Escenario

"Creo que hay un espectador ávido de otro tipo de cine"

El director Sebastián Sarquís, dijo que la película "Yarará" rodada en San José del Rincón atraviesa "todo el tiempo la línea difusa entre ficción y realidad".

Lunes 22 de Junio de 2015

"Yarará" es, entre otras cosas, la historia de un viaje a la memoria. Con su segundo largometraje, basado en el cuento "El camino de la costa", de Juan José Saer, el director Sebastián Sarquís se propuso fusionar ficción y realidad. En el filme, que se exhibirá en el cine Arteón a partir del 2 de julio próximo, Sarquís interpreta a un director de cine que viaja a San José del Rincón en busca de inspiración. En esa población cercana a la ciudad de Santa Fe es el lugar donde su padre, el reconocido cineasta Nicolás Sarquís, filmó hace casi cinco décadas, su primer largometraje, "Palo y hueso", junto a alumnos y docentes de la Escuela de Cine de la Universidad Nacional del Litoral. Sarquís evoca aquel pasado y lo filtra en la actualidad con fragmentos del filme de su padre y con la presencia de algunos de los actores que lo acompañaron en aquel momento para construir su singular relato.

—¿Cómo surge la idea de hacer esta película, que además es un homenaje a tu padre?

—La motivación principal fue que San José del Rincón, que es donde filmé "Yarará" es el pueblo donde mi padre hizo su primera película, que fue "Palo y hueso". Durante la realización de esta película yo fui concebido hace 47 años. Esta fue la motivación principal, además de ser un homenaje a mi padre y a todos los que formaron parte de esa escuela de cine de la Universidad Nacional del Litoral y un homenaje a Juan José Saer, con el cual, además de admirarlo como autor, tenía un vínculo afectivo porque era íntimo amigo de mi padre.

—También te basaste en un cuento de Saer, "El camino de la costa", como lo hizo tu padre con "Palo y hueso"...

—En realidad el guión es sobre un director de cine, que es mi personaje, que sale a buscar escenarios para hacer una película inspirada en el cuento de Saer, "El camino de la costa", y en esa excursión que emprende a San José del Rincón que es donde su padre hace su primera película, que es "Palo y hueso", se va cruzando con algunos personajes que fueron parte de aquella película, que fueron Héctor Da Rosa y Juana Martínez, que todavía sigue viviendo en esa localidad. Esta especie de excursión se va entrelazando con la historia de ficción que voy a contar ahora en los mismos lugares donde se desarrolló "Palo y hueso". Allí hay nuevamente cuatro personajes, el de Abdalá Farías, que es el personaje de Omar Fanucchi; Juana que es la madre, Montenegro que es el hijo adoptivo. El hijo aborrece la relación que este hombre tiene con su madre y un día le da una paliza fenomenal y la misma madre lo denuncia y lo manda preso. Cuando sale de la cárcel, lo hace para matarlo. Luego hay un personaje que es como un hijo adoptivo de Farías, Lucio, el cual cuando Montenegro va a su búsqueda para matarlo este chico esgrime una yarará para defender a su padrastro. La película transita todo el tiempo en una delgada línea entre la ficción y el documental, sin pretender pertenecer a ninguno de los dos géneros en particular, sino más bien toda la película es una ficción, pero tiene dos tratamientos diferenciados, el viaje a los lugares donde se filmó aquella película y la historia de ficción que se va entrelazando con el cuento.

—¿Por qué elegís este registro tan específico, que podría compararse con un relato de no ficción?

—Desde hace unos años los documentales dejaron de ser un género tan rígido en el sentido de que se los podía encasillar como y una serie de determinadas maneras, lo que hace que el documental deje de ser un mero registro de la realidad. Este género me permitía trabajar en esa línea difusa e intermedia que cruza todo el tiempo la ficción y la realidad. Hay una cuestión muy personal en esto, una cuestión evocativa tanto personal, como de los personajes, que participan de esta película y que formaron parte de "Palo y hueso". De alguna manera este género intermedio me permitía transitar esos dos caminos e introducir a los personajes en ambos terrenos.

—¿Qué lugar ocupa este tipo de relato tan artesanal y personal en el mercado de cine argentino?

—Creo que la película no es para todo el mundo pero es para muchos, tiene emotividad, belleza visual. Sí es cierto que hay un problema que trasciende a la película y es la distribución porque hay una escasez enorme de salas, entonces cuando buscás un camino alternativo para un relato, de algún modo eso puede ser un plus que dificulte la distribución un poco más de lo que ya es. Pero también es cierto que explorar otro camino abre un abanico de posibilidades. Creo que hay un espectador ávido de ver otro tipo de material que le proponga otro cine, que se pueda vincular con el proyecto desde otro lugar. Yo mismo como espectador busco eso, y entiendo que hay otros que deben buscarlo.

—¿Es una responsabilidad ser el hijo de un cineasta reconocido, que trabaja sobre un autor santafesino reconocido?

—Mucho. Siento la responsabilidad de continuar con una especie delegado, pero por otro lado se que no debería ser así porque yo tengo que tener otra mirada o disentir. Cuando yo trabajaba con mi padre no concordábamos en todo. Tanto Saer como mi padre eran muy radicales en sus posturas ideológicas, no transaban, defendían mucho sus ideas artísticas y de algún modo eso pesa en no tratar de manipular esa cuestión. Pero más allá de esto, en algún momento me relajé y sentí que tenía que hacer la película que quería hacer.

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