Escenario

Coki Debernardi: "No deberíamos perder la inocencia"

El músico editó su nuevo disco, “ChicoDinamitaAmor”, que presentará el próximo viernes en el Parque de España. “Me reprocho casi todo y no me arrepiento de nada”, aseguró.

Domingo 03 de Mayo de 2015

Coki Debernardi llega a la entrevista hablando de discos, su gran pasión. Dice que encontró un vinilo de los Replacements tirado en una feria, que rescató un disco de Wilson Pickett perdido en Bolivia... Va a ser difícil pararlo para hablar al fin de su propia criatura, el flamante “ChicoDinamitaAmor”, su primer disco de canciones nuevas en diez años. En esta última década el ex líder de Punto G tocó mucho en vivo y editó un DVD y un EP de covers, pero el demorado “nuevo disco oficial” se hizo rogar. En el medio, a través de los años, también se estaba cocinando una metamorfosis que ahora se puede escuchar: “ChicoDinamitaAmor” es un disco más pop que sus antecesores, con texturas de teclados y canciones que pueden explotar en estribillos épicos. Coki deja el traje del rocker que va al frente con la guitarra para concentrarse más en la expresividad de la voz, y así canta temas que pueden ir de las melodías pegadizas con letras tiernas hasta canciones con una oscuridad que golpea.

En esta aventura Coki estuvo acompañado, como siempre, por su banda, los Killer Burritos, que actualmente está integrada por Franco Mascotti (guitarra), Marcos Prieto (teclados), Miguel Villalba (bajo) y Tito Barrera (batería). Con ellos presentará el nuevo álbum el próximo viernes en el teatro del Parque de España. El disco saldrá esta semana en CD a través del sello independiente Killer Music, y también hay planes para editarlo en vinilo.

En charla con Escenario, Coki habló de la pérdida de la inocencia y la venganza de los que no reciben amor como temas centrales de su nuevo trabajo. También explicó por qué quiso cambiar de sonido y dejó bien claro que, a los 49 años, sigue siendo el músico intenso y curioso que surgió allá por los 80.

—¿Por qué se demoró tanto “ChicoDinamitaAmor”? El título del disco empezó a dar vueltas en 2008...

—El disco empezó con un tema que me habían encargado para una obra. El proceso de este disco fue como pescar el gran pez: yo sabía que existían esas canciones y que en algún momento las iba a poder hacer, pero me llevó mucho tiempo darme cuenta dónde quería ubicarlas. Yo siempre lo relaciono con la película de Wes Anderson “La vida acuática”. Nosotros también somos un grupo de gente subida a un barco bastante delirante y sin rumbo, en busca de algo que no sabemos si existe. Teníamos el título, teníamos la máscara (la del arte del disco), pero no nos aparecía un todo. En medio de esa búsqueda —la búsqueda del tiburón— hubo deserciones, caídas, hijos... como en la película (risas). De todas maneras, nadie quería abandonar la idea del disco. Algunas canciones son del 2008, 2009, y otras son más recientes, del año pasado. En la banda estamos todos muy conformes con el disco, nosotros no nos dimos cuenta de que pasó tanto tiempo. Además en el medio estuvimos como tres años tocando con Fito (Páez), sacamos un disco de covers que colgué en Internet y editamos un DVD en vivo.

—En la portada del CD aparece el nombre de la banda, Killer Burritos, pero no figura tu nombre. ¿Por qué?

—Porque en realidad es el disco de una banda. En un momento yo pensé en hacerlo como solista, para no involucrar a nadie, pero yo no me siento bien tocando solo. Los temas los compuse yo, pero están armados por todos en la sala. Los músicos que tocan en los Killer Burritos están soportando una idea, así se esté hundiendo el barco van a ir tapando los agujeros para que las cosas se puedan llevar a cabo.

—¿Hay algún concepto que atraviese al álbum?

—Sí, el disco tiene algunas letras que hablan de la venganza, y empieza y termina con un personaje que se llama “chico”. Yo creo que el mundo debería estar habitado solamente por niños, salvajemente (risas). A veces pienso en lo terrible que es malformar a un niño, porque después va a crecer y eso va a ser imposible de parar. Y por eso pensaba en “chico” y su idea de la venganza, como diciendo “ojo, no jodan con los más chicos”. Aclaro que no estoy hablando de los más chicos como defensa al menor, lo estoy diciendo por esa pérdida de la inocencia. No deberíamos perder la inocencia.

