Escenario

"Cuando todo esto pase, espero que estemos vivos y cantando"

La pandemia no detiene a Juan Carlos Baglietto. El cantante contó sus ideas sobre nuevos discos y planea celebrar los 30 años de su dúo con Lito Vitale.

Domingo 21 de Junio de 2020

“No hay que ser pretencioso y pensar que el arte es la vacuna contra el coronavirus, pero sí puede acompañar”. Así definió Juan Carlos Baglietto este momento de cuarentena y protocolos sanitarios que impide el contacto con el público. Pero, además, ese acompañamiento resulta reconfortante a nivel personal. “También es una especie de remedio propio, de autoayuda. Como generar anticuerpos”, razonó el artista. Por ese motivo, aunque Baglietto contó que nunca estuvo muy atento a las redes, en los últimos meses generó una serie de contenidos en reuniones virtuales con colegas como Lito Vitale, Jairo, el debut de un cuarteto con sus tres hijos y hasta clases de cocina con miles de like cada uno.

Durante una entrevista con Escenario, el músico rosarino contó sus planes para atravesar este período de aislamiento. Entre ellos mencionó celebrar el año próximo los 30 años del dúo que forma con Lito Vitale, su participación en un proyecto cultural para Santa Fe, la posibilidad de lanzar dos discos y la relación con la Trova Rosarina y Jairo. También reflexionó sobre las posibilidades que brindaría la virtualidad, hizo una crítica de algunos aspectos del rock y apostó por el futuro. “Si estoy más o menos en condiciones, seguiré cantando”, bromeó.

—¿Cómo estás transitando la cuarentena?

—Bien. Siempre digo que pertenezco a dos grupos de riesgo. Tengo 64 años y soy diabético tipo 2. El otro es el grupo de los privilegiados que tenemos opciones, porque hay gente que evidentemente la está pasando muy mal y no es mi caso. Por supuesto que me gustaría vivir de otra manera y tener la posibilidad de seguir subiéndome a los escenarios y trabajando y generando recursos, pero acá estamos.

—¿Cuál es la función del arte en este momento?

—Supongo que acompañar. No hay que ser pretencioso y pensar que el arte es la vacuna contra el coronavirus, pero sí puede acompañar, que sea un poco más llevadero. Esto tiene una gran importancia para los mismos artistas, no es solamente la función de lo que uno genera. También es una especie de remedio propio, de autoayuda. Como generar anticuerpos.

—Músicos, actores y docentes se volcaron a la virtualidad, como lo hiciste vos, algo impensado para los artistas que trabajan en vivo. ¿Cómo alteró esta situación tu relación con la música?

—Con la música más o menos. Yo sigo haciendo cosas con estos métodos a distancia que son los posibles. Lo que cambió básicamente es la relación con el medio, la forma de manifestarse. Y en lo personal, mi relación con las redes. Yo no les daba ni cinco de bola, pero es la única posibilidad. Es como una especie de método indirecto, pero no sé... ¿Netflix va a reemplazar la experiencia del cine? No, pero está bueno. Las redes cumplen una función de comunicación y paliativo ante el hecho de no poder relacionarse en forma directa, pero ningún buen sintetizador va a poder emular la sensibilidad de un violinista. Por supuesto que esto va a modificar el uso de los espacios, las costumbres, pero yo espero que todo esto pase. Nos agarra más armados que en la Edad Media, pero eso también pasó, y cuando esto pase espero que estemos vivos y cantando.

—Algunos artistas y productores piensan algunas de estas formas como algo perdurable después de la pandemia. ¿Cómo lo ves a largo plazo?

—A lo mejor lo que ocurra es que se amplíe la oferta. Yo no creo que esto reemplace la experiencia del cara a cara. Quizás esto permita que haya artistas y expresiones artísticas que de otra manera no llegan al gran público, o inclusive es interesante este intercambio de experiencias entre gente de distintas edades. La gente más joven está más habituada a las redes y la gente más grande no tanto. Esto es una experiencia ganada porque quizás permita que público más joven se acerque a lo que hacemos los artistas más grandes y viceversa. Me parece que está bueno y hay que capitalizarlo. Después de ahí en más, y también por una cuestión generacional, uno se termina quedando con el oficio puro y lo que conoce, con los métodos de los oficios en su estado originario.

—Por primera vez el Cosquín Rock se hará virtual, algo inimaginable hasta hace poco, y los organizadores proyectan dejar abierta esa posibilidad de la virtualidad. ¿Qué pensás de eso?

—Hay una cosa que es la experiencia de estar ahí en el medio del barro. Hay gente, sobre todo más joven, que le parece impensado que fuera de otra manera. Pero de pronto yo no me iría a meter en medio del barro para escuchar a alguien. Y a lo mejor con la otra posibilidad sí entro para escuchar y descubrir cosas que de otra manera no lo haría. Es generacional también.

—Cultura de la provincia lanzó el ciclo “La seguimos en casa”. ¿Tenés planes para desarrollar de forma virtual específicamente para Santa Fe?

—Para la provincia de Santa Fe estamos haciendo algunas cosas relacionadas al Año Belgraniano. Estamos en contacto con la gente de Cultura de la provincia. Además estamos trabajando con la participación del gobierno de la Provincia, la Municipalidad de Rosario y Nación en capítulos que van a salir sobre las cartas que le enviaba Belgrano a distintos personajes interpretadas por músicos y actores de Santa Fe.

—¿Estás escribiendo, pensando en un disco nuevo, con canciones propias?

—Estoy en eso, empezando a juntar material, escribiendo un poco, pero lo estoy previendo. También el año próximo cumplimos 30 años con Lito Vitale y a lo mejor hacemos un disco... es una anacronía hoy, pero es así. Me gustaría hacer un disco solista, por un lado, y otro con Vitale celebrando los treinta años del dúo.

