Escenario

"Creo que en este último trabajo salió un disco bien santiagueñito"

El dúo Coplanacu eligió su peña en Cosquín para presentar el álbum “Taquetuyoj”. Tras 23 años de carrera y a tres de su última grabación, los santiagueños Roberto Cantos y Julio Paz volvieron a los estudios para producir un disco que incluye temas propios y otros que los músicos rescataron del repertorio popular.

Viernes 25 de Enero de 2008

El dúo Coplanacu eligió su peña en Cosquín para presentar el álbum “Taquetuyoj”. Tras 23 años de carrera y a tres de su última grabación, los santiagueños Roberto Cantos y Julio Paz volvieron a los estudios para producir un disco que incluye temas propios y otros que los músicos rescataron del repertorio popular. Entre los títulos incluidos se cuentan “Volver a los 17”, de Violeta Parra, la “Zamba de los mineros”, “Velay, no sé” y la “Zamba alegre”, entre otros.
  Julio Paz, haciendo honor a su apellido, habló con La Capital y reveló algunos pormenores de la gestación del nuevo material discográfico. “Le pusimos “Taquetuyoj” porque ése es un paraje que queda entre Loreto y Ojo de Agua, allá en Santiago”, detalló el músico.
  A poco de comenzar el diálogo, la memoria remitió a los comienzos de Coplanacu, cuando la democracia daba sus primeros pasos.
  Muchas canciones recién asomaban tras años de silencios forzados y el folclore casi había muerto con las generaciones castigadas por el proceso. El dúo trajo el equilibrio cronológico con la propuesta de dos jóvenes santiagueños que se juntaron en Córdoba para cantar y se transformó en el eslabón que permitió reconstruir la cadena cortada por los años de plomo.
  “Taquetuyoj” en quichua es el nombre que se da a esos montecitos que se ven en las salinas, aclara Paz-. En ese desierto llaman la atención esos grupos de arbolitos y es lo mismo que hace la gente: juntarse en grupitos, como las teleras de ese paraje que no llega a ser un pueblo”, ilustró Paz recordando la anécdota que nació de una invitación que recibió Coplanacu.
  “Hicieron un festival con un escenario montado con tablones sobre unos tambores. Invitaron a los artistas así nomás, y fuimos” dijo riéndose por el candoroso convite al que no pudieron decir que no. “En el disco hay una vidala que tiene el nombre del lugar y que habla de las teleras, siguió Paz-. Como dice mi cumpa, nos ha salido un disco bien santiagueñito”.
  Con el tiempo, el nombre del dúo se redujo a Los Copla y ese apócope, que funcionó como el apodo de un amigo querido, probó que el público universitario que los adoptó en la Córdoba de los 80 no los abandonó jamás. “Eso de músicos con seguidores universitarios puede sonar como “intelectualoso” , advierte Paz- y no hay nada de eso. Sólo que los changos que estudian en Córdoba son casi todos del interior y saben añorar sus pagos. Con una chacarera o con una zamba a veces los recuerdan y así nos han apoyado mucho. Son changos jóvenes, de 19, 20 años, aunque también algunos llegan hasta los cuarenta”, dice antes de desatar la carcajada.
  Con esos auditorios fueron armando un público que hoy se amplió a vastos sectores y geografías, como lo probaron en la plaza Próspero Molina el domingo último. Para eso también colaboró la famosa peña que el dúo tiene en Cosquín desde hace 13 temporadas y que, en algunos años en los que el festival presentó una programación artísticamente floja, supo mantener vivo el verdadero espíritu coscoíno garantizando calidad por sobre la cantidad. “En la peña los músicos tienen lugar con un buen sonido para mostrar sus cosas. Son diez o doce por noche que llegan para hacer conocer su trabajo, Algunos quedan afuera, pero es que hay un límite para respetar”, explicó Paz.

Un guiño a Cosquín y a los músicos

Aunque los calendarios de presentaciones de discos indiquen que el verano no es buen momento para hacerlo con el folclore esa lógica se invierte: “Presentamos “Taquetuyoj” en la peña porque aquí y ahora están todos los periodistas especializados, está el público del folclore argentino y la situación es inmejorable. Después vendrán los espectáculos para tocar los temas que grabamos, pero el mejor lugar y el mejor momento para hacerlo es Cosquín”, afirma Julio Paz con una lógica inatacable.
  En el escenario, la pareja de Paz y Cantos impone silencio y enciende entusiasmos. Con sus voces en escorzo y su sentimiento a flor de piel, desde la grave y profunda voz del bombo en la vidala hasta el repique de la chacarera, los santiagueños consiguen conmover a su público.
  Hoy los escuchan los mayores y aplauden los rescates que los músicos hacen de páginas inamovibles del repertorio folclórico, mientras que los más jóvenes se suman con la danza en las chacareras o en las zambas.
  Paz hizo una evaluación favorable sobre este Cosquín 2008 al que, como cada año, concurrieron las máximas estrellas del folclore e incluso actuó uno de los grupos emblemáticos del rock nacional como lo es Divididos.”Estoy conforme con la programación del festival de estos últimos años, dice Paz con la autoridad que le confieren los años de trabajo en Cosquín-. La gente de la comisión mira para adelante y para arriba. Hubo otros años en que se buscaba el roce. Acá se tira para adelante y eso está bien”, se sincera Paz.
  El nuevo disco los pone contentos porque hace unos años que no graban y porque el material incluye temas clásicos que “siempre cantamos y ahora los grabamos y salió algo muy lindo”.
  Cuando se apagan los fuegos de artificio y la apelación a la tecnología musical deja de sorprender, lo simple y llano vuelve a convencer. Como convence la propuesta de Coplanacu.

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