Escenario

“Compuse a un ángel vengador”, confiesa Julio Chávez

El actor revela detalles de su personaje de asesino serial en la miniserie “Signos”, que se estrena el miércoles por canal 3. 

Domingo 30 de Agosto de 2015

Luego de una trayectoria única en el teatro culto, no comercial y en cine, Julio Chávez sigue escalando en la televisión abierta. De la mano de Pol-ka y El Trece, Chávez arrancó en 2009 con “Tratame bien”, luego “El puntero”, “Farsantes” en 2013 -todos éxitos por calidad y cantidad de audiencia- y ahora llega con “Signos”, una miniserie de 16 capítulos que debuta el miércoles, a las 23, por la pantalla de Canal 3. Tal vez el actor en actividad que más premios relevantes acumuló en su vida, ahora será Antonio, un buen hombre que en determinados momentos traspone el umbral de la locura, y mata.

   En una larga entrevista exclusiva con La Capital, en Buenos Aires, Chávez acepta que le tomó afecto al trabajo en televisión, pero que “sería soberbio pensar que el afecto puede producir trabajo”.

   La serie, una impecable realización (asociados El Trece, Pol-ka y Turner, que también se emitirá por canal TNT, al día posterior de cada capítulo, en el horario de las 22) va por el lado policial, del suspenso, donde no faltarán los crímenes ni la sangre explícita.

   Con amabilidad y precisión, Julio piensa antes de contestar: “No es la temática que más me seduce. Pero a la vez no hay ningún motivo para decir «quisiera alejarme de éste trabajo». Me siento muy cómodo con un equipo excepcional, lleno de talento, del que aprendí muchas cosas”.

   Para el también artista plástico de 59 años, “Signos” viene a contar un cuento, sólo eso. Con todos los recursos y tecnología que implica la televisión actual. Pero su aporte será mantener la continuidad del vínculo con los espectadores”, dijo Chávez, en alusión a la ficción que contará con un elenco integrado por Claudia Fontán, Alberto Ajaka, Roberto Carnaghi, Leonor Manso, Luciano Cáceres y Luis Luque, entre otros, y dirección de Daniel Barone.

   —¿Cómo es tu personaje?

   —Cuando se construye un personaje hay elementos que aparecen en la composición y otras cosas que son inevitables. Mi personaje es un médico de pueblo, un hombre de mi edad, formal, cariñoso, correcto. No me interesaba componer a un asesino que esté feliz por matar. Se trata de un ser humano que, hasta el instante antes de matar, se podría decir que tiene razón. Y luego la locura. La pregunta es ¿cuándo un hombre se transforma en un monstruo asesino, en qué momento? No lo sabemos.

   —¿Domina una atmósfera trágica?

   —Será un programa de divertimento y también una tragedia. Se trata de un hombre que cree que sabe, y sin embargo en su propio hacer pone su identidad en juego. Cree que hará justicia y lo que hace es desplegar algo de su historia que cree conocer, y sin embargo conoce poco. Eso me parece conmovedor, porque la vida real está plagada de casos de ese tipo. Mi trabajo en “Signos” invita a pensar que nadie está librado de cometer un acto de locura en nombre de la justicia.

   Chávez explica de su personaje, Antonio, que se va acercando a una verdad que desconoce. Y que a diferencia de la novela “Crimen y castigo”, aquí no hay una verdad que se quiere ocultar. “Acá hay una verdad que se va develando”. Al cabo, si se trata de buscar analogías, para Chávez, “Signos” está cercano a la figura del “ángel vengador, alguien que presume que puede eliminar de la Tierra aquello que cree le hace mal a la Tierra”.

   —”Signos” es una historia policial con base en la astrología ¿Cómo está relacionado?

   —En “Signos”, la astrología forma parte de la estructura, aunque no es un programa sobre astrología. El tema está correctamente abordado, nadie podrá decir que no es así; sí podrán imputarle a “Signos” que hace un abordaje parcial de la cuestión astrológica y es natural en televisión. La televisión es siempre un recorte.

   —¿Qué se puede decir de las audiencias ya acostumbradas al crimen real, al receptar una ficción donde también domina el crimen?

   —No creo que hagamos una especulación para aprovechar el hecho del tratamiento policial de temas reales. Ahora, si de pronto aparece en la vida real un tipo que mata y empieza poner en las paredes de los barrios de Buenos Aires “jodete ariano”, “te moriste pisciano”? bueno, podría pasar que nos caguen el programa (risas). En ese caso le pediría a las autoridades que urgentemente capturen a ese asesino (risas).

   —Teatro, cine y televisión en el horario central. ¿Cómo fluyen los distintos espacios artísticos?

   —Me siento agraciado de arribar a los 59 años a un oficio que me ha costado adquirir. Nunca fue un oficio para un espacio determinado. Que mis principios y mi ideología de trabajo hayan podido prestar servicio a éste proyecto para mí es un enorme triunfo. Uno hace apuestas en la vida.

   —¿Crées que un proyecto como “Signos” pone en juego la cuestión del volumen de audiencia?

   —Si la gente apuesta, será doblemente grato. Pero lo principal es hacer bien mi trabajo, como suelo decir, hacer buenas milanesas. Si luego tengo muchos comensales, mucho mejor. Pero el principio que no se negocia, es hacer buenas milanesas. Si “Signos” mide 17 puntos, será espectacular, pero si mide 7 puntos, yo sabré que mis milanesas fueron bien hechas de todos modos. Y estaré contento igual.

   —¿La intervención de una multinacional (Turner) condiciona al proceso creativo?

   —Es una producción entre El Trece, Pol-ka y Turner, donde se trabaja sin condicionamientos. Sin embargo, en cualquier producción, es difícil asegurar que el director tenga todo el poder de decisión. Las producciones inciden sobre la realización del producto. Por eso, lo razonable es comprender que el director de éste y de otros proyectos, tienen a su cargo la parte creativa sin dejar de estar atravesados por la industria y sus intereses.

   —Ya tenés manejado el tema de las obligaciones del “prime time”.

   —Cuando hice “Farsantes” hubo gente que me dijo “te parece, Julio, perder todo lo que hiciste”. Pero yo nunca lo comprendí de esa manera. Hago un esfuerzo como cualquiera para no cometer un exceso de soberbia. Y retener lo que uno tiene, para siempre, es soberbia. Hay que aprender a soltar y aventurarte a las contingencias del tiempo. Con ese mismo personaje (un abogado homosexual) una señora se me acercó y me dijo “no estoy de acuerdo con el tema de la novela, pero no puedo no reconocer la ternura del personaje”. Ahí sentí que en esa comprensión habíamos conseguido algo más valioso que el mero gusto por una historia.

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