Escenario

"Decir que la música es elitista es lo más ridículo del mundo"

El director Daniel Barenboim dijo que quiere generar un espacio de reflexión paralelamente a los recitales.

Lunes 04 de Marzo de 2019

Ni las denuncias de maltrato, ni los achaques de la edad que lo obligaron recientemente a operarse del ojo derecho le hacen perder el foco, y mucho menos el sentido del humor, algo suyo muy argentino, revela Daniel Barenboim, quien en julio regresará al CCK de Buenos Aires con un festival de música y reflexión que refleja la intención detrás de su arte.

Barenboim regresará desde el 22 de julio hasta el 8 de agosto a la Sala Sinfónica del CCK de Buenos Aires, junto a la West-Eastern Divan Orchestra (WEDO) y artistas invitados, un festival único que concibe la música como forma de reflexión sobre la condición humana. La reconocida pianista argentina Martha Argerich, la aclamada violinista alemana Anne-Sophie Mutter y el tenor mexicano Rolando Villazón, acompañarán al genial director de orquesta argentino-israelí en el Festival Barenboim 2019.

La Televisión Pública Argentina realizará transmisiones del ciclo, el cual se podrá ver también a través de Contar, la plataforma de contenidos digital y gratuita del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos. En tanto, además, la Televisión Pública emitirá los conciertos que Daniel Barenboim ofreció en julio de 2018 junto a la Staatskapelle Berlín en la Sala Sinfónica del CCK de Buenos Aires, como antesala de una nueva edición de su festival. Se trata de cuatro programas especiales que emitirán durante cuatro sábados consecutivos, 9, 16, 23 y 30 de marzo, a las 21.

La agenda del director es intensa, es viernes y a las 20 horas tiene un asiento reservado en la Filarmónica de Berlín para escuchar a su amigo Zubin Metha, al que no le quiere fallar. Pero también tiene un proyecto muy personal que atender, por eso recibe a los medios argentinos en la Barneboim-Said Academie, uno de sus sueños hecho realidad y cuya filosofía quiere trasladar a la Argentina.

"La pregunta inicial es por qué la música es importante", lanza tan pronto se sienta en la mesa a dialogar y antes de entrar en detalles acerca del programa elegido para el festival o explayarse en anécdotas que retratan su experiencia vital, que a sus 76 años comparte con una apertura extraordinaria.

Para Barenboim la respuesta es que "no se puede hablar solo de la música sino del efecto de la música sobre el ser humano". "Se hicieron muchos trabajo sobre su influencia de la música en los sobre niños (...) y es un poco como el deporte, pero no tiene el mismo aspecto conflictivo de quien gana o pierde. En un cuarteto de cuerdas si se busca quien gana, pierden todos. Es una escuela para la vida", asegura.

Desde que empezó con sus festivales anuales en Buenos Aires en 2013, el maestro, pianista y director de orquesta argentino, israelí y palestino, quería realizar un festival que no solo esté centrado en los conciertos sino que generara un espacio de reflexión en torno a la música.

Su idea fue recibida con gran entusiasmo en el CCK, donde Barenboim se instalará del 22 de julio al 8 de agosto con su emblemática West-Eastern Divan Orchestra, acompañado por artistas internacionales y con la asistencia de varios pensadores.

"No soy político, soy nada más un músico. Pero si puedo contribuir en algo es en esto. Mi esperanza es que el simposio despierte la curiosidad de la gente que sí puede cambiar las cosas", subraya el director de orquesta, quien pretende aportar su granito de arena para que Argentina, el país al que más se siente vinculado emocionalmente, pueda mejorar.

Barenboim suele decir que la música nos iguala a todos, y que esto debería trasladarse también fuera de la música. Sin embargo asegura que los políticos están "muy lejos de comprenderlo", porque generalmente consideran que es algo "elitista", y eso es "lo más ridículo del mundo".

"La música perdió un poco de su sentido en la percepción de la gente porque no hay educación musical, se aprende literatura, geografía, biología, matemática, pero no música. Eso es un gran drama", dijo Barenboim.

"La música da un sentido a la vida, porque es lo único que conozco que te permite vivir elementos opuestos simultáneamente. La música nunca ríe, nunca llora, ríe y llora al mismo tiempo", explica el maestro.

"El verdadero sentido filosófico está en el contrapunto, no musical, sino de elementos opuestos que tienen que vivir juntos, dialogando", remarca Barenboim, sobre esta característica que hace que la música sea algo esencial a la condición humana.

Mientras la prensa sigue más pendiente del reciente revuelo causado por las denuncias de maltratos que hicieron en su contra músicos alemanes, Barenboim le resta importancia al asunto y lamenta más no haber podido dirigir este año la temporada de la opera "Babylon", de Jörg Widmann, debido a que tuvo que operarse de cataratas.

La música "es un idioma de igualdad e integración", dice Barenboim para explicar la esencia de su trabajo con la West-Eastern Divan Orchestra (WEDO).

Fundada en la ciudad alemana de Weimar por Barenboim y el intelectual palestino ya fallecido Edward Said, la WEDO reúne desde hace veinte años a jóvenes israelíes y de distintos países árabes para que juntos interpreten música, por medio de un proceso colectivo de reflexión y compresión mutua. La iniciativa surgió en el contexto del enfrentamiento entre israelíes y palestinos. En un momento en que la xenofobia y discriminación se incrementan alrededor del mundo, el proyecto de Barenboim tiene más vigencia que nunca.

objetivos. "La música es un idioma de igualdad e integración", dijo Daniel Barenboim.

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