Escenario

Daniel Veronese asegura que "la gente sueña con dinero"

El director de "El Test" contó cómo es la obra que tiene como disparador una pregunta de apariencia inocente.

Sábado 03 de Noviembre de 2018

El director y dramaturgo Daniel Veronese trabaja entre España y Argentina desde hace más de 20 años, entre el teatro independiente -donde comenzó su carrera- y el comercial. Y en ambos espacios se siente cómodo, con una vasta producción, tanto con clásicos como con textos propios. Veronese, creador de "El periférico de objetos", una de las propuestas centrales de la escena porteña a finales de los 80, es el responsable de la adaptación y dirección de "El test", la obra del español Jordi Vallejo que acaba de recibir el premio ACE a mejor comedia y actor de comedia para Jorge Suárez, y que se presenta hoy, a las 21, en el teatro Fundación Astengo (Mitre 754).

La pieza tiene como disparador el tema del dinero a través de un test que comienza con una pregunta aparentemente inocente: ¿qué hacer ante la posibilidad de elegir entre recibir 100 mil dólares inmediatamente o 1 millón de aquí a diez años? Esto da pie a los cuatro personajes -interpretados por Suárez, Carlos Belloso, Viviana Saccone y María Zubiri- a revelar secretos que muestran lo mejor y peor de ellos.

Ante el interrogante de si el dinero realmente es la medida de todas las cosas, Veronese dio su opinión a Escenario: "Es difícil responderlo porque te digo que no y es que sí", dijo entre risas, y añadió: "No debería serlo; para poder pensar en eso y decir no, es porque tenés que tener, no tenés que tener necesidades, pero lametablemente también pasa en el teatro", consideró durante una entrevista en la que el tema del dinero, como en la obra, derivó en cuestiones sociales, políticas, de actualidad, contradicciones personales, el éxito y los desafíos del teatro.

—¿Qué te interesó del texto?

—Lo ví en Madrid el año pasado. Yo trabajo con Sebastián (Blutrach), me llevaron a ver varios textos para hacer aquí y "El test" me pareció que tenía un juego sobre economía que es original y no hay muchas obras sobre eso y eso lo volvía un poquito más popular. La gente sueña con dinero, con utopías económicas. No sólo eso, pero muchos pueden pensar las cosas que podrían hacer si tuviera un millón de dólares. Metía un tema convocante y escrito de una manera inteligente, que permitía pasarla bien y reflexionar, salir con esa pregunta y que podía producir empatía en el público.

—Esta es una adaptación, ¿qué la distingue de la original española?

—Mi dirección tiene que ver con una búsqueda dramática, personal. Tiene que ver con variables como el lugar, el país donde se estrena, qué actores tengo. Yo no me acuerdo cómo es el original, para mí esta es la obra.

—¿Vos qué preferís, cien mil dólares ahora o un millón a diez años?

—Por supuesto que me lo pregunté. Yo creo que pediría 500 mil... Yo pediría una cosa intermedia porque también tiene que ver con mi edad. Yo tengo mi casa, mi coche. Si me das, voy a agarrar una, pero es muy difícil decir tengo necesidad de esto, o me gustaría esperar el millón. Quizás dentro de un año un millón no es tanto, esto se puede dar. En este país hay devaluación hasta en dólares. Si fuese en otro país te diría un millón, pero acá no sé. No tener una respuesta concreta es también tener una respuesta, sentirse señalado por la pregunta. Es una pregunta muy humana y estamos hablando de dinero.

—La idea es elegir ahora mismo o pensar en el futuro. Dijiste que la adaptación tiene que ver con el lugar donde se estrena. ¿Se puede pensar en el futuro con la inestabilidad de las variables económicas actuales?

