Escenario

De cómo estudiar a los payasos ayuda a vivir

El actor y docente Fausto Ansaldi subió a escena con "La fórmula del clown" en Caras y Caretas.

Domingo 28 de Enero de 2018

No es necesariamente una obra de teatro ni una conferencia ni un juego. Se trata de una experiencia en sala acerca de aquello que la vida confunde con el arte y la ciencia. Luego de un largo camino recorrido entre la formación, la actuación, la docencia y la investigación, el clown rosarino Fausto Ansaldi, residente en España, presentó "El método del clown" en un teatro Caras y Caretas colmado de espectadores que vieron, no sin asombro, cómo un simple payaso podía contribuir al desarrollo más armónico de su devenir cotidiano. En Europa, el neologismo "conferencia performática" puede ayudar a catalogar al evento.

Formado en pedagogía teatral, el artista creyó que había algo más superador que "encontrar el clown", como en la jerga se le llama al trabajo de profundizar en el personaje elegido. En su caso aparece Mierdo, cómico, intenso e irónico a la vez, y que se identifica con una nariz de payaso no roja sino negra. Con esa construcción, Ansaldi se nutre de los miles de turistas del centro de Madrid, donde vive. Muy cerca de la Plaza Mayor se lo puede ver haciendo reír y reflexionar a su ocasional público. Además, el artista ofrece talleres y cursos, y el evento en referencia es quizás la síntesis de esas labores.

Siete elementos. Fausto Ansaldi fue criado entre bambalinas. Es hijo de Héctor Ansaldi, Piripincho, y de allí que no fue menor la emoción de volver a subirse al escenario del teatro familiar, el mismo en el que hizo sus primeras actuaciones. Más aún, con su padre en la cabina de controles. El método al que se refiere el clown es un acercamiento científico a la posibilidad concreta de asociar el arte y la ciencia. Gracias a sus pesquisas y a varios años de perfeccionar el acto, Ansaldi encontró siete elementos propios de la psicología y la construcción del carácter que él llamó "átomos". Ellos son: conexión, transgresión, acción, delirio, originalidad, intensidad y belleza. Cada uno de esos átomos están determinados por un color de nariz de payaso que luego se corporizan en inmensos globos con los que el protagonista hace contacto con la platea. Se trata de un juego de ida y vuelta, en realidad, casi un ejercicio de memoria, que hace a la participación del público y a la consolidación de las ideas en cuestión.

Una historia. Pero hay más. Esos siete elementos son constitutivos de los principios que rigen la actividad clownesca y, por otra parte, están asociados a la historia de ese arte. De este modo, cada átomo y cada color viene acompañado de una figura destacada. Así, pasan por el escenario desde la comedia de los griegos y los bufones de la Edad Media hasta los nombres de grandes maestros de todos los tiempos.

Se destaca además en el evento un inteligente uso de la tecnología a mano, por ejemplo, transmitiéndose el mismo actor con su celular desde la calle del teatro proyectado en una pantalla, hasta usarlo como un espejo cuando le pide a los espectadores que se saquen una selfie haciendo morisquetas con gestos y gritos.

Hoy el espectáculo está siendo traducido al inglés ya que, según afirma su autor, existe una universalidad en la propuesta que es natural en la aceptación del clown como artista. Y si en algún momento un show no fue suficiente, o con una clase aconteció lo mismo, esta es la combinación de ambos.

Se trata finalmente de una idea arriesgada, original, interesante y que la platea puede aprovechar para su propio utilización y beneficio. Siempre con una sonrisa en el ojal y gracias a un momentáneo lapso de razón. Con la misma combinación de alma y cuero, de alegría y seriedad, de plenitud y carencia con la que durante cientos de años los clowns vienen haciendo de nuestras vidas un momento de feliz estadía, mientras nos reímos de nuestros propios defectos.

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