Escenario

Cuatro mujeres en pugna

El director Lauro Campos estrena hoy una versión libre de "La casa de bernarda alba" que hace foco en la sumisión y el poder.

Sábado 28 de Julio de 2018

El director Lauro Campos estrena hoy una versión libre de "La casa de bernarda alba" que hace foco en la sumisión y el poder

El director Lauro Campos regresa a Federico García Lorca, en esta ocasión con una versión libre de "La casa de Bernarda Alba" en la que la trama se concentra en el poder y la idea de sumisión y a la que tituló "Como si fuera una perra". La obra, en la que actúan Dora María Irazusta, Raquel Etchegaray, Inés Bugnone y Agostina Pozzi, se estrena hoy, a las 21, en Amigos del Arte (3 de Febrero 755).

EM_DASH¿Cómo surge la idea de esta adaptación?

—Es un texto que ya había hecho en teatro varias veces, pero me pareció interesante la versión que había hecho perfilada en la sumisión de estas mujeres. Hemos dejado de lado ciertas cosas argumentales para ir específicamente a la sumisión. Yo empecé a trabajar como un laboratorio para que fuera como una escuela para actrices ya formadas. Esto fue avanzando y el resultado es tan intenso que nos sentimos con muchas ganas de mostrarlo. Sabemos que no es una temporada de tipo comercial como se pudo plantear en otras ocasiones, pero me parece bien que el teatro independiente apele a estos textos universales para trabajarlos con excelencia, con una buena estética, con un buen mensaje, lo que se hacía cuando yo empecé en el teatro independiente. Uno no buscaba una obra porque fuera comercial o porque el público la fuera a ver masivamente, sino porque interesaba la temática.

—¿Cómo es su versión de la obra?

—Es una obra muy femenina, con un planteo muy revolucionario de parte de las hijas. Es una versión libre en la que se recorta el texto. Están Adela, Martirio, La Poncia y la abuela. Estos cuatro personajes toman de alguna manera también los textos de los otros personajes. Es una "Bernarda..." sin Bernarda porque ella está en toda la obra, pero como símbolo del poder arbitrario. Alrededor de esa idea del poder arbitrario giran dos hijas que son las que tienen el mayor conflicto y las que se disputan el hombre de una manera sexual; la criada, que es la que lame la mano del poder y la vieja que es la que está confinada y que de alguna manera representa al poeta en sus ansias de libertad.

—¿Qué resonancia encuentra de los reclamos femeninos de los últimos meses, tanto en el texto original como en esta adaptación?

—Cuando nosotros empezamos a ensayar, la "Bernarda..." era la "Bernarda...", que siempre fue una pieza con mucho reclamo femenino, pero no había esta movilización. Había por ahí alguno que aparecía, pero la verdad es que nosotros no hemos tenido en cuenta eso, sino que siempre el texto de Lorca nos parece formidable para laburar y para que la mujer actual tenga una visión de lo que era la mujer en el año 1936.

—¿Las relaciones de poder y la violencia entre los personajes se replican entre las mujeres como si no pudieran eludir la cuestión del patriarcado?

—Lo que pasa es que el matriarcado que ejerce Bernarda es patriarcado finalmente. Es otra forma de machismo, absolutamente. Los mandatos de Bernarda son de una estructura absolutamente machista en la que la libertad no es posible y tampoco es posible la elección. Dentro de ese universo cerrado que es la casa, las mujeres van generando una violencia cada vez mayor. Nosotros hemos trabajado esta violencia con ritmo y con intensidad justamente para ver hasta dónde se llegaba. Esto ha sido todo un ejercicio teatral que queda plasmado en esta puesta que es muy intensa.

—¿Cambió el lugar de la mujer?

—Si, evidentemente. Yo tengo 75 años y he visto cambios en los roles de la mujer. Antes era impensado una jueza, una presidenta. Ha cambiado mucho, lo que pasa es que todavía no han cambiado ciertas cosas que las mujeres siguen reclamando y esto seguirá hasta lograr una igualdad de género.

—¿De qué manera este texto interpela a la mujer en la actualidad?

—Para que esté atenta a su historia, por lo menos a su historia reciente. La puesta está hecha en el año 36, en el año de Federico, con estas mujeres encerradas. El mandato familiar es "en ocho años que dura el duelo no ha de entrar en esta casa ni el viento de la calle". Ellas saben que hay un hombre rondando que viene por el dinero. Es como que todo se revaloriza: el hombre viene por el dinero, las mujeres luchan por tener ese hombre que saben que no es de ellas, no les importa que se casen por el dinero, pero quieren tenerlo ellas. Es como que todo queda desnudo de alguna manera.

—¿Qué tiene este texto para que se siga poniendo en escena con distintas versiones?

—Está muy bien escrito. Yo soy un admirador declarado de Lorca, pero esto se empezó a trabajar reuní a estas cuatro mujeres que eran adecuadas para los papeles y la verdad es que es uno de los textos femeninos más puros. Están muy bien retratadas estas mujeres y en esta versión los tipos se concentraron porque son menos personajes. Me parece que ahí está la esencia de la lucha. Hay cuatro posturas, además de la del poder: la de mujeres que luchan por el hombre: una imposibilitada de triunfar desde el vamos y la que se sabe que triunfará, pero que termina en su propia destrucción; la perra que la lame la mano del poder porque le conviene, porque está bien, es una criada zaina que pacta con todo el mundo, y la que se ha entregado a la locura en la que da rienda suelta a sus sueños de libertad.

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