Escenario

"Creo que arranqué y ya estaba gateando hacia la Family Game"

Mariano Cazorla, creador de Power Up, primera orquesta de música de series, animé y videojuegos, contó cómo transformó su afición en una experiencia inédita en el país.

Viernes 26 de Octubre de 2018

Cuando se le pregunta a Mariano Cazorla, creador de Power Up, cuánto tiempo pasaba jugando con las consolas, baja el tono, sonríe y confía: "No está bien que lo diga, pero demasiadas horas... Digamos que mi infancia la pasé entre video juegos y estudiando el saxo, realmente no hacía realmente otra cosa. Es lo que me gustaba". A punto de cumplir 29 años hoy es el arreglador y director de la primera orquesta argentina dedicada a la música de animés, video juegos, pero también de películas y series. Formada por 30 músicos en escena, Power Up presenta por primera vez en Rosario su show "AniPower", hoy, a las 21, en Vorterix (Salta 3591).


Hacer lo que le gustaba no fue fácil. Pero Cazorla pasó de los conciertos con 40 personas cuando debutaron en 2012 a convocar 2000 fanáticos el último show en el teatro Coliseo; del bullying que padeció en el colegio por su afición a ironizar sobre eso y de transformar un sonido de pocos bits en un tema interpretado con una formación de batería, bajo, teclado, tres trompetas, dos trombones, cuatro saxos, una fila de violines, violas, chelos y dos cantantes, o crear variaciones que pueden incursionar en el jazz, rock, funk, pop, blues, swing o el latin.

—¿El espectáculo es sólo para fanáticos?

—Para nada. Creo que si te gusta la música es un muy buen concierto. La música de los animé es excelente. Por algo le fue tan bien. Creo que ningún proyecto comercial, si lo querés pensar de ese modo, una gran película o una gran serie, no puede ser grande sin una buena música. Las piezas musicales que tienen son muy bellas, el show de Power Up tiene una orquesta de muchos músicos que integran las mejores orquestas del país y que además tienen un perfil otaku, el fan del animé, o gamer que es algo bastante exótico y es en parte uno de los secretos de la identidad de Power Up. No hace falta que seas un fanático para pasar un buen momento. Es una orquesta que toca música de videojuegos y animé en vivo. En este caso vamos a Rosario y Córdoba el concierto llamado "AniPower" que se trata de interpretar grandes éxitos de los dibujos japoneses de todos los tiempos. Pueden ser Dragon Ball, Sailor Moon, Digimon, Pokémon, Súper Campeones, es un repertorio muy extenso. También hacemos música de películas, de video juegos y series, pero están en otros conciertos.

—¿Por qué formaste una orquesta con ese objetivo tan específico?

—Por un lado, cuando estaba terminando busqué una opción para poder tocar en vivo esta música que me gustaba y no encontré. Tuve que hacerlo a la fuerza para darme el gusto, y por otro lado vino como una intervención divida porque justo estaba jugando un video juego y se me cruzó un video que estaba viendo en YouTube de una banda que me gusta mucho, Electro Deluxe. Se me hizo una mezcla en la cabeza y empezó la evolución de Power Up.

—¿Qué edades tiene el público?

—Es inclasificable. En un show podés ver gente de 50 años, tranquila y disfrutando del show, y un montón de amigos de 30 y pico y hay un montón de nuevas generaciones. Lo más lindo es que hay revival y aprecio por lo retro. Creo que es un poco por valoración de las nuevas generaciones y por la falta de creatividad de la industria que todo el tiempo tiene que volver a las bases. En ese sentido, ahora volvió Dragon Ball con una nueva serie y ahora hay una nueva generación de chicos de entre 8 y 15 años que es hiper fanática.

—¿A qué se debe la falta de creatividad?

—Es priorizar efecto sobre sustancia. Como cuando escuchás una canción, que por ahí no es tan buena, pero que tiene muy buenos bajos o agudos, o un show que no termina de ser de calidad, pero hay 40 artistas en escena. Hoy es muy común que en arte uno vea efectos en un primer plano y un contenido, un mensaje o una idea que le falta. Nosotros tenemos el desafío de ser una orquesta en vivo en un mundo donde se quiere meter a un artista cantando con pista en un escenario porque es mucho más económico. Pero esto es incomparable.

—¿Cómo son los arreglos para un orquesta de 30 músicos sobre una música que en general no tiene demasiada complejidad?

