Escenario

Del Prado: "Estoy bien pertrechado para enfrentar lo que sea"

El compositor de "Yo vengo de otro siglo" se presentará esta noche en El Aserradero.

Sábado 13 de Octubre de 2018

Como Troilo, siempre está volviendo. Quizás porque nunca se fue de ese territorio que podría definirse como la canción popular rioplatense, es decir esa mezcla de tango, candombe, milonga y murga, pasada por el tamiz del rock nacional. Alejandro del Prado, uno de los creadores fundamentales —y a la vez bastante olvidado— de la canción porteña también regresa a Rosario esta noche para brindar un show íntimo en El Aserradero (Montevideo 1518).

   "Vamos a pura guitarra, a presentar temas que van como enganchados por poetas, por tangos, por murgas, son canciones que venimos trabajando para un próximo disco" dice el artista que llegará acompañado por Luciano Battagliese en guitarras y bajo.

   Con una extensa carrera que comenzó como ladero del periodista Osvaldo Ardizzone y como integrante del grupo Saloma —" un grupo vocal e instrumental muy interesante", dice— Del Prado inicia su carrera solista en los 80, dejando como registro dos discos entrañables y referentes indudables de la primavera democrática: "Dejo constancia" y "Los locos de Buenos Aires".

   En esos años el cantautor se radica en México donde integra una de las formaciones que acompañó al maestro Alfredo Zitarrosa. "Haber sido su compañero en el escenario e integrante de su cuarteto fue muy formativo. Yo era muy joven y guardo por él un cariño enorme, un agradecimiento y admiración creciente, porque vuelvo a sus textos y su obra es deslumbrante" recuerda el músico.

   En los 90 Del Prado se va a España y cuando vuelve descubre que sus discos aún estaban vigentes. Allí empieza una etapa más tanguera, integrando brevemente la banda Posporteños, junto a Rodolfo García y Daniel Ferrón. En el año 2008 graba un nuevo disco —el primero después de veintitrés años— "Yo vengo de otro siglo", que le significó un nuevo regreso a la música. "Pero siempre componiendo y tocando, pasan los años como un tubo, loco. —dice hoy—..Ahora estoy en esta adolescencia de la vejez, siempre bien pertrechado y preparado para enfrentar lo que sea, con la música argentina, la más bella del mundo, que te permite montones de influencias para que uno se exprese y pueda rozar la felicidad".

   —Sos un músico que ha salido de las clasificaciones, cuesta encasillarte en un género...

   —Es un tema lindo ese porque cuando empecé en los años 70 hacer lo que uno tenía ganas de hacer, sin género, era una virtud. Después, la comercialización de esta actividad necesitaba clasificarte. Yo venía del tango y del folclore, pero en el rock de los 80 encontré una mayor libertad de expresión, por eso entré por allí. Por ahí me tengo que esforzar para definirme, y a veces lo sufro bastante pero también lo disfruto porque puedo tocar varios géneros, y tengo amigos en todos ellos.

   —Tuviste varias pausas en tu carrera artística. ¿Pasó lo mismo en lo compositivo?

   —Yo compuse mucho, durante mucho tiempo, y lo identifico como diferentes etapas. Lo que no estuvo bien fue no grabar cada una de esas etapas. Tengo como baúles llenos de temas y ahora no estoy componiendo mucho, estoy más en intérprete de mi obra. Soy intérprete de aquel pibe que compuso tanto a los 25, 30, 40 o 50 años. Tengo composiciones de todas esas edades y las admiro y recuerdo esa lucha. Me encuentro con canciones muy queridas que estoy organizando para pronto poder sacarlas de esos baúles, y eso me entusiasma.

   —Vos rescataste uno los géneros menos transitados como la murga porteña...

   —En lo de la murga hicimos un aporte. Mi esposa Susana Fernandez fue una de las primeras minas que tocó el bombo en el escenario. Me decía el Chango Farias Gómez: "Cómo no se me ocurrió a mi poner el bombo de murga, que soy yo, un boludo"? divino, eso a mí me apoyó mucho? salíamos con el bombo de murga a lugares en donde era una rareza. Se desarrolló mucho y es un género que sigo buscándolo todo el tiempo, sigo intentando cosas. Han aparecido montones de grupos, cantores que se dedican al género. A uno de mis temas más conocidos, la "Murguita de Villarreal", la tuve que registrar como canción, y ahora ya hay un género en Sadaic que es murga. Se aprendió a diiferenciar entre la murga argentina, la murga porteña, que tienen diferentes toques, y por supuesto la uruguaya que tiene otro desarrollo profesional.

   —¿Qué aportes y que ausencias te dejó tu viejo, Calé, un artista tan importante que se fue tan joven?

   —Mi papá fue divino. Lo estudio, lo sigo leyendo, vuelvo. Es mi fuente fundamental, aparte de ser un tipo impresionante. Todo es rico, los amigos que dejó, los dibujos, su visión? Cuando el falleció a los 38 años, yo tenía 8, mi hermano 11 (el periodista Horacio del Prado) y mi mamá 30. Quedamos los 3 solitos. Empezó a pasar el tiempo y en lugar de calmarse, el dolor era cada vez más grande. El nació accidentalmente en Buenos Aires, pero Calé era rosarino. Creo que erróneamente no se lo considera rosarino, pero él era uno que como tantos jóvenes vino a Buenos Aires a triunfar y triunfó. Hizo un gran trabajo que aún perdura, mezcló el fútbol con el tango, y su impronta se vio hasta en las cosas de Olmedo. Tenía esa formación rosarina que le permitió ver a Buenos Aires como la vio, un poco entre decepcionado y pidiéndole más. Yo siempre que voy a Rosario paso y me tiro un par de lagrimones ahí en la calle San Juan, cerca del monumento a la bandera, que fue donde vivió, la casa de mis padres y de mis abuelos.

   — ¿Cómo estás atravesando este momento político del país?

   —Estamos así, como estas vueltas de este destino que nos auto infringimos. Un día se fueron, yo sabía que se iban a ir Videla y toda esa gente. Yo tenía esa seguridad y fuimos muchos los que le respondimos a la dictadura teniendo hijos y yendo para adelante en forma cotidiana. Eso es lo que hay que hacer ahora. Ya va a pasar esto, lo vamos a superar. Antes eran unos viejos los que nos hacían esto, ahora son tipos más jóvenes y me asusta que haya tipos tan poco solidarios que no estén pensando en qué es lo mejor que podrían hacer para la gente. Pero nunca van a tener una calle con su nombre, algo que para nuestra cultura es como una distinción. Esta gente está muy lejos de lo que nosotros sentimos.


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