Escenario

Decadentes: "Queremos celebrar la vida por un rato"

Los Auténticos Decadentes celebran 30 años de trayectoria con dos shows unplugged agotados en El Círculo.

Domingo 09 de Junio de 2019

Pasaron 30 años desde que a unos amigos del quinto año del Colegio José de San Martín se les ocurrió hacer una banda para cantar en el acto de fin de año. Le pidieron canciones a uno de sus primos, Jorge Serrano, sumaron varios músicos, y el resto es historia. Así nacieron Los Auténticos Decadentes, la icónica banda argentina de rock y ska que forma parte del cancionero popular con hits trascendentales como “Un osito de peluche de Taiwán”, “La guitarra” y “Loco”.

    El grupo llega a Rosario para celebrar sus tres décadas de trayectoria con su álbum “MTV Unplugged - Fiesta Nacional”, en dos shows con entradas agotados, el primero fue anoche y el cierre será hoy, en El Círculo. Como telonero, estará el dúo local Matilda.

   En medio de las celebraciones, Serrano, compositor, guitarrista y voz de la banda, dialogó en exclusiva con Escenario sobre la historia de sus hits: “Cualquier cosa que el humano deja tiene que ver con la desesperación de sobrevivirse a uno mismo” Y sentenció: “No son tiempos de Leonard Cohen o Bob Dylan o literatos de esa altura”. Se refirió a los últimos premios Gardel: “Si lo que se disputaba era la trayectoria, lo merecíamos nosotros. Algún día se nos dará”. Y destacó que jamás hicieron terapia grupal: “Cada vez que tenemos un problema, jamás lo hablamos. Lo valioso es el barco, nosotros somos 12 salames”.

—¿Cómo van a ser sus show?

   —Es un espectáculo costoso por el traslado de material. Somos 12 músicos, más invitados especiales en cada show de cada lugar a donde vamos. Es llevar las canciones como se hacía antes, con instrumentos de verdad. Ya llevamos el show a México, y generalmente lo hacemos en teatros porque sino el sonido se pierde. En México también tocamos 5 veces en un mismo teatro, como si fuésemos una compañía de teatro.

   —Si te remontas a los comienzos de la banda cuando eran chicos de quinto año del Colegio José de San Martín, ¿cómo recordás ese momento?

   —A ese colegio iban Nito, Cucho y Gastón. Yo tenía 30 y ellos cerca de 20. Ahí nos conocimos. Ellos son del bajo Flores y Caballito y Dani y yo somos de Martinez. Ellos querían tocar a fin de año en el colegio y Nito me preguntó si podía tocar una canción mía. La primera fue “El jorobadito”. Yo tenía varias canciones compuestas. Y ya a la tercera canción que me pidió me propuso estar en el grupo. Porque ellos querían formar un grupo pero no tenían ni canciones ni sabían tocar. Era una caradurez. Yo entré a último momento como para hacer ese show, como una travesura, en un festival en el colegio. Y apenas terminamos, los chicos estaban súper entusiasmados. Cucho estaba colgado y yo en la luna. Pero Gastón y Nito estaba moviéndose y consiguiendo lugares para tocar.

      —Hace menos de un mes fueron homenajeados en los premios Gardel por su trayectoria. ¿Qué sienten cuando ven el reconocimiento de sus colegas?

   —Tenemos la fortuna de que la gente despliega mucho cariño con nosotros, desde los colegas, los periodistas, el público. Sentimos el cariño de igual a igual, no desde la admiración, sino del igual a igual. Sentimos eso en todos lados del mundo. Hemos sembrado y cosechado muchísimo cariño, porque somos un grupo de amigos con buenas intenciones, nos gusta que la gente se divierta. Nunca les tomamos el pelo, nos reímos de nosotros, y siempre tratamos que cuando tocamos sea un momento mágico de celebración. Y que donde no había nada, de pronto se formó un grupo de personas, es como una construcción etérea, algo que sucede y después desaparece.

   —Donde tocan se sabe que va a ser una fiesta...

   —Lo vivimos sin solemnidad. Siempre entendimos la música como alegría, celebración, festejo del amor y de lo que sea. Proponemos el baile, cantar, sonreír, levantar las manos. Queremos celebrar la vida un rato.

   —¿Qué sentiste cuando Marilina Bertoldi ganó el Gardel de Oro?

   —Nosotros no lo ganamos nunca. Está desde el que se fue puteando, hasta yo, que estaba ahí, que no me gustan esas cosas y no sé para qué me hicieron ir. Lo queríamos ganar y no lo ganamos. Desde que llegamos, nos dimos cuenta que el evento tenía un color, que había favoritos, y que no lo íbamos a ganar. A mí me puso contento ver a Marilina en la tapa de los diarios al otro día, porque le va a hacer muy bien en su carrera, a nosotros no nos hace falta. Si lo que se disputaba era la trayectoria, lo merecíamos nosotros. Algún día se nos dará. Algunos patearon la silla. A mí realmente no me importa tanto. No me afectó. Me saqué fotos con todos los cocineros, la gente que estaba ahí, ¿qué mayor recompensa que eso?

   —¿Qué sentís cuando te das cuenta que compusiste hits del cancionero popular argentino como “Loco”, “Un osito de peluche de Taiwán” y “La guitarra” que van a sobrevivir por generaciones?

   —La canción te sobrevive. Es lo mismo que hace uno cuando planta un árbol, escribe un libro o tiene un hijo. Cualquier cosa que el humano deja tiene que ver con la desesperación de sobrevivirse a uno mismo. Cuando yo no esté, acuérdense de mí, no quiero ser insignificante. Esas son mis tres canciones preferidas. “La guitarra” es una genialidad. Estaba mi mujer embarazada y pensaba en que iba a tener hijos y me iban a volver locos al igual que yo a mi padre. Y fue sobre la relación padre e hijo. Son canciones muy fuertes.

   —¿Hay hits ahora?

   —El tiempo lo dirá. A veces hay canciones que pasan y quedan. Ahora pasa todo más por el cuerpo, el video, el baile. No son tiempos de Leonard Cohen o Bob Dylan o literatos de esa altura. No me parece que la sociedad esté leyendo tanto como para escribir tan bien. Por eso todo pasa por la melodía o el cantante, sobre todo en la música joven, que depende de cómo el cantante seduce a la gente.

   —Attaque 77, Los Redondos, Los Piojos, se separaron. Y ustedes siguen juntos después de 33 años. ¿Por qué creés que pasa eso? ¿Hicieron algún tipo de terapia grupal?

   —(risas) Los psicólogos nos matarían con nuestra técnica. Cada vez que tenemos un problema, jamás lo hablamos. Porque no tenemos tiempo. Antes de tocar estamos todos concentrados, después del show, están todos borrachos y durante la semana no nos vemos. Somos una tribu, ni siquiera nos gusta la misma música. Somos como una representación de la República Argentina. ¿Quién puede decir que no funciona? Hace 33 años que seguimos. Nos vamos a morir antes de enfrentar nuestros problemas (risas). Acá, todos entendemos que lo valioso es el barco, y nosotros somos 12 salames.

   —¿Qué es lo nuevo?

   —Lo próximo es hacer un disco nuevo. Venimos explotando el pasado, es momento de mirar hacia adelante.

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