—¿Qué tipo de canción, de letra, o qué idea te sugiere este momento?

—Me viene una idea a la cabeza, pero no es ni siquiera una letra, es una imagen que es esta cosa de dejarse llevar. Como cuando uno va en el asiento de atrás y maneja el padre. Los grandes van adelante y los chicos son llevados. Me viene esa idea porque un poco es lo que está pasando, nos están llevando vaya a saber por qué camino. Nos llevan puestos, y nos lleva la realidad también.

—¿Eso podría ser también una metáfora política?

—Sí, también, porque en realidad es una situación bastante común en la vida. La gran mayoría de las veces uno no decide para qué lado doblar, la curva te va llevando. Da para muchas metáforas, buenas y malas. Alguien podría pensar también “este es un salame, lo llevan de la nariz adonde sea” (risas). Y políticas, desde ya. El camino lo decide otro y uno puede no estar de acuerdo de todos modos.

—¿Cómo sigue el proyecto con Jairo?

—Nos juntamos virtualmente. Con Jairo hemos sido amigos y ahora quedamos más amigos que antes después de hacerlo. La decisión de hacer cosas con el Negro siempre está vigente. Es un poco lo mismo que pasó con los rosarinos. Nos juntamos, hicimos unos shows y está abierta la posibilidad de seguir haciendo cosas. Son proyectos que me parece que son como cosas que hay que cuidar. Nosotros por ejemplo hemos preservado muchísimo la juntada con los rosarinos de La Trova, pero creo que lo hicimos de manera cuidada y eso nos da la posibilidad de poder volver a juntarnos, no de hacer cosas aunque sea esporádicamente. Lo mismo con Jairo. Me parece que no son esos proyectos para salir a reventar.

CUANDO (Jorge Fandermole) JAIRO-BAGLIETTO Y BANDA desde casa

—¿Sería posible un recital por streaming con La Trova?

—Lo que pasa es que eso es más complicado porque somos muchos, los músicos, los técnicos, somos diez arriba del escenario, pero con Vitale somos dos y podemos respetar los protocolos. Con La Trova sería un poco más complicado. Pero esto en algún momento va a pasar. Yo tengo ciertas expectativas de seguir estando vivo y cantando (risas). Realmente, si estoy vivo, voy a estar cantando. ¿Por qué uno nota la gran diferencia? Por lo que pasó con esto. Una vez me fracturé la mandíbula, estuve 40 días con la boca cerrada. No podía hablar y mucho menos cantar. Y ahí te cae la ficha de que uno da por sentado que las cosas son como son, y ni siquiera sé si las valora en su justa medida. Subir al escenario y cantar para mí era la cosa más natural del mundo. Mirá que en algún momento eso puede ser distinto, puede cambiar y entonces valorá y disfrutá mucho lo que tenés y lo que hacés porque mañana quizás no sea así. Pero reafirmás cosas, así que si estoy más o menos en condiciones, seguiré cantando. Hay que valorar, hay que ser agradecido.

—¿Sos optimista sobre que esta pandemia podría dejar alguna lección?

—No, una cosa es ser optimista y otra estar seguro de que eso va a pasar. Yo por supuesto que quisiera que de esto saliéramos mejores. Sin ir más lejos, valorando las relaciones interpersonales, pero ojalá. Es mi sueño. Una vez alguien me dijo que los argentinos somos campeones mundiales de la moda, cosas que de la misma manera que son furor, desaparecen, como los parripollos, las pistas de patinaje sobre hielo, las canchas de paddle, esas cosas aparecen como el Santo Grial y después no se acuerda nadie. Por supuesto que me gustaría que saliéramos mejores. Seguramente todos tenemos la intención de que así sea, lo que pasa es que somos un poco frágiles de voluntad.

—¿O hay un acoso de lo inmediato que impide pensar a largo plazo?

—Es nuestro entrenamiento, es lo que nos dicta nuestra historia. Estamos preocupados en ver cómo hacemos para vivir el hoy, mañana no sabemos. Esto es un tembladeral permanente desde hace años. La argentinidad es eso, es la inmediatez.

—¿Qué pensás de Los Palmeras en la tapa de la revista Billboard (edición argentina), una publicación tradicionalmente dedicada al rock?

—Me parece que habla bien de nuestra capacidad de ampliar la perspectiva de las cosas, independientemente de la cosa artística porque a unos podrá gustarle y a otros no. Me parece que está bien. Durante años la gente de mi generación y particularmente en el medio en el cual me desarrollé, los primeros años hemos sido absolutamente prejuiciosos, con este sí, con este no, este está bien y aquel no lo está, los que hacen cosas comerciales y los que hacen cosas alternativas. Y llega un momento en que vos decís que no deja de ser una especie de pretensión, de torpeza, una torpeza que nos lleva a perjudicarnos a nosotros mismos porque nos impide disfrutar de cosas de las que podríamos haber disfrutado mucho tiempo antes, de habernos relajado en vez de estar cuidando tanto a qué grupo etario pertenecemos, qué bandera enarbolamos. Y básicamente porque además nos creíamos que nosotros éramos los que estábamos en el equipo correcto, siempre. Eran todos los demás los que estaban equivocados (risas).

—¿Es una crítica al rock?

—Desde ya que sí. Me parece que nosotros también fuimos cultores de la polarización, que la alimentamos, probablemente sin saña porque ¿qué ganábamos alimentándola? Esas cosas se ven a la distancia y lo que pasa es que uno se la pasó buscando al enemigo en un lugar que no es en el que está. La música en ningún caso puede ser tan importante como para separar a la gente.

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