—Primero digamos que la complejidad depende del género musical. Por ahí en la música clásica va más a un plano armónico y desde el pop tiene que ser más ritmo o pegadizo. Pero sobre cómo me manejo para arreglar, lo hago de una manera ciento por ciento libre. Es una vuelta de tuerca, cambio las tonalidades, orquesto diferente, hago lo que se me canta en ese sentido, pero siempre haciendo las cosas con respeto. Y esto es parte de mi filosofía. Lo más importante que tiene esta música es que la música en sí mismo es un medio hacia los recuerdos de las personas. Cuando uno es fanático de un libro, de un video juego o una película, no solamente uno guarda en esas páginas el recuerdo de esas historias, sino también qué estaba pasando en tu vida, quiénes eran tus amigos, con quién estabas, una novia, un abuelo que no está. Eso va imprimiendo en cada página un color inolvidable. Cuando toco esa canción no solo estás escuchando esa canción sino viajando en el tiempo. Nuestra responsabilidad es no distorsionar negativamente ese recuerdo. Ese respeto y ese cariño creo que es fundamental en Power Up.

—¿A qué edad empezaste a jugar?

—La verdad que no tengo un recuerdo que no sea estar jugando a la Family... Creo que arranqué y ya estaba gateando hacia ella (risas).

—¿Cuánto tiempo jugabas?

—No está bien que lo diga, pero demasiadas horas. Digamos que mi infancia la pasé entre video juegos y estudiando el saxo, y no hacía realmente otra cosa. Es lo que me gustaba.

—¿Tuviste que soportar las bromas de tus compañeros?

—Sí, muchísimo... Tuve muchísimo bullying y de gente que ahora juega Pokémon Go, y eso es lo más gracioso (risas). Pero es así. Siempre los bravucones son jockers ocasionales, son gente que absorbe la energía. Y nuestro público de Power Up seguro que está lleno de gente que sufrió bullying. Pero ¿sabés qué? El mundo hoy en día lo manejan los programadores y los gamers, es como que la guerra la terminamos ganando nosotros (risas). Pero fuera de bromas, es cierto. Somos un público que puede haber sufrido ese acoso. Me alegra hoy esté mucho más visibilizado. Para nada pienso que es una batalla ganada. Es algo que hay que enseñar, que no es nada gracioso ni genial andar gastando al tipo que tenés en frente por sus gustos. Yo me acuerdo que me gastaban porque me gustaba Pokémon y yo decía sí, me gusta Pokémon y cuál hay si son las cosas que me gustan a mí. Y lógicamente en el curso era gracioso, un chiste bastante idiota si se quiere, y quedó ahí.

—¿Sos coleccionista?

—Sí, tengo una colección con un montón de consolas de video juegos que van desde la Play 1, 2, 3, 4, Game Boy, Súper Nintendo, Nintendo 64, Wii, tengo un montón. No tiro ninguna. tengo que armar el mueble, que obviamente nunca lo armé, pero en algún momento lo haré.

—¿Cómo cambió los hábitos el hecho de poder jugar en el teléfono?

—Sí y no. Yo soy de la vieja escuela de los formatos físicos. Me gusta un VHS, con el casete grandote meterlo en la máquina, si no me lee el cartucho de la Sega, soplarlo, y toda esa cuestión que es mística, mágica, como ponerle dentífrico a un juego de Play Station 1 para que ande. Esas cosas se están perdiendo, le quitan un ingrediente extra que tenían los video juegos. De todos modos creo que los video juegos en sí mismos no son ni buenos ni malos, sino que depende de cada video juego. Depende de cada juego y de la experiencia personal.

—¿Qué aportan los video juegos, además del entretenimiento?

—Tienen un potencial increíble para mejorar el estilo de vida de las personas, para mejorar la salud, por ejemplo. Hay un juego que te enseña a dejar de fumar de a poco. Por ejemplo en Metal Gear sos un personaje que fuma. Tenés el objeto para fumar y casi no tiene utilidad en el juego. Pero si fumás te vas quedando sin vida. Tenés la opción todo el tiempo de fumar, pero vas a pagar las consecuencias. Es un pequeño mensaje en ese juego. Pero hoy con las nuevas tecnologías, con la posibilidad de trabajar con la realidad aumentada, tenés mucha más inmersión.


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