—Casualmente hablé con el productor y decíamos qué hacer en nuestro metier. No sabemos qué funciona, hablando en términos casi comerciales de subsistencia, no comerciales de especulación, porque yo vivo vivo de esto. Y en este último ensayo también hablamos sobre qué etapa de la humanidad nos toca vivir. Por ahí pensamos cómo puede ser esto, yo estoy alucinado en términos negativos con lo que pasa en Brasil, y sin embargo creo que es un coletazo que está respondiendo una parte de la humanidad por la cual no me siento convocado. Pero después de una escalada más democrática, más de pensar en el otro a nivel latinoamericano, son como ráfagas que una viene a ocupar el lugar de la otra. Es natural que pasase eso y no lo comparto para nade, pero entiendo que haya gente que quiera eso. Lo que hablábamos en un ensayo es que no tenemos que pensar en la muerte, como que esto es la muerte. Tenemos que pensar que somo artistas y los artistas tenemos una posibilidad de ser un poquito foguista, en el sentido de poner un explosivo intelectual en algún lado, detonar un poco, porque el teatro mucho no puede... las redes sociales creo que son la televisión de hace veinte años, esa capacidad de cambiar, o subir o bajar gente, el teatro no lo tiene. Pero tenemos la posibilidad de pensar en algo, de cambiar nosotros y de arrastrar a alguien de una forma modesta. Entramos deprimidos y salimos diciendo es la época que nos tocó vivir. Yo no creo que vayamos a ver muchos cambios, son terrenos que se van ocupando, luego se ocupará otro.

—¿El dinero sigue siendo la medida de todas las cosas?

—Es difícil responderlo porque te digo que no y es que sí (risas). No debería serlo. Para poder pensar en eso y decir no, es porque tenés que tener (dinero), no tenés que tener necesidades, pero lametablemente también pasa en el teatro. Hoy cuesta mucho armar grupos cuando hace 20 años era mucho más una militancia. Hoy siento que han cambiado el paradigma del actor, inclusive del actor independiente. Hay otras necesidades o no sé qué. Se abrió hacia un lugar que es medio impensado, hace 20 ó 25 años, como la creación de grupos militantes en el sentido de teatrales, y hoy está un poquito más individual todo eso. Creo que el dinero tuvo que ver. Yo empecé a hacer teatro sin pensar que iba a vivir del teatro y viví y viajé y me fue muy bien, y nunca lo tuve como una salida laboral, se convirtió en una salida laboral. Vivo bien y sin pensar en eso, pero considero que en general no pasa eso.

—El punto de partida, el dinero, se puede ver distinto en países que no pasan crisis económicas. ¿Eso condiciona la adaptación?

—Creo que en los momentos de crisis, como la dictadura o el menemismo, empezaron a salir los trabajos más potentes. Lo he pasado. Yo no he votado a (Mauricio) Macri, pero siento que hay algo que hay que empezar a hablar de esto. Y empecé a hablar de esto y empecé a pensar en un teatro más político. Antes quería pero no podía. Como creador, individualmente, la crisis me genera una capacidad de cambio maravillosa, sobre todo cuando está en crisis el contrato social. Aquí creo que además de crisis económica, lo más tremendo es que se ha roto el contrato social. No se puede visualizar qué puede pasar en este país. Tenemos historias muy complicadas. Yo vengo de una familia en la que al otro había que mirarlo. Trato de hacerlo, tengo contradicciones, también puedo tener miedo si paro en un semáforo con mi auto nuevo y se acerca alguien con la capucha puesta, empiezo a pensar mal. Dentro de esas contradicciones sufro mucho la falta de solidaridad, el exceso de pensar en uno, en el distinto. Alguien me dijo que hoy parece que lo mismo es el camino; el otro, el distinto, es el peligro. Y no es algo que debería hacerse, pero que la sociedad está haciendo, es un pensamiento conservador. Decimos Argentina, hoy, macrismo, y por ahí esto es una cosa que pasa siempre, según del lado que uno está. La historia muestra que los cambios siempre son dramáticos y salvajes y como artistas nos convocan los cambios, las crisis. Yo necesito ese material para crear.

Mencionaste la escritura inteligente. Hay varias obras que tienen un procedimiento similar a "El test", como "Mentiras inteligentes", "Sin filtro", "Perfectos desconocidos", la película "The Party"...

—Hay como procedimientos inteligentes y hasta que huelen a progresistas, que se arman y a mí ya me cansan. Yo he hecho mucho y cuando quiero escribir quiero salir de eso. Pasa que la trampa está en para qué hacemos teatro. Pueden ser muy inteligentes las obras, pero en general no ponen en jaque al espectador. Una obra de arte tiene que hacerlo. El teatro comercial no puede ser una obra de arte porque debería crear cierta molestia en el espectador porque te tiene que hacer pensar que hay otra vía posible a la que tenés. Por más progresista que seas, necesitás una obra de arte. Si vos te fijás los éxitos inteligentes, no la basura que te venden, convocan al pensamiento común y permiten que el espectador salga de la sala reafirmando cosas políticamente correctas. Y no lo digo en términos desaprobatorios. Rara vez, si salimos de algunas obras que son buenas y nos hacen salir en jaque, no pueden ser exitosas. Lo eficaz no puede ser exitoso nunca. Sólo es exitoso lo que está bien hecho, pero no nos mete el dedo tan adentro, y como sociedad tenemos para que nos metan el dedo...