—¿Eso lo viste con más claridad después de haber sido padre?

—Sí, puede ser que lo haya visto a través de mi hija. Pero también a través de la felicidad que uno le puede provocar a alguien cuando es niño. Por ahí no lo entendés si no sos padre, pero es increíble la tremenda felicidad que le podés dar a un niño con dos o tres cosas chiquitas y con un poco de amor y de atención. Y no sólo con tus propios hijos, sino con cualquier chico. Eso hace la diferencia, es lo que va a hacer que después cualquiera no te pegue un tiro en la calle porque sí. Ahí está el gen de todo, el de la maldad o el de la bondad. Ese “chico dinamita” es un explosivo, pero de amor. Cuando te explota el amor en las manos es mucho más fuerte que una granada. El amor es una de las últimas fuerzas brutas que existe en el planeta.

—Este disco suena más pop, con más teclados. ¿Buscabas ese sonido?

—Sí, yo no quería hacer un disco de rock como venía haciendo antes. Quería un sonido con más maderas, más lugares donde poder descansar. Busqué alejarme del disco anterior (“Perdida”, del 2005), que tenía dos guitarras y ni un solo teclado, quería meterme en un terreno con más pulso, más swing, que esté más volcado a la idea del pop. Tampoco me guié mucho por las influencias. La música que yo escucho no está directamente relacionada con este disco. A mí me gusta que las cosas pasen naturalmente, y si está bueno, si le aporta a la canción, que no me dé vergüenza, ni prejuicio ni nada.

—¿Te cansaste un poco de las guitarras?

—Mirá, ahora casi no estoy tocando la guitarra. En la presentación del disco otro chico va a tocar la guitarra por mí. Pero no es que me haya cansado. El año pasado y el anteaño hice muchos shows en vivo sólo con piano, y aprendí a cantar y a darle más bola a la interpretación de las canciones. Ahora me siento muy cómodo interpretando con la voz, le encontré lo mismo que le había encontrado a la guitarra pero a la voz, antes no le daba tanta importancia. Le encontré esa garra y esa expresividad que quizás antes yo no tenía. Como soy bastante limitado tocando la guitarra y cantando, preferí ceder lo de la guitarra en pos de cantar un poco mejor y que se entienda bien lo que estoy cantando.

—¿Te habían reprochado que no se entendían bien las letras?

—Yo me lo reprochaba (risas). Pero yo me reprocho casi todo y no me arrepiento de nada (risas). Muchas veces por gritar se escucha un silencio. Muchas veces escucho a cantantes que gritan y en realidad lo único que hacen es poner una compuerta para que no los escuche más. Y eso es todo lo contrario a lo que yo quiero lograr.

—Tu nuevo disco se editó en CD y después va a estar disponible en Bandcamp. ¿Estás de acuerdo con que los discos se puedan bajar gratis de la red?

—Hasta que no salga la comida gratis yo no voy a estar de acuerdo con la música gratis (risas). Me parece mucho más importante la comida gratis, ¿no? El disco físico tiene que tener un valor, pero también es cierto que estamos viviendo en una época mucho más virtual que física. Todas las opciones son buenas. Yo creo que el que no va a comprar un disco se lo pierde él, no me lo pierdo yo. Yo me lo voy a perder cuando directamente dejen de editar discos. Para mí ir a comprar discos es tan importante como escuchar música. Pero no me quiero meter a defender lo físico versus lo virtual. Buscar música en la red también es todo un universo. Son distintas formas de escuchar. A mí me gusta tener las cosas en la mano, mirarlas, leerlas, y si es en vinilo mejor, porque ahí vienen en un tamaño que yo puedo ver. Por eso editamos este disco en un formato que es como un simple de vinilo, donde la tapa es un poco más importante. Yo estoy convencido de que no se le presta tanta atención a la música cuando la tenés muy servida. Pero también soy consciente de que vengo de la prehistoria, sé que vengo con un garrote en la mano mientras hay un flaco de 15 años con un sable láser que ya me hizo track y me partió el garrote por la mitad. Igual está bien que yo ande con el garrote, si estuviera con el sable láser sería un estúpido, porque tengo 50 años.

—¿Podés vivir de la música?

