Escenario

Damián Verdún, música del Altiplano sin etiquetas

“Con el charango me enamoré, ahí hubo, digamos, un encuentro”, le confesó a Escenario el músico que hoy presenta su segundo disco “Urbano” en Rosario.

Sábado 22 de Agosto de 2015

El charango apareció como un visitante extraño en la casa de Damián Verdún. Sus padres docentes eran amantes de la música del Altiplano, y el instrumento siempre estaba ahí. El lo observaba, como quien mira a un florero, hasta que un día lo tocó y sucumbió ante su encanto. “Con el charango me enamoré, ahí hubo, digamos, un encuentro”, le confesó a Escenario el músico que hoy presenta su segundo disco “Urbano” en Rosario.

   “Urbano” suena a zamba, a chacarera, a música balcánica, a world music. Es una combinación con tantos colores, que invita a abrir bien los ojos sin temor a encandilarse. De los ocho temas, todos instrumentales, siete son composiciones propias y uno, “Carnavalito del duende”, de Leguizamón y Castilla.

   “En «Urbano» el gran salto es que me presento como compositor. En ’Aguarriba’ (2010) debuté como intérprete y arreglador, versioné temas tradicionales y sólo grabé dos temas míos que pasaron desapercibidos. Acá es distinto, voy con mis temas. Cuando me encontré componiendo para charango, ahí me dije «¿por qué me salen estos temas?»”, dijo Verdún.

   De padres cordobeses, oriundos de la localidad de Canals, Verdún fue respirando desde la cuna distintos paisajes que, inevitablemente, los llevó a su música. “Lo mío está atravesado por lo folclórico, pero no es chacarera, ni zamba, ni joropo. Hay sonidos que remiten a música balcánica o algo de world music. Es una mezcla. Cuando tengo que responder cómo me llegó el charango, yo digo que me llegó por el río”, lanza el músico y los paisajes se siguen sumando, ahora a través de sus palabras.

   En el show de hoy estará muy bien acompañado: Julián Venegas, en guitarra y voz; Guido Martínez, en bajo, y Viki Virgolini, en percusión, más dos invitados de lujo, Sandra Corizzo, en voces, y Juancho Perone, en percusión.

   Entre sus influencias aparece el charanguista jujeño Ricardo Vilca; el guitarrista de Raúl Barboza, Horacio Castillo, fallecido en 2009; y el aire litoraleño del Negro Aguirre y de Ramón Ayala. “También quiero destacar al Encuentro Nacional de Músicos, que desde hace años se hace en Rosario, ya que gracias a ellos se me abrieron espacios. Ese encuentro es un gran portal para los pibes que les interesa la música popular”, destacó el artista, que viene de presentar este trabajo en el Centro Cultural Kirchner.

   Rosarino nacido en Arroyito, Verdún no oculta la fibra afectiva que lo une a su ciudad: “El Paraná tiene aguas de la Quebrada de Humahuaca, trae energías que tienen que ver con el universo o una cuestión medio esotérica. Pero el Paraná trae energías de todos lados, del noreste, del noroeste y de otros países. La ciudad de Rosario es increíble, hace dos años que vivo en Buenos Aires, fui para probar, pero allá me falta el río, es mi cable a tierra. Acá tenés el folclore litoraleño y lo urbano todo junto”.

Por una cuestión generacional, cuesta entender los motivos por los que Verdún no abrevó en el río de la Trova Rosarina. Pero él tiene su explicación: “Me encontré con músicos como Venegas y Corizzo, que vienen del rock y el pop, y yo venía con la música instrumental. Mi gran influencia de la Trova viene de la obra de Jorge Fandermole y de Cuchillo de Palo, que acompañaron a Liliana Herrero en los 80. Me refiero a Iván Tarabelli, Claudio Bolzani y Juancho Perone. No sé si me quise correr de la Trova o no, pero me salió para este lado”.

El disco “Urbano” tiene impreso un símbolo que puede ser un numeral o un hashtag. Será distinto según quién lo mire, está librado a distintas lecturas, como su música. “Es la idea de usar una etiqueta que a la vez pueda significar un montón de cosas. Es un símbolo, que funciona como una herramienta muy amplia de comunicación”, destacó el músico, en cuyo trabajo también se respira su compromiso social con las comunidades aborígenes. “No soporto las injusticias contra los pueblos originarios”, indicó.

“Me cuesta etiquetar mi música, pero es porque creo que para la música no son buenas las etiquetas. En este disco la etiqueta significa lo urbano, pero es sólo un símbolo. Quiero que el que lo escuche le ponga la etiqueta que quiera. Yo hago música en charangos _remató_ y que el hashtag lo ponga la gente”.

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