—Tenés también cierta contradicción con el tipo de comedia que se suele llamar inteligente...

—Totalmente, pero también vivo de esto. Hago de todo, soy director, autor. También me gusta ir a un teatro y divertirme, pasarla bien, nada más. Lo que pasa es que no puedo decir esto es revolucionario. Revolucionario es otra cosa. Por mejor que esté la obra, si es revolucionaria no puede ser exitosa. Es toda una contradicción.

—Antes mencionaste que el teatro no tiene la posibilidad hoy de generar grandes cambios, algo que sí pueden hacer las redes sociales...

—Yo digo esto y se me vienen encima, pero es lo que veo, lo que pienso. La gente va al teatro a buscar en el mejor de los casos a reafirmar sus ideales, por lo menos en un teatro donde un productor dice puse tanta plata y quiero recuperar esto y si no recupero la bajamos. Esto que estoy haciendo de Foster Wallace (ver aparte) son cosas minoritarias porque el autor permite un vuelo que es difícil de abarcar y a mí eso como creador me pone alas. Yo sé que va a ser para 40 ó 50 personas.

—¿Cómo te llevas con el teatro independiente y con el comercial? ¿Qué te aporta uno y otro?

—Todo comenzó en el teatro independiente. A mí me llaman al teatro comercial porque tenía cierto prestigio en el teatro independiente y empecé a vivir de eso. Y el peligro es que en una época de mi vida me ofrecían tanto y no me dejaba lugar para otra cosa. Ahora volví a poner un freno y generar mucho teatro de donde yo me alimento. Yo tengo una sola forma de trabajar y trabajo en los dos de la misma manera. El resultado no es igual pero mi compromiso frente a lo teatral es el mismo. Es un aprendizaje muy interesante el del teatro comercial porque sos contratado, tenés límites. El otro decidimos desde cuánto va a salir la entrada, pero no hay nadie que decida sobre lo artístico. Está bueno también aprender a trabajar sobre eso.

—¿Qué diferencia encontrás entre trabajar en España y Argentina?

—En 2005 empecé a ir a dirigir actores, antes, desde el 92, solo llevaba obras mías. En 2005 fui a dirigir a Héctor Alterio y fue un gusto hermoso y un honor, y después empecé a dirigir proyectos armados allá. Hay diferencias porque son sociedades distintas. Antes hablábamos de crisis. Allá hay crisis pero hay como cierto respeto todavía por la dignidad. Siento que acá estamos perdiendo el respeto por la dignidad humana de una manera muy rápido.

—¿Cuál es el desafío para el teatro ante las dificultades del teatro para comunicar masivamente y el avance de las redes que mencionaste?

—Frente a las redes sociales, imposible. No sé en qué se va a transformar el fenómeno de las redes. Yo no tengo Instagram, ni Twitter, abrí Facebook y lo cerré; hay algo de militancia de me gusta o no me gusta, y parece que la forma de agredir es opinar, es algo que me preocupa, y me parece que se va a transformar en otra cosa la militancia en las redes y no sé para dónde irá. En cuanto a lo visual no hay muchas posibilidades. Se hablaba que se iba a terminar el teatro cuando se inventó el cine y no pasó. Lo que tiene de maravilloso es que el hombre todavía necesita del contacto del otro. Mientas haya necesidad del otro, físico, va a ver teatro. El hombre que se puede equivocar, que está ahí, que te emociona, que te convoca de una manera distinta, no mejor pero distinta, mientras haya necesidad de ese contacto no está en riesgo el teatro. Yo me siento a ver teatro y veo cosas horribles que digo para qué vengo acá, pero me siento en una platea y ese entusiasmo se regenera. Habré visto cuatro o cinco cosas sorprendentes en mi vida. Soy muy crítico, pero esas cuatro o cinco cosas las llevo en el corazón.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});