—Hago muchos esfuerzos para poder vivir de la música, pero sí. Yo estoy tocando permanentemente, mi vida en la música pasa por el vivo. Yo no tengo casa propia, no tengo auto, ni moto ni bicicleta, pero tengo muchísimos discos y guitarras. El 90 por ciento de la gente que trabaja en la música no vive maravillosamente bien. Pero yo he podido viajar por el mundo gracias a la música y estoy súper agradecido. También he trabajado en la radio, ahora justamente voy a empezar a musicalizar en una radio nueva. No sé hacer cosas que no estén relacionadas con la música.

—¿Qué lugar ocupa la música en tu vida hoy? ¿Fue cambiando de rol desde los tiempos de Punto G hasta ahora?

—Yo escucho mucho más música ahora que cuando era adolescente. Y por suerte puedo ir a ver muchos más shows ahora que cuando era chico, que no había tantos. También consumo mucha información de música, aunque me sorprendo menos que cuando era pendejo, y vi pasar como tres generaciones de músicos en todos lados. A través de los años fui conociendo todos los lugares de la música, desde la gente del negocio hasta los músicos. A mí me sigue gustando la música exactamente igual que antes, todavía no ha logrado desgastarme. Voy al ensayo y me subo al escenario con la misma alegría de muchos años atrás. Cuando te dejaste atravesar por esa idea de tocar y hacer canciones es muy difícil dejarlo. A mí se me hace imposible vivir sin música. Cuando tengo un pequeño tiempo muerto me voy a la disquería a hablar de música. Yo sé que estoy enfermo (risas), lo sé, pero me voy a la disquería a hablar de heavy metal, de música clásica, del tema que se esté tocando en la disquería, no me importa. Es más, a veces me gusta más hablar de música que tocar. Podría hablar horas enteras sin parar sobre una trivialidad, sobre un tambor de un disco que me parece que está mal puesto o sobre una letra que me parece increíble...

—¿Alguna vez pensaste en dedicarte a la crítica?

—No. Intenté algunas veces escribir en el formato de crítica, pero no tengo pluma para eso. El problema es que no sé resumir. Al ser tan voraz mi relación con la música no lo puedo condensar en pocas líneas. Sí leo mucha crítica y biografías. En este momento estoy leyendo una biografía de Leonard Cohen y otra de John Belushi. También soy un enfermo de ver cuál es el último concierto de Dylan que está subido a YouTube, porque él los baja, no quiere que estén, entonces trato de pescarlos antes de que los saquen (risas).

—Hay gente que sostiene que el rock está en decadencia, que ya no surgen bandas que te cambien la vida. ¿Vos estás de acuerdo con esa visión?

—No. A mí me gusta muchísimo The War On Drugs, y también James Blake. No hay escenas como antes porque no hay gente que ponga 50 millones de dólares para que salga una banda nueva y que sea monumental. Pero discos hermosos salen todos los días. Y hay cosas que están bien, como Kasabian y Lady Gaga. Hay megaestrellas, sí, pero son de otra rama. Las cosas han cambiado. ¿Por qué tendrían que surgir ahora grupos como Led Zeppelin o Queen? Ya no están ni las mismas drogas, ni las mismas guerras, ni el mismo contexto sociopolítico. Un grupo como The Clash sólo pudo haber existido en su época.

—¿Vas a ver bandas del under? ¿Qué te parece el panorama local?

—Hay bandas muy buenas. A mí me gustó mucho el último disco de Alucinaria. Juani también me parece increíble y su hermano Oscar (Favre) sacó un disco maravilloso el año pasado. Los Ponzonia son buenísimos en vivo. Yo no sé si las bandas tienen necesidad de trascender, no sé si los músicos está esperando pegarla. Hay flacos que hacen discos, los cuelgan en la red y ya. No quieren ser Michael Jackson. ¿Por qué pensar que todo el mundo quiere ser Michael Jackson? Algunos te dicen: “Las bandas están ahí abajo, no salen”. Y sí, nunca van a ser masivos. No existe la masividad en determinadas músicas. Es muy poco coherente pedir masividad en lugares donde la música pasa por otro lado.

—Cuando te dicen que sos la única estrella de rock que vive en la ciudad, ¿cómo te lo tomás?

—Me parece bien (risas). Si yo me tomara eso en serio me tendría que tomar la vida en serio. Me parece divertido que me lo digan, pero yo no ando por la vida diciendo “soy la única estrella de rock de la ciudad”. No entro en un bar en pedo y a los gritos. No hay ninguna persona más tímida que yo.

 

 

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS