Escenario

Cuatro cuartetos homenajea esta año a Antón Chéjov

La propuesta está integrada por los textos breves “El y ella”, “Una desgracia”, “Un drama” y “Sobre el daño que causa el tabaco” y contarán con las actuaciones de Elisabet Cunsolo y Daniel Feliú.

Sábado 04 de Octubre de 2014

La séptima edición de “Cuatro cuartetos” desembarca este año con un homenaje a Antón Chéjov . Actores, dramaturgos, músicos y directores teatrales rosarinos participan de este ciclo en el que se destaca el humor y que se podrá ver hoy, a las 21, y todos los sábados de octubre, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone).

   La propuesta está integrada por los textos breves “El y ella”, “Una desgracia”, “Un drama” y “Sobre el daño que causa el tabaco” y contarán con las actuaciones de Elisabet Cunsolo y Daniel Feliú. La dirección de los textos estará a cargo de Romina Mazzadi Arro, Oscar Medina, Pablo Fossa y Matías Martínez. El equipo se completa con la adaptación de Juan Pablo Giordano, la música en vivo de Sandra Corizzo y las intervenciones audiovisuales de Nicolás Valentini.

   Cada segmento, basado en cuentos o monólogos del autor de “Tío Vania” y “La gaviota”, llevará la impronta personal de cada uno de los directores. Matías Martínez, actor, director y dramaturgo, tendrá a su cargo “Sobre el daño que hace el tabaco”, y dio su opinión sobre la obra de Chéjov, su vigencia y los desafíos de montar un clásico del siglo XIX en la época del zapping.

   “Particularmente el universo de Chéjov me parece un poco lejano, lo siento extraño a mí. Esto no quita que considere que Chéjov es un gran escritor y dramaturgo, y alguien que dentro de la dramaturgia en general, y en la rusa en particular, generó un punto de inflexión. Hablo solo de mi texto, pero traté de darle cierta vuelta, un poco denunciando algo que, creo, es lo que hace el texto a la escena”.

   Sobre ese punto explicó: “Hay algo sobre lo que se trabaja en mi obra que denuncia un poco la feudalización o la proletarización que produce el texto en la actuación. El proceso clásico de trabajo -profundizó- sería que tiene que aparecer un texto, luego ese texto lo designa a un director, luego ese director convoca a unos actores y se cree que la obra ya está porque los intérpretes tendrían que traducir de alguna manera ese texto. Es como si el texto le robara le protagonismo a la actuación”, apuntó.

   Martínez contó que su intención al momento de la adaptación apuntó de alguna manera a una suerte de original deconstrucción de la idea de lo que se considera clásico. “Me parece que hay cierta mala interpretación de Chéjov. En ese sentido, pasa lo mismo que con Shakespeare. Un autor al empezar a considerarse clásico, se lo empieza a ubicar en cierto limbo de solemnidad. Ese limbo, por decirlo de alguna forma, establece determinados parámetros que indican que la idea de la comedia no podría entrar, cuando en realidad en los textos de Chéjov hay muchísimo humor. Por eso hay ciertas frases en el espectáculo que hacen alusión a esa cuestión de una manera irónica, como que no se lo ha comprendido, como que él intentaba hacer humor pero siempre se lo ha tratado de llevar a un lugar más solemne”.

   Por eso subrayó que, en su opinión, la forma en que un espectador actual recibirá un texto de esas características, dependerá en parte de la actitud con que se lo aborde. “Yo creo que es una responsabilidad de cada creador, y en este caso, del adaptador y del director, que deberán sacarlo de ese lugar pacato y acartonado. En términos de un sentido común parecería que hablar de Chéjov es como decir, «ah, no, es algo serio lo que vamos a ver». Y en realidad cuando alguien venga a ver esto, se va a dar cuenta que se va a encontrar con un universo muchísimo más accesible por una cuestión, principalmente y de forma dominante, del humor”.

Desde su primera edición, en 2007, Cuatro cuartetos apostó a la investigación y funcionó como un laboratorio del teatro rosarino. En esa etapa el proyecto tuvo como eje temáticas contemporáneas que se reunieron bajo títulos como “Acerca de las demoliciones y construcciones”, en su primera entrega. Luego le sucedieron “¿De quién es la noche?”, 2009; “Nos los representantes”, al año siguiente, y “Soy lo que soy”, en 2011.

Sin embargo, a partir de 2012 el ciclo se focaliza en textos de autores diversos y reconocidos. Así surgieron “Sólo Shakespeare”, en 2012, y “Puro Fontanarrosa”, el año pasado, que acercaron nuevo público a la propuesta del teatro La Comedia.

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