante que busca recuperar el espíritu de su primer trabajo.

El combo integrado por Joaquín Vítola (voz), Nicolás de Sanctis y Patricio Sánchez Almeyra (guitarras), Guillermo Montironi (bajo), Agustín Majdalani (sintetizador) y Federico Pellegrini (batería) vuelve hoy a su ciudad natal para presentar sus nuevas canciones. El show es esta noche, a las 22, en la Sala de las Artes (Suipacha 98 bis). Como invitados tocarán Juan Ingaramo y Barco. En charla con Escenario, Joaquín Vítola habló de las influencias de los años 80, el desafío de enfrentar las críticas y el peligro de perderse en las redes sociales.

—¿Cómo se gestó "Besos en la espalda"?

—Para hacer este disco queríamos salir de la ciudad, ir a una zona muy poco habitada, sin señal de celular. Entonces nos refugiamos en la casa de un amigo que está en Villa La Bolsa, a 40 kilómetros de Córdoba capital. Es un lugar donde viven 1.500 personas, muy chiquito. Ahí hicimos la producción y la instrumentación. El proceso total del disco llevó un año. Queríamos vivir una experiencia distinta a la que tuvimos con el resto de los discos. También fuimos a Ballesteros (Córdoba), a un campo, donde sólo se escuchaban las cotorras. Y lo terminamos en nuestros estudios caseros. Usamos todos los recursos disponibles para poder componer y grabar como realmente queríamos.

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—¿Buscaron diferenciarse del segundo disco?

—Naturalmente sí. A "Asfalto" lo hicimos en medio de la ciudad, en medio del quilombo de Buenos Aires. Este es diferente, es mucho menos duro. "Asfalto" fue muy rockero, fue lo que captamos cuando nos fuimos a vivir a Buenos Aires. Nosotros pasamos toda nuestra infancia en Fisherton, que es re tranqui. Y estar en Buenos Aires significó un cambio grande. Creo que en "Besos en la espalda" retomamos la sensualidad de nuestro primer disco, y lo que quedó ahora es esa "sensualidad rítmica", como me gusta llamarla.

—Nicolás de Sanctis dijo en una entrevista que le dolieron las críticas a "Asfalto". ¿Cómo ves en perspectiva a ese álbum?

—En ese momento la banda quiso experimentar otra cosa, ser reales. Ese disco tiene un sonido rehonesto. A algunos integrantes de la banda las críticas nos dolieron un poco, sí. Y a otros los sorprendieron. Hubo algunas que fueron destructivas. La (revista) Rolling Stone dijo algo así como "Vítola reniega del hit" y "bajos con sonidos flacos". Es súper válido. Pero nosotros estábamos un poquito sensibles y nos pegó. Además veníamos de todas rosas con nuestro primer disco. El aspecto positivo es que esas críticas nos curtieron y nos hicieron ver que el castillo de Disney era una fantasía. No existe.

—Desde la tapa hasta las canciones, "Besos en la espalda" tiene una estética que remite a los años 80, a grupos como Virus y Suéter. ¿Esa fue una influencia puntual para el disco?

—A nosotros nos gustan esas bandas, y ya las habíamos curtido en el pasado. Pero las sonoridades se reencuentran de formas misteriosas a veces. A nosotros nos influenció bastante (la banda mendocina) Usted Señalemelo, que tienen cosas de los 80, de los Redondos y de Soda. Y la estética de la tapa fue una coincidencia, porque se asemeja con "Locura" de Virus. También estuvimos escuchando mucho el último disco de Arctic Monkeys, que están en un trip tipo años 50. Creo que retomamos el pasado pero con bandas que lo miran desde el presente.

—La letra de "Ritmo y percepción", la canción que abre el disco, empieza con una observación interesante: "Supe que dejaste de pensar en fantasías/ supe que cambiaste todo por una pantalla". Vos contaste en una entrevista que son muy seguidores del filósofo surcoreano Byung-Chul Han (autor de "La sociedad del cansancio" y "La agonía del Eros"), que tiene una mirada crítica de las redes sociales. ¿Cómo llegaron a esas lecturas y por qué les gustó?

—Nico lee mucho. Y creo que él nos pasó el nombre. Fue el autor que nos unificó a todos en la banda. A todos nos interesó mucho leer algo tan concreto y actual sobre la problemática de la tecnología y las redes sociales. Byung Chul Han habla de la transparencia que genera el exceso del sí. Transparencia hasta desaparecer. La cultura del "like" genera que uno busque siempre el sí y que le diga que sí a todo. De esa manera no encontrás tus propios límites y te perdés, terminás siendo transparente porque no tenés peso específico. Sos puros datos. Ahí se genera un vacío de contenido muy grande que después desemboca en tanta ansiedad, que es el gran mal de esta época. Es un autor que recomendamos a full. Además es muy entretenido para leer, muy actual, muy didáctico y profundo a la vez.

—¿Cuál es tu relación con las redes? ¿Las usás mucho?

—Trato de no abusar, porque cuando me bandeo mucho me siento vacío. Es como cuando comés en McDonald's, que comés pero no te alimentás. Cuando estás mucho tiempo mirando las redes es como que sentís que el cuerpo se va llenando de vacío. Hay que tener mucho cuidado de no perderse en las pantallas. Dentro de todas las posibilidades de conexión que tenemos ahora, creo que hay que estar lo más desconectado posible de las pantallas para estar más conectado con uno mismo. Si uno está siempre entretenido y absorto con las cosas que están haciendo otros se termina perdiendo en un dispositivo, un celular o una computadora.

el pop es mi forma de ser. Indios se formó en Rosario, pero tras el éxito de su disco debut se instaló en Buenos Aires.

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